Indiana Cardenal Caldera, miembro de una prominente
familia, con la cual nos han unido lazos de amistad con la mía, por más
varias generaciones. Indiana ha vivido en San José, Costa Rica, 16 años.
Hace un año su esposo fue nombrado Embajador de Costa Rica en España
donde radica actualmente. Vino a Nicaragua a la III Feria Internacional
del Libro, precisamente a presentar su primera obra “Poros de cincuenta,
corazón de quince”. ¿cómo llega nuestra amiga Indiana a la poesía, cómo
empieza a escribir?
Desde que soy pequeña en mi casa siempre ha habido una pasión por el
arte. Primero mi madre me leía a Rubén Darío desde que tengo 6 años de
edad. En mi casa siempre se hablaba de Pablo Antonio Cuadra y del Padre
Ernesto Cardenal que eran mis tíos a quienes admiraba enormemente, de mi
tío Salvador Cardenal que era músico y a mi padre le gustaba mucho la
música clásica, la fotografía y el arte, como a mi madre también le
gustaba el arte. Yo tenía un corazón sensible y creo que oír música
clásica, ver buenos cuadros, tener tíos que escriben como Asarías
Pallais, que es primo hermano de mi abuela, todo ello me dio la vena de
escritora, por Pallais o por Cardenal, eso no lo sé, pero me viene por
ahí. He admirado a mis tíos, muy queridos y apreciados para mí, a Pablo
Antonio Cuadra, por ser un gran filósofo, hombre cultísimo que escribe
sobre la cultura nicaragüense y al Padre Cardenal, por su ética, por su
moral y por la trascendencia de su poesía, ambos son los poetas
nicaragüense preferidos míos. Me han nutrido de su sabiduría. Yo no
escribo como escriben ellos ni tengo su estilo, pero si de ellos he
aprendido la trascendencia y me han dado sabiduría, su poesía está llena
de sabiduría. Eso para mí es muy importante.
¿Cuáles son las temáticas de su poesía Indiana, qué la invita a
escribir?
Me invitan a escribir mis vivencias. Mi primer poemario lo he dividido
por etapas que es como dividir mi propia vida en tres partes. Una parte
se llama “Crisálida” que empieza de los 13 a los 36 años, período que
califico de mi niñez, ya que llego a los 36 años, siendo una niña; soy
una verdadera virgen prudente, situación que reflejo en uno de los
poemas que escribí para los primeros días de la revolución que se llama
“Autorretrato” en el que vierto mis alegrías y frustraciones de ser una
ama de casa, muy sumisa, yo era una mujer que sufría mucho porque no
tenía identidad propia y me rebelaba ante esa vida que no me llenaba ni
satisfacía, no me gustaba a mí misma ni verme al espejo, desde luego
ahora si lo hago y puedo verme con serenidad, ya me veo más tranquila,
estoy en el momento de plena madurez, adultez y me siento realizada. Esa
fue la etapa de la maternidad, me dio enorme felicidad y fue lo más
valiosa de esos años. Tuve cuatro hijos, tres mujeres y un varoncito. Mi
hija mayor es Indiana Margarita, que es Sicóloga Clínica, el segundo,
Luis Alfonso, único varón, se murió al año y medio de nacido. Luego
nació Eliza que es Arquitecto, como su abuelo y su tío maternos, está
sacando un master en Restauración Arquitectónica en España y viene en
Diciembre a vivir a Nicaragua. La menor es Alejandra, que estudió
Sicología, con un Master en Educación e hizo una especialidad en la
Escuela Montesori, en Peruggia, Italia, se especializó en niños de 3 a 6
años, recientemente hizo un seminario con la nieta de María Montesori y
vendrá a vivir a Nicaragua; todos mis hijos son Robelo Cardenal. Estoy
muy orgullosa que mis tres hijas son profesionales, ese es mi mayor
triunfo. El ser madre me dio mucha felicidad, me mantuvo muy ocupada y
muy dedicada a darles amor y a su educación. Tengo tres muchachas
cuerdas, equilibradas, nobles, leales y honradas. Eso es muy importante
para mí.
