Indiana Cardenal

Las mujeres de Irma Prego

( Indiana Cardenal )

Nicaragua

Estas palabras con un homenaje a Irma Prego, porque fue mi gran amiga, compañera de mis años de soledad, incondicional en su apoyo, maestra de la conquista del espíritu crítico, testigo de mi libertad, acompañante en la distancia crítica y en la solidaridad  con Nicaragua.

Irma Prego fue una gran escritora, narradora, cuentista que vivió y escribió como una verdadera nicaragüense. Nació en Granada, Nicaragua pero vivió su vida entera en Costa Rica. Quizá la mayor realización de su vida fue la de tender un puente entre ambas naciones. Le gustaba recordar a los costarricenses sus orígenes nicas, sus raíces culturales relacionados con la ciudad de León, sede episcopal de Costa Rica por 400 años y sede de la universidad donde se formaron sus patricios. Le gustaba también habla de las uniones conyugales de ambas nacionalidades, como lo fue su caso. Pero también hendía igualmente su bisturí en las debilidades de los dos pueblos, como lo muestra a través de sus cuentos.

Tenía una expresión satírica para la pedantería tica por lo que los llamaba los “costarrisibles”. Nunca disimuló su condición de nicaragüense en medio de la autocomplacencia tica, más bien la afirmaba y lo hacía presente en toda ocasión.

Los cuentos tomados para este análisis pertenecen a sus dos libros Mensajes al más allá y Agonice con elegancia.

En el cuento “El Clerizonte”, Irma Prego ejemplifica y hace referencia clara a la xenofobia y desprecio hacia los nicas por parte de algunos ciudadanos del vecino país: “...No me invités nicas..., “ (ACE 28).

le dice el Clerizonte a la nicaragüense Irene, con ocasión de la fiesta financiada por ella en su casa, pero aprovechada sólo por él.

                         “... son trogloditas sin evolución...” (28).

Contestándole al Clerizonte, sale Irene a su defensa y con mucho orgullo de su tierra Nicaragüense afirmándole lo siguiente:

No sospechás siquiera, por inculto, todo lo que es Nicaragua y sus riquezas en sus comidas, en sus gentes del pueblo y sus escritores, pintores y artesanos. Los nicaragüenses somos capaces de amor. Ustedes no” (28).

En ese mismo cuento, y con ocasión de otra fiesta para su cumpleaños y en indiscutible alusión a la escritora, le dice el Clerizonte a Irene:_

“-A doña Tina no la invito, no por nica, sino porque es muy espontánea y va y le espeta al candidato cualquier “sinceridà”, porque ´sè (que) ella dice que mi primo el candidato es derecha extrema, casi fascista, y si la invitamos nos echa a perder el pasodoble. –No creo, dijo Irene, que doña Tina sea impertinente. No la querés invitar porque es nica” (29).

El tema más importante entre los escritos de Prego es el de la condición de la mujer. Prácticamente diría, es universal y emblemático en ella. Irma está presente en la narrativa femenina latinoamericana, es la voz femenina nicaragüense.

En sus escritos sus mujeres nunca han sido heroínas. Siempre son mujeres que han representado lo que la mujer debe ser según las normas de las sociedades patriarcales de tradición católica: la sacrificada, la sufrida y la sumisa. Echo que caracteriza a la mujer latinoamericana ante el tradicional papel estereotipado del hombre machista, viril, agresivo, arrogante, y explotador sexual de la mujer.

Es una mujer relegada a una posición inferior dentro de esa misma sociedad patriarcal, en especial, cuando la mujer es casada, es una persona limitada a los confines del hogar que se convierte en lo que llamaría “ángel del hogar”, ocupándose de los quehaceres domésticos, capaz de sacrificar todo por su marido e hijos.

La mujer es doblegada, explotada, y despreciada por el hombre latinoamericano en la mayoría de los casos. Estas mujeres, por lo tanto, tienen como única salida la huída, y la resignación. Están marginadas. Viven su tiempo en el tiempo de los otros. Son “ángeles del hogar”, dignas madres de sus hijos”, “amante-esposa”, o la “perfecta casada”, pero de gran superioridad moral y espiritual con relación al hombre, porque ella es el pilar dentro de todo hogar.

