| Cuentos Completos de Rubén Dario Páginas Verdes | ||
-¿Es un cuento? preguntó la señora de Pérez
Sedano. -Una historia contestó el viejo M. Poirier. Una
historia que parece inverosímil. ¿Cómo es posible que una mujer, por muchos años de
ausencia que hayan pasado, pueda confundir a su marido con otro hombre? -Pérez Sedano, recién casado, feliz, sano y jovial,
miró a su mujer. - Imposible! exclamó ésta poniendo a su vez en él
una mirada significativa. -Yo no conozco el caso dijo una señorita de la
tertulia. -Pues lo voy a referir una vez más agregó Mr.
Poirier-, tal como lo leí cuando era estudiante de derecho, en el trabajo de Jean de
Coras, titulado De L´arrét mémorable du parlament de Toulouse, contenant une
histoire prodigieuse. Os aseguro que es interesante como una novela. Allá por el año de 1539, se casaron, muy
jóvenes y bien enamorados, los llamados Martín Guerre y Bertrande de Rols, en Artigat,
diócesi de Rieux, en Gascogne. Vivieron diez años dichosos fijaos bien, ¡diez
había tomado. A lo ocho años se presentó en el lugar un hombre completamente igual a
él, él mismo tamaño, las mismas facciones, las mismas señas particulares:
una cicatriz en la frente, un defecto dental, una mancha en la oreja izquierda, etc. Gran
alegría para la mujer abandonada, que le acoge en sus brazos y en su tálamo, y todo fue
a maravilla. Pero pasados tres años se supo que este marido de pega se llamaba Arnoult du
thil, alias Pansette, que había saido embaucar a toda la gente y principalmente a la
esposa de Martín Guerre. El cual se presentó a reclamar sus derechos, y de ahí el
proceso. De veinticinco a treinta testigos, nueve o diez aseguran que el impostor es
Martín Guerre, siete u ocho que es Du Thil, y el resto, vacila. Dos testigos afirman que
un soldado de Rochefort, no hace mucho tiempo, al pasar por Artigat, asombrado de ver a Du
Thil pasar por Martín Guerre, dijo bien alto que era un engañador, pues Martín Guerre,
estaba en Flandes, con una pierna de palo, por haber sido mutilado por una bala delante de
St. Quentin en la jornada de St. Laurens. Pero casi todos declaran que el acusado, cuando
llegó a Artigat, saludaba por su nombre a todos los que encontraba, sin haberlos visto ni
conocido nunca. Y a los que decían no conocerle, les recordaba: ¿No te acuerdas
cuando estábamos en tal lugar, hace diez, quince o veinte años, que hacíamos tal cosa,
en presencia de Fulano, o hablamos tal otra? Y aun, la primera noche, dijo a su
pretendida mujer: Vete a buscar mas calzas blancas, forradas de seda blanca, que
dejé en tal cofre cuando partí. Allí estaban las calzas. la corte estaba en perplejidad grande, pero el bueno
y poderoso Dios, mostrando que quiere siempre asistir a la justicia y para que un tan
prodigioso hecho no quedase oculto y sin castigo, hizo que como por un milagro apareciese
el verdadero Martín Guerre, el cual, llegado consignado por el soldado, presentó queja
de la impostura. Los comisarios le pidieron en secreto alguna cosa más oculta de aquellas
que ni uno ni otro había sido interrogado. Una vez que hubo declarado, se hizo venir al
prisionero a quien se le hace el mismo interrogatorio. Respondió del mismo modo que el
otro, lo que asombró a la compañía e hizo creer que Du Thil sabía algo de magia.
