| Edgard Montes |
Managua,
21 de noviembre de 1999 Estimada
Ximena: Por
este medio le estoy enviando el artículo del que en su oportunidad
conversamos, espero que sea de su agrado y poder continuar escribiendo
este tipo de historias que pueden dejar algún mensaje de esperanza o
bien, alentando a nuestras sociedades a ser cada día más humanas, sin
importar su condición, credo o raza. Deseo
aprovechar esta oportunidad para comentarle la emoción que despertó en mí
la celebración del VI aniversario de Páginas
Verdes, especialmente sus palabras en el cierre del acto; de
igual manera, la demostración de respeto y cariño de toda la gente que
usted y su familia han sabido cosechar a lo largo de su carrera
periodística. Le deseo muchos éxitos y que mantenga siempre vivo
ese espíritu de amor hacia
su gente y su país. Sin
otro particular , me es grato presentarle las muestras sinceras de mi
admiración y estima. Edgar
Adolfo Montes Primer
Secretario y Cónsul Embajada
de Guatemala Señora Ximena
Ramírez González Gerente
General Páginas
Verdes Presente Jacqueline -Que
día este- decía yo mientras salía de una reunión de trabajo con los
ejecutivos de mi empresa, ya que la junta se había excedido
hasta altas horas de la noche; la tensión, el cansancio y deseo de
terminar el día pesaban en
el ambiente, por lo que decidí dirigirme a casa a tomar el mes reparador
de los descansos. A mi retorno, mientras conducía mi vehículo, insistía una
y otra vez en sintonizar una emisora con música relajante o por lo menos
que distrajera mi "querida rutina" pero no lo lograba. La lluvia
anunciaba sobre los cristales de mi vehículo que haría su presencia de
un momento a otro; mientras eso sucedía, lo único que pensaba era
encontrarme con todos los semáforos con una hermosa luz verde, y que el
tránsito fuera generoso conmigo para no detenerme y llegar rápido a
casa. Tal
como lo esperé, llegó la lluvia, haciendo gala de su fuerza, la
carretera se mostraba brillosa y la visibilidad era cada vez menor, por lo
que tuve que tomar mis
precauciones y reducir la velocidad. Al llegar a una curva que
generalmente era poco iluminada, logré ver a un hombre
que bajo la lluvia trataba de empujar un automóvil con mucha
dificultad; mientras pasaba a su lado, yo pensé que la mala suerte estaba
con el pobre hombre del vehículo descompuesto en ese lugar tan inseguro y
por si fuera poco, bajo el gran aguacero que entonces caía. Casi sin
darme cuenta, mientras continuaba pensando en la persona que empujaba,
resulta estacionado unos 25 metros adelante, bajé de mi vehículo y sin
chistar palabra, me uní a la tarea de empujar junto a él; -Gracias,
gracias- decaí mientras lográbamos tomar mayor velocidad, desde luego
que otra persona que no pude reconocer estaba a cargo de guiar desde su
interior el mismo. Después de recorrer cierta distancia, logramos poner
en marcha el motor y en ese momento nos pudimos ver al rostro y solo
recuerdo que la sonrisa invadió nuestros mojados semblantes. -Gracias-
volvía a repetir el hombre, se apresuró a meterse a su automóvil
y yo al mío, pero segundos antes de que inmediatamente le respondí
y se lo dije, él me contestó- Julio, me llamo Julio Bran, mucho gusto y
nuevamente muchas gracias- Cuando me subí a mi vehículo para continuar
mi marcha me di cuenta que mis zapatos pesaban de tanto lodo y agua, mi
camisa estaba completamente pegada a mi cuerpo, corría agua desde mi
cabeza y a pesar de estar jadeando del esfuerzo, sent. internamente que mi
cansancio había disminuido como si hubiera tomado un delicioso sauna y
entonces escuché la mejor de las melodías que nunca había podido
sintonizar en la radio. Pasaron
los años y casi creí haber olvidado la secuencia y los detalles de esa