Irma Prego sigue el mismo cuadro presentado en los escritos de su amiga y colega Emilia Prieto. Este papel tradicional de la mujer ha ido cambiando poco a poco en nuestra sociedad actual.

Aún más, en el cuento “El General sátiro” vale la pena rescatar la siguiente frase en la que el hombre con actitud machista, típico de todo pueblo, recalca el no derecho a la educación para la mujer humilde:

“Si ponemos escuela en Nandaime, se acaban las buenas sirvientas en Granada” (MAMA 69).

Ese parece ser el único cuento en el que el único protagonista real es un hombre. Pero allí, en este mismo cuento, también aparece una mujer que da la clave de la lectura, en el sentido de la narración.

Algunos de los textos de Irma que se refieren a este punto son:

En “Agonice con elegancia” su último escrito publicado sólo en Nicaragua, es un monólogo barroco, exuberante, verborreico y desbordante hasta la saciedad.

La narradora describe los motivos y las circunstancias de un cuasi delito de homicidio, que nunca se sabe si llega a ocurrir o si sólo es el deseo ardiente de que ocurra, termina con una amargura derrotista y negra:

¿Quién pensará en la inmanencia femenina? ¿Hay 30 divorciadas al día en esta arcadia feliz (en este caso Costa Rica), en que se dice y repite que el hogar es la primera célula social? ¿Quién será? ¿El Estado?- ¿La iglesia?.-¿La justicia? ¿El partido ¿La escuela?.

¿Quién?

¿Quién?” (ACE 119)

Quizá el más emblemático y mejor trabajado personaje de sus cuentos es el de “Una mujer llamada Carmela”. En este cuento se encuentra el más claro paradigma de las mujeres irmianas. Concluye con este concentrado de negatividad.

“Carmela, invisible mujer sin rostro, muda y ausente, habitante de la casa prestada de unos hijos en tránsito, de un marido en otra parte, esclava de todos los días lo mismo... “(MAMA 40).” ... a y ella, una pobre tonta, una inútil, una empecinada perdedora, una nadie. Un discurso interior hecho furia y fiebre, hasta llegarse a convencer que no valía un centavo, estaba destruida con basura y deshechos “ (39). (El subrayado es mío).

El mismo paradigma de la mujer sometida a la sociedad patriarcal, en la que la mujer no tiene derecho más que, ha seguir sometida a los designios y voluntad del padre, o del esposo, y hasta del hermano en algunos casos.

La mujer tiene que recurrir al recurso del silencio como es costumbre en ese tipo de sociedad que caracteriza a Latinoamérica. Este recurso de la mujer al silencio lo vemos en el siguiente pasaje de “El cumpleaños de papá”:

“... desde esa época a mamá se le fue haciendo cada día más triste la mirada de sus magníficos ojos negros. También empezaron los prolongados silencios como cuestión de rutina.. “ (ACE 73).

“Con fondo de tango”, parece la historia de un caballero otoñal, como dice Irma, platónico, nostálgico y conquistador, pero es realidad en la historia de una viuda y varias otras amigas burladas impunemente por un cazador consuetudinario de mujeres solas y maduras.

“Marita culpable” es la descripción de la esposa que termina cargando con todas las fantasías y derrotas de un marido irresponsable.

“Otra vía para el amor” es el que describe el vacío en que se debatía Paula, mujer desinteresada al máximo de las vanidades de este mundo, pero ansiosa de comprensión, de aceptación, de amor, de parte de aquel marido huraño, impredecible, lleno de sorpresas a cuál más espectacular, pero inconsistente, vacío de humanidad y de piedad.

En “La fragante rosa de la medianoche” la mujer está completamente frustrada de tanta lucha por poder ser una mujer plena y satisfecha como ser humano que es; es decir, este es el cuadro de la mujer-objeto y no mujer-persona. Es la mujer débil, cansada de tanta derrota.

