Dr. José Antonio Baca Araúz |
El Dr. José
Antonio Baca Araúz es un médico nicaragüense, de Chinandega, conocedor per se et per
alios del alcoholismo como un problema social; pero él ha sabido revertir su dura
experiencia y con un sentido verdaderamente altruista, como ciudadano y como médico está
desplegando una importante labor social, como es el rescate de las personas dependientes
del alcohol. Con palabras sencillas, pero colmadas de convicción y sabiduría el autor
dice: Actualmente, un alto índice de nuestra juventud sufre los problemas del alcoholismo; en una edad cuando el estudio debería ser su principal empeño, se encuentran diezmados por una enfermedad silenciosa, de fácil diagnóstico y de difícil aceptación por sus propias características. Es difícil para un padre lleno de amor hacia sus hijos, que son los ojos de su cara, el orgullo de su sangre, tener que aceptar que tiene un hijo alcohólico. Es una tarea titánica convencer a un atribulado padre sobre la necesidad de recurrir a personas especializadas en alcoholismo para rehabilitar a su hijo y es mucho más difícil enfrentar las drogas, que van en una espiral ascendente increíble, como si ellas fueran la solución a los problemas de la vida y proporcionaran felicidad en este enredado mundo, donde la risa se confunde con el llanto. El Dr. Baca Araúz trabajó como consejero de personas con
problemas por alcohol y drogas en hospitales de los Ángeles, California. Actualmente
realiza su labor social y profesional en Ciudad Sandino. Cuando no atiende a un paciente
dicta charlas y cuando no dicta charlas ni atiende a un paciente, escribe; su obra
eminentemente humana y convincente, seguramente marcará un hito en el conocimiento y
tratamiento del alcoholismo. Francisco Arellano Oviedo INTRODUCCION El
alcoholismo es algo más que una enfermedad, narra la experiencia que hemos tenido
muchos alcohólicos al enfrentar esta silenciosa enfermedad, cuya existencia va más allá
de lo que conocemos a través de la historia. El libro está
basado también las clases que impartí en Los Ángeles, EE.UU., a aquellas personas que
habían sido arrestadas por la policía, por manejar un vehículo bajo los efectos del
alcohol. En estos casos la sentencia que da un juez, además de la multa y restricción de
la licencia de conducir, implica el asistir a un curso de tres meses de duración, donde
se estudia y conoce el alcoholismo como enfermedad, sus consecuencias y daño que le
ocasionan a la sociedad. Descubriremos en sus páginas cómo se pierden los valores
personales que le dedicamos al dios Baco, en
esas noches en que nos convertimos en los hombres más valientes del Universo, donde
derrochamos el dinero como millonarios, aunque al día siguiente, en nuestros hogares,
ronde el fantasma del hambre y sometamos a privaciones a nuestras familias que son tan
increíbles que la pluma de Tolstoi, nunca imaginó que era necesario describir. La pérdida de
valores en nuestra sociedad ha llegado a una degradación tan critica que nos apreciamos
lo más grande Que Dios nos ha dado; ¡¡ La Vida!! Y convertimos la misma en un juguete
de nuestras emociones. Es increíble la cantidad de personas que se suicidan, pareciera
que nos deslizáramos por una pendiente de destrucción, donde el respeto a las personas
mayores, a nuestras mujeres, a nuestros niños, son simples palabras olvidadas en los
anaqueles del tiempo. Estadísticas
dadas a conocer por la policía, en Nicaragua del quinquenio 1991-1995, se contabilizaron
204,969 delitos, solamente en el último año (1995) se cometieron 48,737 delitos, lo que
significa que cada día se cometen 135 delitos y según cálculos de la policía esta
espiral delictiva, en 1996 llegaría a los 60,000 casos. De los delitos cometidos en el quinquenio mencionado se contabilizaron 3,752 muertes, entre homicidios y asesinatos (dos muertes por día). Se consumaron 3,609 violaciones (dos violaciones diarias). Se dieron 881 abusos deshonestos (un abuso cada dos días). Sucedieron 37,851 accidentes (21 accidente por día), lo cual dejó 13,659 personas lesionadas (7 personas lesionadas diariamente) y murieron 2.023 (una persona muere diariamente en accidentes. Se confirmó que en 2,023 accidentes automovilísticos por lo menos uno de los responsables se encontraba en estado de ebriedad, lo que dejó como consecuencia 251 muertos. Sabemos que el alcoholismo se encuentra bien arraigado en nuestro pueblo, que son muchos los conductores que padecen esta enfermedad, a esto hay que agregarle la falta de respeto a las leyes de tránsito como causa importante de accidentes. Nos encontramos
frente a un proceso de descomposición social , donde los valores personales han
disminuido, la autoestima ha decaído, se ha desviado la conducta social..., agravado
éste panorama por el incremento del consumo del alcohol y de otras drogas que hace que
las personas pierdan la perspectiva de la dignidad humana. La depresión,
la pobreza y un futuro incierto, más bien negro, hace bestializar nuestra mente y cuerpo,
la vida pierde valor y se reduce a cualquier cosa. La misma sociedad va secando las
raíces de los seres humanos, formando ríos de angustia y tristeza, donde la risa es