La segunda etapa va de los 36 a los 48 años, se llama “Identidad”,
empieza cuando salí exiliada de Nicaragua y me fui a vivir a Costa Rica,
donde viví diez años, hasta que me casé por segunda vez. Esta etapa es
difícil, porque son diez años de soledad en donde yo cambio de país y
tengo crisis existenciales fuertes, debidas a la muerte de mi único
hijito varón, un divorcio y el exilio obligatorio, fueron grandes
motivos de depresión. En Costa Rica no tenía familia y yo provengo de
una familia grandísima y unidísima, éramos diez hermanos unidos como una
piña, una familia enorme y feliz, llena de primos, tíos, etc. Cuando mis
abuelos estaban vivos hacíamos la fiesta de Navidad en su casa y éramos
como 80 personas. Mi abuelo antes de morir ya tenía 100 descendientes.
Al irme a Costa rica, perdí todo ese maravilloso mundo familiar tan rico,
llegué sin familia ni amigos, a iniciar una nueva vida. El costarricense
es muy simpático, muy amable, introvertido y marcadamente discreto, es
distante, es buena persona, es menos espontáneo que los nicas. Por eso
mi crisis de identidad, nacida de mi soledad forzada. Yo nunca había
podido estar conmigo misma, no sabía estar sola, no sabía quien era.
Cuando estaba en Nicaragua en los primeros días de la revolución, tenía
la ilusión de ser enfermera, por cierto que con la ayuda del Dr.
Humberto López obtuve mi matrícula, antes de salir de Nicaragua yo
estaba en 5to. año en el Colegio de la Asunción sacando mi título de
bachillera nicaragüense, porque sólo tenía el diploma de High School,
bachillerato norteamericano, que no es válido en muchos países, porque
la educación es mucho menos fuerte que la que se estudiaba en Nicaragua
para el 79, nuestro bachillerato era muy sólido y muy bueno, se
estudiaban raíces griegas y latinas, sociología, filosofía, etc. Por eso
me empeñé en sacar mi título nica. Aspirar a ser médico me parecía
mucho, por mi condición de mujer y por mi edad, 15 años, así que opté
por enfermería. Una vez graduada de High School en los Estados Unidos,
regresé a Nicaragua, me casé, tuve mis cuatro hijos. Vino la guerra, la
revolución y me trasladé a Costa Rica. La crisis de identidad sufrida
allí me hizo escribir esos poemas e ir construyendo mi propia identidad,
la fui encontrando poco a poco y de manera definitivamente cuando me
casé, en segundas nupcias, hace ya casi 8 años.
La tercera etapa del libro se llama “Autenticidad”. Inicia con mis 48
años, con mi casamiento, luego de esa larga lucha de diez años por saber
quien soy. Cuando encuentro una pareja estable con la que disfruto
plenamente y comparto lo cotidiano. Personalmente no me gusta la soledad,
sólo una mujer que la asume, aprende a vivir sola, consigo misma,
dichosa ella, porque yo no lo he aprendido, no acepto ni disfruto la
soledad. Para mí es sumamente importante tener un compañero con quien
compartir la vida. No me gusta la promiscuidad. Me producía una gran
decepción no encontrar un amor para mí, pensaba que la vida era injusta
conmigo, porque siendo una persona buena, con sentimientos nobles, ¿porque
no iba a haber un hombre noble para mí? No encontrarlo me producía
angustia, sentimientos de culpa y soledad.
Voy a tener ocho años de casada. Me casé a los 48 años, ahora tengo 55
años. Mi esposo se llama Javier Solís. Autenticidad es ya mi parte
vivencial más completa, porque primero me siento acompañada y me siento
amada, después me siento apoyada por mi esposo, puedo escribir lo que
quiero, no hay barreras en lo que yo puedo escribir. El no se ofende por
nada. Apoya mi personalidad y lo que escribo . Yo soy alegre, soy
espontánea, me gusta contar cuentos, chistes, recitar poesías. Tengo
ocho cuentos grabados, todavía no los he escrito. Ocho cuentos
autobiográficos que se llaman luciérnagas, se llaman así porque me
siento parecidas a las Luciérnagas, ya que ellas primeros describen luz
y la luz es alegría, luego les gusta la noche como a mí y nunca está
quieta. Así es que soy igual que las luciérnagas, primero porque
desprende luz y la luz es alegría, recuerden que en los países donde no
hay luz como Suecia, Noruega e Inglaterra todos son deprimidos y los
países Caribeños la gente camina bailando, llevan la música en la
sangre. Quiere decir que si la luciérnaga desprende luz es por que es
alegre. Después porque le gusta la noche como a mi, porque solo de noche
puedo escribir. Luego, nunca está quieta porque yo me muevo para todos
lados. Los cuentos autobiográfico los tengo grabados en un caset, los
publicaré próximamente cuando pueda escribirlos, porque los voy a
escribir a como los conté. En la última parte de mis poemas tengo
autenticidad, pues son los poemas más recientes que he escrito que para
mí son los mejores, los más fuertes y los más importantes, porque uno de
ellos se llama “El Clamor de los Niños”, que es sobre el derecho de los
niños, el otro se llama “Reflexión sobre el aborto” que es un poema muy
importante. Hay otro poema que le escribo a mi padre. Otro poema de amor
que le escribo a mi esposo que se llama “Quédate conmigo”, que es el
poema más divino que he escrito de todos. Escribí uno que se llama “Bíblico”,
es sobre los hombres, es un prototipo de hombre que se casa con un
prototipo de mujer. Es un prototipo nada más, no es que los demás sean
así. Otro poema que se llama “Involución” que es sobre el planeta tierra,
qué está pasando con la capa de Ozono.