“...padece de anorexia diurna y tremendas crisis de asepsia, lo que la compulsa a frotar muebles, puertas y chécheres con un trapito húmedo (MAMA 157).”

“En verdad, (concluye la narradora),... le costaba vivir con su soledad entre tanta relación consumista y náufraga, con su hambre de afecto, entre caricias torpes y débiles, con su deseo de comunicación entre jadeos y gritos falsos, con su necesidad de compañía solidaria entre ratos y evasiones, con su búsqueda tan desnuda y ese tropezar constante con egoísmo y con su abierta necesidad de mujer precaria ante la ilusión de mujer plena (163).

Nena en “Por una tarde Linda”, es la típica madre sumisa y sufrida y la que es capaz de sacrificar todo por su marido y sus hijos:

...entró en su cuarto. El sortilegio de la tarde maravillosa de sol se había esfumado. Se le acrecentó la sensación de humillación y lo ofensivo que para ella fue esa llamada de Teresa. Buscó sus agujas y comenzó a tejer. Turbios los ojos, con torpeza tejía y recordaba cuando su marido la hacía rendirle cuentas hasta del último cinco. O cuando por el otro teléfono escuchaba lo que conversaba ella con cualquier amiga. El le tomaba el tiempo APRA toda faena de la casa o la visita de pésame, computados los minutos. Dejó de lagrimear porque, determinada, pensó: cuando mis hijos sean grandes y no me necesiten y él tampoco, esto se acaba, se acaba... (ACE 57).

Este prototipo femenino tiene siempre su correlato, que es causa de esa situación de la mujer: el hombre, el patriarca que ostenta el poder.

“Carmela decidió embellecer el domingo... Con un presupuesto exiguo encontró en el mercado unos tomates esplendorosos, redondos y compactos, arvejas recién recogidas, papas pequeñitas, cebollas de Santa Ana, blancas aseadas, chiles verdes y rojos, camaroncitos, los que en ocho minutos están al “dente” ... Preparó la mayonesa con todo muy fresco para la salsa francesa y se le pasó por la mente la cara de su esposo con una sonrisa... Sentó (los tomates) orgullosa en la lechuga fresca y los adornó con perejil aromático en la cúspide triunfante. Sobre el mantel verde que había tejido ella misma puso los platos amarillos, los vasos cristalinos. Lo llamó regocijada.

-Ya está servido...

¡Cerró displicente el periódico! ¡Se sentó con aire grave en la mesa. Con leve gesto amenazante sacudió la servilleta en el aire y miró al tomate como a un enemigo.

-¿Qué es esta cosa? ... Sacando fuerzas de sus flaquezas y fatigas, respondió con entereza : -Un tomate relleno. Sintió casi vergüenza, con el pudor herido. -¡Un tomate relleno!, expiró. -¡A mí como me fascina el tomate es en tajadas! (MAMA 39).

Y por si el lector no hubiera comprendido, añade Irma que el marido musitó resentidísimo:

“pero mis gustos en esta casa no importan” (39)

Casi lo mismo dice el padre de “El cumpleaños de papá” ante los esfuerzos de su esposa por halagarlo con un regalo excepcional o con una fiesta:

“Yo no quiero escritorio con tanta babosada. Además, me repugna toda esta mojiganga que inventás para mi cumpleaños. Déjate de cenitas y carajadas con esas bohemias que comen como dementes. Sólo hablan de lo que a ellas les interesa y no de política. Me aburren toda la noche. Son unas idiotas que no sé cómo me las imponés, alternás con ellas y tè las aguantàs”. (ACE).

El conquistador de la viuda de “Con fondo de tango” no era más que “un vecino de La Pitahaya que hacìa sufrir a su pobre esposa, era lo que se llama un zángano noctámbulo, mal marido y peor padre, un perdulario” (MAMA 55).