mueca histérica del hombre. Sólo el ser que descompone al ser, sabe como lo ha
descompuesto y es también capaz de volverlo a componer. Ese es nuestro trabajo, ese
debiera ser nuestro principal objetivo como seres sociales por naturaleza, crear sistemas
que nos permitan, no sólo curar árboles enfermos, sino tratar de que las nuevas
generaciones nazcan y se desarrollen en un ambiente sano, que conozcan bien los peligros
que nuestra sociedad ha creado y tener los suficientes conocimientos que eviten caer en la
telaraña del alcoholismo. Esto implica
una buena relación en la sociedad: pueblo, organismos no gubernamentales, organismos
estatales y la policía, dando a los últimos argumentos jurídicos necesarios para que
tengan una influencia decisiva en la rehabilitación de los delincuentes, en la
prevención de los delitos con la ayuda de Dios y una sociedad que trabaje activamente en
la formación de seres que realmente se sientan orgullosos de ser humanos. El delincuente
no nace sino que se hace, el medio ambiente tanto en el hogar, como en las calles, es el
maestro que transformará esa personalidad naciente, desnuda, desprotegida, débil y con
ganas de vivir, en un ser humano bueno, regular o malo. El alcoholismo descompone la parte
interna del hombre, hace tambalear sus principios morales, nace un nuevo ser, el
alcohólico en el mundo que él va construyendo. Actualmente
nuestra juventud tiene un alto índice de alcoholismo, en una edad donde el estudio
debería ser su principal objetivo, sin embargo se encuentran diezmados por una enfermedad
silenciosa, de fácil diagnóstico y de difícil aceptación por sus propias
características. Es difícil para un padre lleno de amor hacia sus hijos, que son los
ojos de su cara, el orgullo de su sangre, tener que aceptar que tienen un hijo
alcohólico, es una tarea titánica convencer a un atribulado padre que necesita la ayuda
de personas especializadas en alcoholismo para rehabilitar a su hijo y es mucho más
difícil enfrentar las drogas, que van en una espiral ascendente increíble, como si ellas
fueran la solución a los problemas de la vida y proporcionarán felicidad en este
enredado mundo, donde la risa se confunde con el llanto. El alcoholismo
es una enfermedad pretextual, de tal manera que si no se tiene una razón para beber, la
misma se inventa, no tiene límites, ni fronteras, no respeta sexo, edad, posición social
y nivel cultural, es tremendamente destructivo, penetra en las mentes de las personas para
que el cuerpo lo acepte como una necesidad necesaria que nos produzca
relajación muscular. El alcoholismo ha penetrado también en los sistemas sociales,
convirtiéndose en el elemento indispensable de las reuniones, los mítines, las fiestas,
lo mismo sirve para festejar los momentos alegres como los tristes que nos proporciona la
vida, esos donde pensamos nos lloverán sapos y culebras. La sociedad ha convertido al
alcoholismo en el elemento ideal para hacer una cara de bobo guapetón. No se toma en
cuenta el daño que le ocasionamos a nuestro cuerpo, que aguanta en silencio las
intoxicaciones etílicas, se pierden los valores personales, dejamos de ser lo que somos,
perdemos nuestra identidad, tambaleamos las bases del amor y el respeto, elementos
fundamentales que deberían estar presentes en todos los hogares del mundo. Convertimos a
los miembros de nuestra familia en co-.alcohólicos, provocándoles daños físicos y
mentales a veces irreparables. No tomamos en
cuenta la desestabilización económica, psíquica que llevamos a nuestra familia donde
continuamente se siente la cercanía de las limitaciones, carencias y la misma muerte, que
siempre viene acompañada de sufrimiento, dolor y lágrimas, llevándonos de la mano a la
desolación y nuestras vidas sufren cambios bruscos, que nos pueden llevar a la pérdida
de la personalidad, ante la impávida mirada de la sociedad, que sólo mueve la cabeza en
sentido de negación o asombro por lo que están viendo. Es necesario
que todos actuemos en defensa de nosotros mismos, de nuestra juventud, de nuestra familia,
hermanos y amigos. Es necesario hacer una revisión de nuestro sistema jurídico, para
crear leyes que nos ayuden a tener una juventud sana, un posible mañana y rescatemos a
los que se encuentren enfermos. No nos quedemos simplemente apresando al que cometió un
delito, sino también creando un medio ambiente que permita su rehabilitación y
reintegremos a la sociedad civil a un hombre
útil, capaz de recobrar su personalidad, autoestima, amor personal e insertarse
responsablemente a la vida, venciendo las dificultades que se le presentan, entre otras,
falta de trabajo, manutención de su familia, etc. El alcoholismo
es una enfermedad producida por un sistema social equivocado, llevándonos lentamente
hacia la adicción. Es necesario la unión de toda la sociedad para trabajar en la
organización y ejecución de programas que permitan la rehabilitación del alcohólico,
trabajar en la prevención con los hijos que provienen de familias de tomadores, dar
cursos, charlas en los colegios para que todos conozcan los peligros que se tienen que
enfrentar cuando se abusa de las bebidas alcohólicas. El Autor
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