Manuel Moncada Fonseca |
¿TOLERANCIA, CONFORMISMO O COMPLICIDAD? Aunque en general se puede estar de acuerdo con la tolerancia, no se puede compartir la idea, esgrimida por muchos, de una tolerancia a ultranza. Es que, tratando de ocultar la realidad conflictiva que abraza a la sociedad, hay quienes predican mansedumbre y pregonan el estudio y el conocimiento de una historia de angelitos. Y desconociendo toda circunstancia y, sobre todo, la acostumbrada práctica oficial de violentar las leyes establecidas, se pretende que la tolerancia se vuelva un fin en sí mismo y que la intolerancia se conciba como algo que aparece de la nada, o como el producto de un ser con poderes cabalísticos. Ciertamente, de basarnos en lo que algunos autores escriben, se podría pensar que en la sociedad hay personas que le rinden culto a la intolerancia como tal. Pero, a menos que se esté en un mal estado psíquico, nadie se convierte en adepto de la intolerancia por sí misma. Y esto no guarda relación alguna con la posesión de una posición política o con una ideología. Entonces no debemos confundirnos: Una cosa es aceptar la existencia de ideas y posiciones políticas que no compartimos, y otra es aceptar que dichas ideas y posiciones políticas se lleven a la práctica. Las ideas del fascismo, nazismo, falangismo y otras similares (como las del somocismo en Nicaragua) pueden perfectamente aceptarse en lo que al derecho a la existencia se refiere, pero aceptar su materialización es, hay que decirlo francamente, intolerable. La historia de la Humanidad demuestra que, al margen de los buenos deseos, la pasividad - que tiende a confundirse con la tolerancia- no tiene cabida ante situaciones que desbordan la paciencia de los pueblos. Y no creamos que, ahora, en medio de tanta impunidad para conculcar los derechos humanos y para desatar la indigencia lo cual se hace en nombre de una falsa modernidad- no puedan producirse más explosiones y levantamientos populares. Ciertamente, se pueden tolerar las ideas adversas, pero no las políticas adversas que cierran las posibilidades para la acción legal de las masas. La aceptación de políticas adversas convierte la falsa tolerancia en conformismo. Y de éste a la complicidad no queda más que un trecho. Para tener una idea de lo lejos que
está la Humanidad de la falsa tolerancia que
tanto se predica, consultemos lo que Lester R. Brown nos dice en su artículo. El
futuro del crecimiento. (En La Situación en el
Mundo 1998. Informe del World Watch Institute. Barcelona Icaria 1998). En los últimos años, nos
dice, en la totalidad de los indicadores fundamentales de seguridad alimentaria, se
observa un descenso. Si durante unos cincuenta años, en los precios internacionales de
los cereales se había registrado un descenso, desde 1993, la situación se ha vuelto por
completo distinta. En el período de 1993 a 1996, el precio del trigo se incrementó en un 40%; el del arroz, en un 30% y el del maíz,
en un 58%. Y si para la población del Norte
la elevación de los precios de los alimentos no representa una amenaza, para los 1,300
millones de personas que, en el Sur, a diario se mantienen con un dólar o menos y no
cultivan alimentos para subsistir, la duplicación de los precios significaría, por el
contrario, una amenaza para su existencia. Y no pudiendo garantizar la vida de sus
familias, las personas afectadas responsabilizarían a sus gobiernos por ello, Brown
concluye: Puede
que salieran a la calle, generando una inestabilidad política jamás vista en las
ciudades del Tercer Mundo. En este punto, la inestabilidad política podría comenzar a
afectar a los beneficios de las multinacionales, el comportamiento de los mercados de
valores y las ganancias de los fondos de pensiones. La estabilidad política del sistema
monetario internacional estaría en peligro. Se haría evidente que el mundo sigue un
camino demográfico y económico que es ecológicamente insostenible. ¿Habría alguien predicando tolerancia a ultranza a la hora en que esa
situación pudiera desembocar en una serie de hechos incontrolables? Por lo demás,
¿quién querría luego escribir o enseñar la Historia de los hechos que puedan acaecer,
a partir de esas circunstancias, obviando, en nombre de esa tolerancia, los conflictos que
puedan tener lugar? Más aún ¿quién tendría interés de estudiar una historia de
angelitos o una hagiografía?
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