Lo mismo sucede con el marido, soñador, irresponsable, mitómano y perdedor de “Marita culpable” y en “La rosa fragante de la medianoche” el marido es:

“...un triunfador, un compulso trabajador, una máquina de hacer dinero, sin ètica ni escrúpulos, quien no disponía de tiempo para el hogar, para amar y holgar. Profundamente dormido se le abrazaba erecto y amanecía semanas de abstinencia, con erección y todo”. En una muestra de “sinceridad” le respeta:

“-Yo me casé con vos cerebralmente” (158)

Con el mismo desprecio le enrostra el marido a “La Hipersexual”:

“- Pues no sé si a los 18 años de matrimonio es hora de que lo sepás: yo me casé con vos porque eras hija y nieta de una buena familia de garañones católicos, porque era una niña de buena familia...” (ACE 62).

Los amantes de “La fragante rosa de la media noche”: son descritos sucesivamente como:

“-un patizambo con aspecto de cura arrepentido y gestos felino-femeninos;

-un karateca, varón viril, pero lúbrico y loco, brutal y malévolo; -un guitarrista fugaz;

-un catedrático de física cuántica impotente;

-un estudiante desocupado, de olor a invierno europeo, pero de gustos que le costaban a ella un dineral;

-un odontólogo obsceno, que reía como un idiota a la hora del climax;

-un arquitecto depravado; un pintorcito machista, celópata y demasiado posesivo;

-un piloto al que sólo se le paraba el reloj y que hacía desaparecer los billetes de mil colones de su cartera sistemáticamente;

-un matemático divorciado y mantenido;

-un bailarín de modales delicados, al que tendría que mantener, lavarle plancharle, cocinarle y acunar; un poeta enamorado de su exmujer;

-un animador de televisión, mucha labia y mucho pelo, narcisista, mediocre, que odiaba a las mujeres;

-y un pachuco, primate de la era terciaria, que se ofendió porque no le aceptó sus avances seductores y entonces le espetó groserías y cualquier número de velados insultos, con una grosería brutal. La fragante rosa apenas se defendió en un tono menor, se le llenaron los ojos color basalto de lagrimones cristalinos y por fin respondió quedito: “No se atrevería usted a decirme tantas cosas si supiera cuánto me cuesta vivir” (MAMA 161).

“El Clerizonte”, sin embargo, parece ser la síntesis de ese prototipo de varón, poco viril pero patriarcal, que de una forma u otra aparece siempre en los cuentos de Irma. Así lo describe:

“Sobre la frente abombada, brillante de grasa, le cae cual ala de cuervo, un mechón negro del peluquín mugre. Tiene raros gestos de palmípedo, un feminoide mohín de los labios sensuales, una estructura ósea deplorable y un caminado ambiguo...” (ACE 21).

A partir de esa presentación y como lo hará más tarde en “Agonice con elegancia”, Prego no escatima en epítetos y descripción de las mayores maldades por parte del personaje. Además de explotar a Irene de la manera más cínica, cuando ésta reacciona ante esa relación humillante, la amenaza con echarla del país, la persigue, la llena de insultos” avara, ninfomaníaca, viciosa, tonta, y otros. En fin, es el personaje más repugnante de todos los cuentos de Irma.

Pero no creamos que, por denunciar la condición subalterna y domada de la mujer, al autor y causa de ese estado de cosas, Irma sea complaciente o disimule todos los estereotipos de mujer que conforman el mundo del patriarcado en el cual se encuentran sumergidas. Prego transmite especial placer en exhibir a las mujeres que participan de la condición humilladora y prepotente de los hombres de su mundo. Creo que es, en estos personajes, en los que Prego muestra más la crueldad. En “El General sátiro”:

“La monjita de la primera hora de clases, una zona que daba el catecismo, entró en sospechas de que algo inusitado sucedía en ese momento y lugar. Y comenzó a mirarlas hostil, después prácticamente se tiró de la tarima y presurosa, dejando un halo oloroso a lecha materna al caminar, llegó al pupitres de la niña qu3e copiaba el telegrama, quien absorta en su tarea no reparó en nada hasta que un remolino de trapos negros saltó sobre ella y le arrebató el telegrama de las manos...”(MAMA 71).

