Santa Juana de Arco
Dos películas hechas en los Estados Unidos sobre la
heroína francesa multiplicaron el interés por ella en todo el mundo y llevaron a la
creación de numerosos websites.
Hace pocos
años fue el caudillo y guerrero escocés William Wallace, azote del invasor inglés, que
de la mano de Mel Gibson saltó a la fama mediática. En Escocia era venerado, pero fuera
del país de los kilts y el whisky era poco conocido. El cine lo convirtió en universal.
Ahora le llegó el turno a una santa, Juana de Arco, aunque ella ya era conocida
mundialmente. En mayo, una miniserie de la cadena CBS, protagonizada por Leelee Sobieski
en el papel de la santa, tuvo un éxito rotundo y se calculó que siguieron su
transmisión de cuatro horas más de treinta millones de televidentes norteamericanos.
Esta semana
se estrenará en varios países The messenger, the story of Joan of Arc, dirigida
por Luc Besson. Aquí, la protagonista es Milla Jovovich, con John Malkovich como Carlos
VII de Francia y Dustin Hoffman como la conciencia de la mártir.
Las
direcciones en Internet sobre Juana se triplicaron o cuadruplicaron en estos meses. El
interés entre los jóvenes, y no sólo los franceses, augura que este film será un boom
de boletería. En estos tiempos de materialismo, se necesitan héroes verdaderos, personas
que dieron sus vidas por sus ideas o su fe, y no sólo los de celuloide inventados por
Hollywood.
¿Quién fue
Juana, la santa y mártir que muere acusada de hereje? Nació en 1412 en Domrémy, en la
época en que la casa reinante de Francia era la de los Valois. El país estaba sumergido
en la Guerra de los Cien Años. Los monarcas ingleses querían la corona francesa.
Borgoña los apoyaba. El Delfín, el heredero al trono de Francia, Carlos de Valois, no
tenía la suficiente fuerza para poder ser coronado en la catedral de Reims, como
establecía la tradición.
De repente,
esta hija de campesinos, iletrada, de 16 años, que decía escuchar las voces de San
Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita, se presenta en Vaucouleurs ante un noble, Robert
de Baudricourt, y solicita una audiencia con el Delfín. Negada en un principio, insiste
al año siguiente y logra entrevistarse con Carlos, en Chinon. El heredero es convencido
por la joven. La consigna era lograr levantar el sitio de Orleáns y luego marchar hacia
Reims.
Una joven
con armadura de hombre, con sólo 17 años, logra insuflar un espíritu de victoria tal en
las huestes francesas que las lleva a derrumbar la resistencia inglesa. El día es para la
doncella de Orleáns.
Carlos y
Juana marchan hacia Reims. Allí, el 17 de julio de 1429, el Delfín deja de existir para
convertirse en Carlos VII, rey de Francia.
Siguen las
batallas entre franceses, ingleses y borgoñones, hasta que en mayo de 1430 Juana es
atrapada por los enemigos de Carlos VII. Se levantan contra ella setenta cargos. Es
sentenciada a morir en la hoguera, pena que se cumple el 30 de mayo de 1431.
Casi
quinientos años después, el 16 de mayo de 1920, fue canonizada. Pero la inmortalidad ya
la había alcanzado mucho antes.
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