¿Cómo se encuentra con este amor otoñal y total en
esta nueva etapa de su vida?
Yo le había dicho a mi madre y a mis hijas, “si a los
50 años no me caso, me voy a la India a trabajar con María Teresa de
Calcula”, para darle sentido a esta vida, porque no se lo encontraba,
sino tenía un compañero. Ahora comprendo que estaba equivocada, porque
la vida si tiene un gran sentido con o sin compañero. Yo fui educada
para ser casada, para ser señora de mi casa, para ser mamá y es muy
difícil quebrar los esquemas, yo los quiebro en la poesía. En el proceso
de búsqueda de mi identidad, quiebro los esquemas. En Costa Rica, donde
no me conocían y estaba lejos de mi familia. Estudié un año de
enfermería, solo un año, porque en Costa Rica la enfermera no es vista
como una heroína nacional ni tampoco es vista como un ser que ama a los
pobres, sino que es vista como un ser de segunda categoría, son personas
de escasos recursos y por ello nunca me aceptaron plenamente ya que mi
condición económica era diferente, como que no calzaba en ese medio.
Luego me gradué de Actuación y Promoción Teatral, en el taller nacional
de teatro. Actué en varias obras en Costa Rica y actué en una película
que se llama “Eulalia”, hice un papelito pequeño y, en la tragicomedia
de “El Serenismo Príncipe Don Carlos”, en un papel de monja, lo disfruté
muchísimo, me fascinó haber actuado en ella. Trabajé en una obra en la
celebración de la Fundación de San José hace 250 años que se llamaba la
obra “San José de la Boca del Monte”. Terminé mi período de teatro y
luego me metí a talleres de poesía con doña Carmen Naranjo y con Laureno
Albán. Me desligué del mundo de la poesía nicaragüense, creo tener un
estilo distinto. Me han dicho que escribo un poco discursivo y doña
Carmen Naranjo alguna vez me dijo que algunos poemas estaban cortados,
sin embargo, me los calificó de excelentes, algunos me los calificó de
muy bien logrados. Cuando Javier y yo éramos novios, le escribí un poema
para conquistarlo, que se llama “El amor es un telar”. Javier es mi
segundo esposo y mi gran amor; doña Carmen Naranjo me lo calificó de
excelente, porque no tenía una sola palabra que cayera en la cursilería.
En el Taller de Don Laureno Albán me identifiqué con los jóvenes y creo
que no me identifico con las mujeres mayores que escriben en Costa Rica,
porque para ellas yo escribo muy crudo, ellas escriben más suave, todo
se entreteje más, nada se dice de manera directa, pero eso es la
idiosincrasia de ellas. La mujer tica es muy delicada, muy bonita, muy
suavecita, muy amorosa. Ella no dice lo que siente, no es directa, la
mujer nicaragüense dice lo que siente. Yo digo lo que siento. En mi
poesía no ando con metáforas. Escribo metáforas, pero mi poesía no está
llena de ellas sino de lo que siento.
Qué ha significado para Ud. Indiana, la
participación en esta III Feria Internacional del Libro?
