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Pedro Xavier Solís Páginas Verdes |
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LOS INTELECTUALES Y EL PODER
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Cuando pienso en el Poder, me acuerdo de un cuadro de Goya: Saturno, dios del tiempo en la mitología clásica, devorador de sus hijos, las Horas. Es una de las más populares y divulgadas imágenes de todas sus Pinturas Negras, y, según la iconografía tradicional, es una alegoría del tiempo en todo su poderío.
¿Qué es el tiempo?. Cuando no me lo preguntan, lo sé; pero cuando me lo preguntan, ya no lo sé.Esta célebre frase de San Agustín que exhibe al tiempo en su ministerio, me inhibe de arriesgar esta impresión goyesca: un aspecto característicamente revolucionario del tiempo es que es filicida.
El tiempo es como un guiño y ninguno de nosotros vivirá más allá de los días que se nos tienen conferidos. Nada es constante para los mortales: ni el éxito, ni la fuerza, ni la riqueza... porque toda realidad visible depende del tiempo. El tiempo no envejece, pero nos hace envejecer; no se destruye, pero va dejando escombros a su paso, marcando el rumbo deletéreo del mundo. ¿quién puede contra el tribunal del tiempo?.
Pero hay cosas que sobreviven a la condena innata de las empresas humanas. Herodoto menciona una de ellas: el arte de crear historias, cuyo objetivo es hacer, según la expresión famosa, un bien para siempre, útil durante haya historia y nutrido incluso del tiempo perdido, incluso del acoso de los días sin destino aparente. De ahí que recapacito: el tiempo también sufre reveses, por ejemplo en el Verbo que supera cualquier temporalidad. Y esa leve victoria humana, trastemporal, tiene como autoreferencia a un tiempo trascendente, en el que el carbón no se ríe de la ceniza. Porque el alma no es pasto del tiempo. Por eso es en el alma donde mejor se miden el tiempo y el Poder.
Así como el hombre es tiempo (Heidegger), el poder es un fenómeno específicamente humano. La toma de conciencia del tiempo nos ubica en la historia; la toma de conciencia del Poder nos ubica ante la historia. En ese contexto no deberíamos menos que reconocer nuestra condición de mendigos. Pero cuando no caemos en la cuenta de ese Poder primordial, nos encontramos frente al fenómenos del Poder primordial, nos encontramos frente al fenómeno del Poder temporal. Para referirme a este último valga otro rodeo.
En un poema de Pablo Antonio Cuadra, titulado Apólogo con Elefante, el autor interpreta la realidad política de los años 1980 a través del mito. Basándose en una vieja leyenda escuchada en un pueblo de Chontales, refiere la historia de un circo que se disuelve por un crimen. Los maromeros, bailarinas y payasos, huyen llevándose la carpa y sus haberes.
Sólo queda, sin dueño, un joven elefante, el pueblo lo adopta. Pero el animal crece, y su tamaño y su fuerza sobrepasan todas las medidas. Sus modales y sus exigencias derriban casas, destruyen siembros frutales. ¿Qué puede un pueblo de musas rústicas y pesadumbres provincianas, cuando recorre sus noches, con sus colmillos de marfil, la corpulencia del orden con el sello lunar de su pezuña?.
¿Qué es entonces el poder, que con frecuencia deshidrata a la democracia, o en similar barrabasada, la reduce a demoscopía?.¿ Es el poder un medio o un fin?. ¿ Cómo organizar el mundo sin aplastar la dignidad humana?. Sólo con el tiempo hemos ido comprendiendo que la desmesura del Poder significa, mas bien lo opuesto: es decir, desmesura de la debilidad, rebajamiento de lo humano, ultraje a la jurisprudencia del hombre cualquiera.Y ya es inadmisible que el fin justifique los medios.
Max Weber distinguió entre Poder racional, Poder tradicional y Poder carismático. Voy a matizar su triple distinción, trastocando el trípode de la siguiente manera: el Poder racional, que con base en una estructura jurídica confiere el ejercicio del mano, voy a denominarlo simplemente Poder legal; el Poder carismático que se sustenta en el valor de una persona, voy a denominarlo Poder moral; y en un mundo en donde las aristocracias, los militares, las nomenclaturas e incluso las plutocracias, tienden a estar subordinados al poder civil, voy a denominar Poder político lo que Weber llamó Poder tradicional.
Tenemos, pues, varias fuentes de Poder, y me parece oportuno también introducir el concepto de antifeatro del Poder al que alude Harold Lasswell, quien lo define como la situación formada por los que exigen el Poder o que integran el campo del Poder.Algo que el filósofo inglés John Locke ya apuntaba en el siglo XVII: que la gran pregunta que ha desgarrado a la humanidad y que le ha ocasionado todos sus infortunios, no es si debe o no existir el Poder, sino en manos de quién debe estar.
¿En manos del establishment o de los marginados?, ¿en manos de la ley o de la justicia?, ¿en manos del orden o de la aventura? ¿en manos de lo formal o de lo substancial?...¿es posible un consenso entre la piedad y la historia?...¿cual es la última palabra de la cordura?.
Es en ese anfiteatro del Poder donde se establece el tinglado de las correlaciones de fuerza. Ahí se crean las llamadas esferas de Poder que matizan los comportamientos individuales o estructurales.
Pero salta a la vista otra pregunta: ¿acaso el Poder político o el Poder legal no están hechos de intelectuales?.Al fin y al cabo, saber es Poder.Un sólo pensamiento del hombre vale más que el mundo entero, decía San Juan de la Cruz. Sin embargo, son con frecuencia intelectuales los que turban seriamente los contornos culturales de la sociedad. Y para que la justicia no sea falseada, la semilla del Poder debe ser aquella en la que la soberanía de la persona sea la más importante de las Soberanías.
El Poder no es injusto por naturaleza intrínseca. Representa posibilidades tanto positivas como negativas, en dependencia de la decisión de quien lo ejerce. El vocablo designa simplemente la capacidad de producir los efectos buscados. De ahí que, como anota el costarricense Fernando Araya, el surgimiento de las estructuras organizativas con el fin de asegurar la continuidad y estabilidad del grupo en institución, esto es, de pasar a ser un colectivo institucional con el fin de hacer perdurar su hegemonía.Hay una lógica bien clara de fondo. El problema radica en que la semilla echada es un híbrido de imperativo institucional e instintivo apego al Poder. En un Estado dictatorial domina el aferramiento a las estructuras de Poder; en un Estado democrático los procedimientos jurídicos y las estructuras de participación salvaguardan el régimen institucional.
Cualquiera que sea el escenario, los intelectuales se alienan cuando subrogan su propia autonomía. La búsqueda de la sabiduría estriba simplemente en la búsqueda de la verdad. Podemos perfectamente identificarnos con este Poder o aquél, pero sin capitulaciones morales. Podemos perfectamente apoyar este Poder o aquél, pero no al punto de degradar la ecología humana.
Como intelectuales (es decir, como hombres que pueden sopesar mejor que otros la importancia de las ideas, examinar los acontecimientos en sus causas y sus consecuencias, apreciar la vida de otro modo que en función de los instintos), tenemos responsabilidades particulares desde dentro y desde fuera del Poder, una la principal: no hay que ocultar la verdad si tuviera que justificar esta afirmación, la replantearía de la manera consabida: nunca hay que ocultar la verdad, porque es lo que nos hace libres. Copyright © 2000. Derechos Reservados Euroamericana S,A |
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