Juan Bautista Arríen                                                                                                       Páginas Verdes

    “La Calidad de la Educación se Traduce en una Persona de Calidad”

Tenemos entre manos una tarea, la educación, que vive una permanente presión: la de mejorar. La educación es vida que se recrea constantemente. En ocasiones el ritmo que exige esa recreación supera nuestro propio ritmo de actores educativos. La educación queda rezagada porque nosotros los educadores no tenemos la capacidad de recrearla. De ahí que la educación sea un desafío permanente.

Quiere esto decir que recrear la educación va parejo a recrearnos a nosotros mismos como actores educativos.  Todo lo que tiene que mejorar debe pasar por el ser humano. No pueden mejorarse sólo los procesos, las estructuras y las estrategias, si el individuo no adopta actitudes y valores nuevos.

Con frecuencia hemos creído que cambiando la educación como algo externo y distinto a nosotros mismos, la educación mejora. Es un error. Siendo el proceso educativo una interacción permanente con la sociedad, sentimos que nuestra sociedad ha perdido su capacidad de educar. 

En ocasiones  sentimos que el ser humano no tiene un futuro ético. No obstante sigo creyendo que hay en él más cosas dignas de admiración que de desprecio. Las situaciones actuales representan también una oportunidad para mejorar. Es necesario cambiar incluso los paradigmas, base y fundamento de todo lo que hacemos.

Uno de esos paradigmas es la idea de que antes de dar un paso se tiene que recibir algo. Esto representa una doctrina que parte de teorías lineales, en el sentido de pensar: antes de una mejora personal tenemos que ganar algo. La verdad es que la vida no es así: nunca se recibe la ganancia de una inversión que no se ha hecho. 

Si el individuo no mejora lo que tiene en sus manos, nunca mejorará  lo que no puede alcanzar. Es una regla de la vida que tiene que aprenderse con sacrificio; pero en algún momento este individuo aprende que si quiere hacer algo y quiere aportar algo, tiene que cambiar actitudes, formas de tratar y de pensar. En el rompecabezas que se vislumbra en este mundo, hay una parte que falta, que necesita ser agregada al cuadro para que puedan sortearse las dificultades.

Los nicas son cariñosos, creativos, espontáneos. Están más abiertos a ideas nuevas que las personas de otros países. En este sentido se tienen recursos humanos potenciales aprovechables. Debería entenderse que en cada reto que surge, el individuo tiene que desarrollar una respuesta adecuada, no sólo en lo institucional, sino en lo individual, Nicaragua es un reto permanente.  Si las presiones, las exigencias y demandas son externas, necesitan desarrollarse respuestas que surjan de dentro, para que pueda equilibrarse la ecuación. 

Es necesario fortalecer la resistencia individual e institucional. Ya que cada reto, cuando llega de afuera, produce una demanda, como si cada situación tuviera un imperativo: hágalo, séalo, escúchelo, sea paciente, tenga tolerancia.

Virtudes como la confianza, la comprensión, la autoestima, el respeto, la tolerancia, la paciencia, pueden practicarse con facilidad. Es fácil ser paciente con gente paciente. Sin embargo, el signo contrario no lo es: ser pacientes con los que molestan, tolerar a los intolerables. Si hace falta hacer algo es mejor afrontar la adversidad y no adaptarse a las comodidades. Es muy fácil acomodarse a la situación reinante; es muy difícil dar un paso más allá. 

El individuo tiene que ser más  que lo que está siendo, porque ésa es la demanda de la situación actual y esta demanda llega al individuo y a la institución. En su caso particular al Colegio Pierre and Mary Curie. La vida y el efecto de una organización se hace mediante el componente de la calidad humana.  

Si se quiere desarrollar una respuesta adecuada a una demanda, se tienen que trabajar los valores humanos, y no aceptar, como muchos, la cerrazón para cambiar: soy irritable, impaciente, no escucho, por que así soy.  Excusa esta última que es una automentira.

La institución educacional tiene que convivir con gente diferente, de diferente nivel social, de formación diferente de nivel intelectual diferente, de sexo diferente, de color diferente, de cultura diferente.  Se vive en un mundo de diferencias.  Pero se sabe lo que hay de común entre esta gente diferente.  En este centro todos desean y trabajan para lograr una formación plena, integral, moderna conjugando disciplinas instrumentales, conocimientos prácticos y teóricos, valores, destrezas de aprendizaje relevantes y útiles para la vida personal y ciudadana. 

Si se percibe lo que se tiene en común en cuanto aspiraciones, no hace falta perderse en las diferencias, ya que las diferencias son barreras; las semejanzas son los puentes. Es fundamental tener en cuenta este hecho, porque incluso la palabra comunicar, guarda en su raíz la palabra común, que literalmente significa “compartir lo que tenemos en común”. Construimos algo común, la personalidad y vida de nuestros hijos.

