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Jaime Pérez Alonso Páginas Verdes |
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MENTIRA Y SOCIEDAD Si pudiéramos leernos la mente los unos a los otros,
es decir, si la telepatía lograra desarrollarse masivamente entre los
hombres, la sociedad se derrumbaría ya que ésta última está fundamentada
en la hipocrecía y la mentira. Imaginémonos tan sólo la infidelidad
conyugal puesta al desnudo. O las promesas de los políticos.
Sencillamente, la comunicación humana sería imposible. De ahí que,
desafortunadamente, la mentira sea necesaria como elemento
imprescindible de cohesión social. Afirma el ocutismo que, en la remota
antigüedad, el pensamiento del ser humano era tan diáfano y las
relaciones entre los sexos tan bien integradas, sin malicia ni doblez,
que la palabra no era necesaria para la comunicación entre ellos. Más
adelante, como precio inevitable del “pogreso”, la humanidad hubo de
reunciar a aquel hermoso privilegio espiritual ya que la verdad y la
cultura probaron ser incompatibles. Desde entonces prevalece la mentira
(madre de la política) y, aunque parezca un contrasentido, de la misma
fraternidad humana. Afirma el hombre moderno con sus actos: “Enseñame
todos los principios que tengas que enseñarme para así poderlos olvidar
de inmediato. ¿Es que, acaso, no sabías que la conciencia es el veneno
del espiritu, la obscuridad de nuestra alegria cotidian?” Feliz la
piedra que es apenas sensitiva, digo yo. Se que no es muy cristiano lo que voy a decir pero
creo que, ante todo, y en beneficio de nuestra salud mental, estamos en
la obligación de defender la aplicación de las reglas de las estética. Y
aunque Shakespeare afirmó alguna vez que “únicamente es feo aquel que
también es malo” eso no justifica para que no nos continúen perturbando
ciertos rasgos de imperfección los cuales, al superar los límites de lo
razonable, transgreden los más elementales.
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