Había, en verdad, gran razón de pensar dice, en sus curiosas anotaciones
sobre este proceso, Jean de Coras, hombre desde luego profundamente instruído- había
gran razón de pensar que este prevenido tuviese algún espíritu familiar. No hay que
dudar de que entre las prodigiosas y abominables tiranías que Satán, desde la creación
del mundo, ha cruelmente ejercido contra los hombres para enlazarlos y atraerlos a su
reino, no haya tenido un gran almacén de magia, abierto tienda a tal mercadería, y dado
de ella a infinitos hombres tan largamente que se hay hecho reverenciar de muchos con
grande maravilla, persuadiéndoles de que todo es factible por medio de la virtud
mágica. Los comisarios hicieron venir a Bertrande, la cual,
de pronto, después de haber puesto los ojos en el recién llegado, desolada y trémula
como la hoja agitada por el viento, con el rostro bañado en lágrimas, corrió a
abrazarle, pidiéndole perdón de la falta que, por imprudencia y llevada de seducciones,
imposturas y cautelas de Du Thil había cometido y acusó a las hermanas de Martín, sobre
todo, que habían demasiado fácilmente creído y asegurado que el prisionero era su
hermano. El recién venido, habiendo llorado al encontrarse
con sus hermanos, a pesar de los llantos y gemidos extremos de Bertrande, no mostró un
solo signo de dolor o tristeza, y, al contrario, una austera y huraña continencia. Y sin
dignarse mirarla, dijole: Dejad aparte esos lloros de los cuales ni puedo ni debo
conmoverme, y no os excuséis con mis hermanas, pues ni padre, ni madre, hermanos y
hermanas no deben conocer a su hijo, o hermano, como la esposa debe conocer al marido, y
nadie tiene más culpa que vos. Sobre lo cual los comisarios intentarion acusar a
Bertrande; pero, en este primer encuentro, no pudieron nunca ablandar el corazón de
Martín, ni quitarle su austeridad. El impostor Du Thil, una vez descubierto, sufrió la
siguiente sentencia: La corte... ha condenado a Du Thil a hacer confesión honorable
ante la iglesia de Artigat; y allí, de rodillas y en camisa, cabeza y pies desnudos, con
la cuerda al cuello y teniendo en sus manos una antorcha de cera ardiente, pedir pedón a
Dios, al rey y a la justicia, a los dichos Martín Guerre y Bertrande. Y esto hecho, será
Du Thil entregado en manos del ejecutor de la alta justicia, que le hará hacer las
vueltas por las calles y lugares acostrumbrados del dicho lugar de Artigat; y, la cuerda,
al cuello, lo llevará ante la casa de Martín Guerre, para allí, en una horca, ser
colgado y estrangulado, y después quemado su cuerpo... Pronunciado el 12º. Día de
septiembre de 1560. El condenado, llevando de la conserjería al lugar
de Artigat, fue oído por el juez de Rieux, delante el cual confesó largamente su culpa.
Sin embargo, declaró que lo que le había dado la primera ocasión al proyectar su empresa, había sido que siete u ocho
años antes, a su vuelta del campo de Picardía, algunos lo tomaban por Martín Guerre,
del cual habían sido íntimos amigos y familiares, y considerando que así podrían
equivocarse muchos otros, se le ocurrió inquirir e informarse, lo más cautamente que
pudiera, de la profesión de Martín, de su mujer, de sus parientes, de lo que él solía
decir y hacer antes de irse; negando siempre, sin embargo, ser nigromante, ni haber usado
encantos, encantamientos o alguna especie de magia. Por lo demás, confesó haber sido
fort mauvais garnement de todas maneras. Estando para subir a la horca, pidió perdón a
Martín y a Bertrande, con grandes muestras de arrepentimiento y detestación de su hecho,
pidiendo a gritos a Dios misericordia por su hijo Jesucristo. Y fue ejecutado, colgado su
cuerpo y después quemado. ¡Interesantísimo! exclamaron todos. - Y pensar dijo con cierto retintin la ácida Mme.
Poirier- que tal vez habría congeniado mejor con el otro! - Por lo que toca a mi mujercita concluyó Pérez
Sedano- creo que, por mucho que hiciera el impostor, jamás me confundiría con otro... Y la señora de Pérez Sedano aprobó riendo lo que decía
su marido; pero se puso toda ruborosa como una rosa... Fin. .Tomado del Libro Rubén Darío, Cuentos Completos, tercera edición de la Editorial Nueva Nicaragua. Regresar
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