Estar en la Feria ha sido importantísimo. Me ha
permitido compartir y conocer a poetas, escritores, ensayistas,
cuentistas de Nicaragua y del resto de Centroamérica, verdaderamente
enriquecedor par mí, me ha llenado de satisfacción compartir estos días
de la Feria con tanta gente de excelentes capacidades literarias, de
dotes artísticas formidables, poetas de talla internacional; me ha sido
especialmente grato compartir con tantas mujeres escritoras, eso me ha
dado muchísima alegría. La feria estuvo formidable, primero porque nos a
permitido comprar muchos libros. Me emociona grandemente poder leer a
tan diversos autores, a los que he podido conocer directamente, entre
otros con Cristian Santos, Vida Luz Meneses, Michael Najils, Lizandro
Chávez Alfaro, Nicasio Urbina. Lo más hermoso de todo fue el reunirnos
poetas y escritores de toda la región y compartir días fabulosos.
Quiénes son los poetas que más la han influenciado,
Indiana?
Los que más me han influenciado no sé, porque en la
noche me siento en mi cama, pongo música en mi casa, bebo vino y pongo
cinco libros y leo un poema de cada autor. Me fascina Neruda, me encanta
García Lorca, Nicolás Guillén, Miguel Hernández, Mario Benedettí, Rafael
Alberti, José Martí, Gustavo Adolfo Bécquer, Jorge Luis Borges, José
Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas y mis amigos Luis Rocha y Julio
Valle Castillo. Hay otros tantos que no meto en la lista, pero de los
nicaragüenses especialmente Pablo Antonio Cuadra, el Padre Ernesto
Cardenal y Gioconda Belli, que me fascina.
Cómo encuentras Nicaragua, después de tantos años
de ausencia, hay cambios?
Encuentro mejor Nicaragua, veo más alegría. Granada
está lindísimo. La “Casa de los Tres Mundos” está muy bonita, está
remodelada. El Monumento de San Francisco está bellísimo. Hay una gran
cultura en Granada, ahí han surgido grandes poetas de Nicaragua como
Joaquín Cuadra. A Nicaragua la encuentro con más progreso. Siento
adelantos, cambios. Tendría que vivir en Nicaragua para poder decir
realmente como está la situación de los pobres, porque vengo por una
semana y de vacaciones. No he estado en la realidad de la pobreza,
siento que hay mucha pobreza en Nicaragua, incluso que ésta ha crecido
en los últimos años. Siento un adelanto económico, es decir hay
inversiones, hay algunos hoteles, tiendas, centros comerciales, pero qué
pasa con la pobreza de Nicaragua? con el nivel de vida real del
nicaragüense? que es lo más importante, porque según mi esposo que
escribió un libro “Un Nuevo Paradigma de Desarrollo Social”, dice que la
pobreza en los países de Latinoamericana es una cuestión de voluntad
política, así lo ve y así lo enfoca, porque en vez de comprar armas,
deberían de poner más escuelas. ¿Por qué en Costa Rica hay mayor
desarrollo y no hay tantos analfabetas? Porque han tenido voluntad
política, esa es una realidad, ellos no se han dedicado a pelear, no
tienen el armamento que tenemos los otros países del área y tienen un
paradigma de desarrollo social que es “Salud y Educación”. No hablemos
tanto de su democracia, sino de su interés por la salud y la educación.
La Educación es básica para que un pueblo salga de la pobreza.
Cuál sería tu mensaje final, Indiana para los
lectores jóvenes de Nicaragua, para la gente que quiere dedicarse a la
escritura?
Lo primero que tienen que hacer es leer, porque la
lectura los saca de la ignorancia. Leer no solo poesía, sino que deben
leer de todo, novela, ciencia, filosofía, historia. Sólo mediante la
lectura ellos obtendrán un concepto de lo que es el mundo, un concepto
global de lo que es la historia. Deben leer sin desmayo y luego escribir
con disciplina férrea, como quien hace una tarea en casa. Nosotros
tenemos excelentes poetas y escritores, debemos leerlos. Eso les dará
una visión más profunda de la vida. Luego cuando ellos tengan una
formación, lo que tienen que hacer es escribir, lo de su entorno, no el
entorno de los otros, sino el suyo, hablar de sus vivencias y lo que
sienten. Mi mensaje es educación, para que un pueblo salga de la pobreza.
Entrevistó: Ximena Ramírez González
Home
|
Conózcanos
|
Tarifas
|
Artículos
|
Entrevistas
| Escribanos
Copyright © 2000. Derechos Reservados
Euroamericana
S,A