Si no se realiza este esfuerzo con la persona más sencilla: un niño, una persona que no posea el nivel académico del interlocutor, se abandona el puente que se tiende para poder transitarlo. El puente no tiene que ser intelectual, lo cual se convierte de suyo en una barrera. Vale la pena recordar el sentido de la palabra inducere que significa “extraer el potencial ya existente”. En una semilla pequeña hay tal vez un árbol inmenso. Los niños son potenciales que deben incorporarse y desarrollarse a la vida social.  No son recipientes vacíos que el adulto tiene que llenar con los que se considera importante.  

Cada niño es un potencial, pero también cada adulto, porque nuestro aprendizaje nunca termina. Debe uno estar consciente de que nuestro potencial está sub-utilizado. No es inutilizable, es inutilizado. Nuestro potencial de educadores no se concentra muchas veces en algo esencial.  Educar en el sentido etimológico verdadero.

El ser humano fue adiestrado para una sociedad productiva; más que educado. En el sentido de la palabra inducere, la educación verdadera sucede también fuera del aula, lo que se aprende afuera es la realidad. En el desarrollo personal hay dos caminos: un camino que sería la instrucción y otro que serí la educación. 

No podemos permitir que la instrucción sea formación, asumida por la escuela y la formación por la sociedad.  Pero tengamos en cuenta una cosa muy importante. Un total de encuentro entre la escuela y la sociedad es la familia, los padres y madres de nuestros hijos, de nuestros educandos.
Se vive en la época de la información; se sabe más en un día que lo que un ser humano sabía hace doscientos años en toda su vida. Exceso de información. Y sin embargo es a partir de la información que se espera desarrollar habilidades, técnicas organizacionales o de trabajo. Efectivamente, con esto se desarrolla el Know how, el cómo hacer muchas cosas, pero el problema es que muchas veces no se sabe cuándo hacerlo o de qué manera o con quién.  No se tiene sensibilidad. De ahí que sea importante entender lo que es una sensibilidad para poder trabajar con otras personas, con sus diferencias.

La educación pasa por el camino de la experiencia. Entonces la educación verdadera es experiencia, interpersonal, personal, interna, intrapersonal. Esta experiencia respalda entonces a la información. Cuando más experimentado se es en la vida, se pueden desarrollar una serie de valores y principios personales. Se aprenden valores por la experiencia y no a través de palabras. Se puede realmente desempeñar el oficio de maestro, extrayendo las experiencias y el potencial de los alumnos, al resguardo de su desarrollo fisiológico, intelectual, emocional y espíritual, que a su vez son interdependientes.

Hay estados diferentes, acciones que están fuera. Pero el estar, el bien estar, especialmente, significa poder equilibrar estados internos. Al igual que se trata de hacer malabarismo con las tareas, se hace lo mismo en la cabeza y en el corazón.  Sin embargo hay otro verbo más profundo aún: el ser. Una e- ducacián que exija convertir la calidad en una responsabilidad individual, se vuelve acción trascendente. Es formar a cada alumno como líder de su propia vida, educador y pedagogo de sí mismo. Si el individuo tiene una visión superficial de las cosas, se engaña; si el maestro promueve una visión superficial y fragmentada para los niños o jóvenes, comete un equívoco enorme. Debe operar sabiendo que todas las cosas están conectadas: la historia con la geografía, con la gramática, con la lengua. No es sólo profesor de una disciplina, materia o asignatura. Es sobre todo pedagogo, formador de una persona humana total. La persona humana no es un rompecabezas que se construye con piezas. Es un ser indivisible, total. Y aún así se enseña matemáticas, pero no la manera de pensar más racionalmente; se enseña gramática, pero no la manera de comunicarse, ni de enviar enunciados de nuestro corazón para comunicarse con quien se necesita hablar.

La visión del mundo se encuentra sedimentada; porque se viven verbos como; estar, saber, hacer, tener, ser... como un mundo fragmentado. Creencia por un lado, memoria por otro lado, afectos por otro, fe por otro lado, todo compitiendo internamente para ocupar espacios en el pensamiento. Y no se consigue ser lo integralmente, lo unitariamente que se quiere ser.

En definitiva el problema no es tecnológico, ni de información ni de expertos que manejen tecnologías.  El aprendizaje se define en el sentido de ser mejor como individuo, porque si el individuo es mejor, será mejor como ciudadano, como profesional, la calidad de la educación se traduce en la calidad de la persona.

El siglo XXI exigirá agilidad mental para los cambios alucinantes que se presenta; sin embargo esta agilidad no puede estar atrapada en el pasado. Exigirá la capacidad de mantener una meta; de lo contrario los pasos no serán firmes.  La meta debe ser suficientemente elevada para sacar lo mejor de cada uno.  A corto plazo se vislumbran dificultades; a largo plazo el mundo será mucho mejor. La humanidad para por un aprendizaje fabuloso, y si el ser humano se esfuerza por ser mejor, enfrentar el futuro será más fácil. La educación mira al futuro desde el presente y al presente desde el futuro.  Realizar esta síntesis en nuestro educandos y en nosotros mismos es el gran desafío de nuestra responsabilidad como educadores.     


Junio del 2000 

                                         

Home | Conózcanos | Tarifas | Artículos | Entrevistas | Escribanos

Copyright © 2000. Derechos Reservados Euroamericana S,A