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Edgard Adolfo Montes, Primer
Secretario Embajada de Guatemala, nos da a conocer su producción
literaria. |
Jacqueline
-Que día este- decía yo mientras salía de una reunión de trabajo con los
ejecutivos de mi empresa, ya que la junta se había excedido hasta altas
horas de la noche; la tensión, el cansancio y deseo de terminar el día
pesaban en el ambiente, por lo que decidí dirigirme a casa a tomar el
mes reparador de los descansos. A mi retorno, mientras conducía mi
vehículo, insistía una y otra vez en sintonizar una emisora con música
relajante o por lo menos que distrajera mi “querida rutina” pero no lo
lograba. La lluvia anunciaba sobre los cristales de mi vehículo que
haría su presencia de un momento a otro; mientras eso sucedía, lo único
que pensaba era encontrarme con todos los semáforos con una hermosa luz
verde, y que el tránsito fuera generoso conmigo para no detenerme y
llegar rápido a casa.
Tal como lo esperé, llegó la lluvia, haciendo gala de su fuerza, la
carretera se mostraba brillosa y la visibilidad era cada vez menor, por
lo que tuve que tomar mis precauciones y reducir la velocidad. Al llegar
a una curva que generalmente era poco iluminada, logré ver a un hombre
que bajo la lluvia trataba de empujar un automóvil con mucha dificultad;
mientras pasaba a su lado, yo pensé que la mala suerte estaba con el
pobre hombre del vehículo descompuesto en ese lugar tan inseguro y por
si fuera poco, bajo el gran aguacero que entonces caía.
Casi sin darme cuenta, mientras continuaba pensando en la persona que
empujaba, resulta estacionado unos 25 metros adelante, bajé de mi
vehículo y sin chistar palabra, me uní a la tarea de empujar junto a él;
-Gracias, gracias- decaí mientras lográbamos tomar mayor velocidad,
desde luego que otra persona que no pude reconocer estaba a cargo de
guiar desde su interior el mismo.
Después de recorrer cierta distancia, logramos poner en marcha el motor
y en ese momento nos pudimos ver al rostro y solo recuerdo que la
sonrisa invadió nuestros mojados semblantes. -Gracias- volvía a repetir
el hombre, se apresuró a meterse a su automóvil y yo al mío, pero
segundos antes de que inmediatamente le respondí y se lo dije, él me
contestó- Julio, me llamo Julio Bran, mucho gusto y nuevamente muchas
gracias- Cuando me subí a mi vehículo para continuar mi marcha me di
cuenta que mis zapatos pesaban de tanto lodo y agua, mi camisa estaba
completamente pegada a mi cuerpo, corría agua desde mi cabeza y a pesar
de estar jadeando del esfuerzo, sent. internamente que mi cansancio
había disminuido como si hubiera tomado un delicioso sauna y entonces
escuché la mejor de las melodías que nunca había podido sintonizar en la
radio.
Pasaron los años y casi creí haber olvidado la secuencia y los detalles
de esa noche; en 1996 una de mis actividades fue diseñar e implementar
un laboratorio de computación en una de las Universidades de mi país y
casi seguidamente fui contratado por la misma Universidad para impartir
cursos de CAD (Diseño Asistido por Computadora) en la Facultad de
Arquitectura. Una mañana mientras yo me encontraba en un receso en la
cafetería de la Facultad, se acercó Jacqueline, una de mis mejores
alumnas que dicho sea de paso llevaba las mejores notas de su promoción;
Jacqueline, se hacía acompañar de una persona mayor que ella y que no me
parecía haberle visto antes y me dijo; -Profe, mi mamá quiere conocerle-
yo de inmediato me puse de pié y estreché la mano de la señora mientras
decía -Claro, es un placer conocerle- Jacqueline, le decía a su madre-
él es mi profe de CAD, él es de quien te he hablado- la madre con tono
muy emotivo me dijo -Jacqueline me ha hablado mucho de usted y quería
conocerle por dos razones, una de ellas es para agradecerle y
felicitarlo por la labor que está desarrollando con los muchachos, creo
que su entusiasmo los está motivando mucho y Jacqueline me cuenta el
interés y empeño que le pone usted a su cátedra; lo felicito. Las
palabras de la madre de Jacqueline fueron como una agradable melodía y
por supuesto logró tocar mi ego. Solo recuerdo haberle dicho -los
muchachos hace la clase, ellos le han sabido poner los ingredientes
necesarios para hacerla agradable y productiva, de todas maneras,
agradezco sus comentarios.
Mientras yo continuaba hablando de mis alumnos, podía sentir que la
madre de Jacqueline me miraba fijamente a los ojos, como tratando de
descubrir algo que yo en ese momento ignoraba, Jacqueline, risueña y
misteriosa le dijo a su madre -ya dile, pregúntale; porque me muero de
la curiosidad -entonces dije -que sucede?- Aún seguía confundido, por lo
que me contestó con una pregunta -Ingeniero, para mi es muy importante
que usted me diga, si le trae algún recuerdo haber auxiliado a un hombre
que en la noche y bajo la lluvia empujaba un vehículo rojo que...-
Mientras la madre de Jacqueline continuaba dándome los pormenores de esa
noche, el escenario era para mi cada ves más claro y logré recordar uno
a uno los detalles más pequeños que la acompañaron y que el tiempo casi
había borrado de mi. -si, si recuerdo- contesté con asombro -Pero eso
sucedió hace 18? 20 años? Cómo sabe usted eso?- le respondí e
inmediatamente Jacqueline soltó una sonrisa poco discreta y me colocó su
mano sobre antebrazo mientras su madre con los ojos humedecidos de la
emoción me dijo- la otra razón de querer conocerlo era para saber si
usted era esa persona que ayudó a mi esposo esa noche; si, mi esposo era
a quién usted ayudó. Íbamos al Sanatorio porque Jacqueline nacería esa
misma noche, yo era quién estaba dentro del automóvil mientras ustedes
empujaban; escasamente pudimos llegar a tiempo porque el nacimiento de
esta niña se complicó bastante y gracias a que usted fue el único que
detuvo su marcha para ayudarnos, logramos que todo saliera bien.- yo
quedé congelado en mi silla y no salía de mi asombro; Jacqueline
apretaba mi antebrazo evidentemente emocionada por lo que había sucedido
mientras su madre continuaba diciendo -Mi esposo hubiera querido vivir
lo suficiente para estar aquí y compoartir este momento tan especial.
Hoy Jacqueline culminó sus estudios con honores y se le presenta un
extenso camino para experimentar y descubrir todas las cosas bellas que
la vida le tendrá preparado.
Los milagros son más sorprendentes y bellos cuando surgen de una pequeña
y buena acción.
Las buenas acciones no se consultan, simplemente son respuestas sin
pregunta de nuestras conciencias.
Edgar A. Montes
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