noche; en 1996 una de mis actividades fue diseñar
e implementar un laboratorio de computación en una de las
Universidades de mi país y casi seguidamente fui contratado por la misma
Universidad para impartir cursos de CAD (Diseño Asistido por Computadora)
en la Facultad de Arquitectura. Una mañana mientras yo me encontraba en
un receso en la cafetería de la Facultad, se acercó Jacqueline, una de
mis mejores alumnas que dicho sea de paso llevaba las mejores notas de su
promoción; Jacqueline, se hacía acompañar de una persona mayor que ella
y que no me parecía haberle visto antes y me dijo; -Profe, mi mamá
quiere conocerle- yo de inmediato me puse de pié y estreché la mano de
la señora mientras decía -Claro, es un placer conocerle- Jacqueline, le
decía a su madre- él es mi profe de CAD, él es de quien te he hablado-
la madre con tono muy emotivo me dijo -Jacqueline me ha hablado mucho de
usted y quería conocerle por dos razones, una de ellas es para
agradecerle y felicitarlo por la labor que está desarrollando con los
muchachos, creo que su entusiasmo los está motivando mucho y Jacqueline
me cuenta el interés y empeño que
le pone usted a su cátedra; lo felicito. Las palabras de la madre de
Jacqueline fueron como una agradable melodía y por supuesto logró tocar
mi ego. Solo recuerdo haberle dicho -los muchachos hace la clase, ellos le
han sabido poner los ingredientes necesarios para hacerla agradable y
productiva, de todas maneras, agradezco sus comentarios. Mientras
yo continuaba hablando de mis alumnos, podía sentir que la madre de
Jacqueline me miraba fijamente a los ojos, como tratando de descubrir algo
que yo en ese momento ignoraba, Jacqueline, risueña y misteriosa le dijo
a su madre -ya dile, pregúntale; porque me muero de la curiosidad
-entonces dije -que sucede?- Aún seguía confundido, por lo que me
contestó con una pregunta -Ingeniero, para mi es muy importante que usted
me diga, si le trae algún recuerdo haber auxiliado a un hombre que en la
noche y bajo la lluvia empujaba un vehículo rojo que...- Mientras la
madre de Jacqueline continuaba dándome los pormenores de esa noche, el
escenario era para mi cada ves más claro y logré recordar uno a uno los
detalles más pequeños que la acompañaron y que el tiempo casi había
borrado de mi. -si, si recuerdo- contesté con asombro -Pero eso sucedió
hace 18? 20 años? Cómo sabe usted eso?- le respondí e inmediatamente
Jacqueline soltó una sonrisa
poco discreta y me colocó su mano sobre antebrazo mientras su madre con
los ojos humedecidos de la emoción me dijo- la otra razón de querer
conocerlo era para saber si usted era esa persona que ayudó a mi esposo
esa noche; si, mi esposo era a quién usted ayudó. Íbamos al Sanatorio
porque Jacqueline nacería esa misma noche, yo era quién estaba dentro
del automóvil mientras ustedes empujaban; escasamente pudimos llegar a
tiempo porque el nacimiento de esta niña se complicó bastante y gracias
a que usted fue el único que detuvo su marcha para ayudarnos, logramos
que todo saliera bien.- yo quedé congelado en mi silla y no salía de mi
asombro; Jacqueline apretaba mi antebrazo evidentemente emocionada por lo
que había sucedido mientras su madre continuaba diciendo -Mi esposo
hubiera querido vivir lo suficiente para estar aquí y compoartir este
momento tan especial. Hoy
Jacqueline culminó sus estudios con honores y se le presenta une extenso
camino para experimentar y descubrir todas las cosas bellas que la vida le
tendrá preparado. Los
milagros son más sorprendentes y bellos Cuando
surgen de una pequeña y buena hacino Las
buenas acciones no se consultan Simplemente
son respuestas sin pregunta de nuestras conciencias. Edgar
A. Montes
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