Vas a ver (le dice doña Jacinta a la niña que había recibido el telegrama del General Chamorro, esta vez para exculparlo a él y exhibir a la religiosa).

... voy a llamar ahora mismo a sor Cristina para decirle que no sea grosera. Además debe de estar creyendo la muy bruta y con su mentalidad de monja, que el General es sátiro. Por eso se pone colorada, por todo lo que le pasa por su mente...

“Sátiro”... Pero a través de la vida, de toda su vida, Rita nunca ha olvidado la expresión estragada de la hermana directora, roja, roja, con la inmaculada pechera blanca, tiesa de almidón y los ojos demasiado brillantes para una monja de clausura.

Por años Rita buscó la palabra exacta que le definiera esa extraña expresión de la monja, hubo una época que se dijo: “Pura sensualidad”. En otro tiempo: “Pura sensualidad”, pero ya en la madurez de su vida encontró la palabra exacta para esa fea expresión: “Pura morbosidad y nada más” (75).

En “Las niñas Lacayo”: nos presenta Prego, el estereotipo de las niñas o señoritas de familias renombradas de los grandes pueblos o de ciudad, que son educadas en buenos colegios, de monjas en sus mayorías, preparadas para ser en un futuro “muñecas de cajas” para entregárselas al “mejor postor”, como si fueran una mercadería, un objeto.

... eran mayores pero vanidosas. A las tres de la tarde, a pesar del bochorno del solazo, ellas se entalcaban y pintaban, dispuestos a sentarse a la puerta de su casa en grandes mecedoras de mimbre. Se situaban escalonadas en la semioscuridad del salón, perfumadas de esencias de violetas y magnolias, dándose con abanicos españoles de nácar y sedas pintados con escenas taurinas... Eran de una vanidad descomunal y un orgullo siniestro” (ACE 41).

Y cuando a una de ellas, “una tarde sentada a la puerta de su casa, (a) la niña pina se le cayó el abanico de las manos y la vida también irremediablemente...” (43).

Sin ninguna misericordia y sin que la narración explique que la causa concreta más que ser “niña Lacayo”, ésta concluye con las palabras del sacerdote que oficiaba el funeral:

“Mis fieles cristianos, esta misa solemne y concelebrada no se va a efectuar. Acabo de oír al pie del altar la voz de la sierva Pina que me dijo: “Padre Faustino, no diga esta misa por mi. No es necesaria, pues yo ya fui condenada” (43).

De la ciudad de Granada, su ciudad natal, dice en “La Aristócrata y su mulato”:

Es romance: “a la pequeña ciudad la traía conmocionada. Todos criticaban y la vituperaban. Hubo gentes que le quitaron el saludo. “Amigas” qué le retiraron la amistad para siempre, madres de familia que prohibieron a sus hijas ni siquiera saludarla... La pequeña ciudad se aferra al desaire, sintiéndose irrespetados y ofendidos . Familias enteras la borraron de sus listas de invitados. El presbitero de la Catedral no la mencionó, pero el ataque todo el mundo comprendió (que) era para ella en el mero sermón de un domingo solemne” (52).

En “Me van a matar” les repetía innecesariamente, voz cascada y dolida, como una letanía profiláctica a sus hijas la Viuda de Moncada, en el cuento que lleva ese mismo nombre.

“...pero lla día a día labraba su desdicha futura, dentro de un sustrato de sufrimiento perenne y una fe inquebrantable en su propia santidad. Propensa a la tragedia y  a las premoniciones de clarividente, dentro de su limitadísimo ambiente hogareño de come santo y caga diablo, que la convertía en un ser casi sobrenatural” (63).

Fiel reflejo del sistema patriarcal, la Viuda de Moncada repetía: “ ¡Las hijas no, a esas profesión no! “(69).

Y agregaba de seguido:

“Dios no le dio alas al animal ponzoñoso. –“Ajá, mis alacrancitas, las llamaba para explicarles que la madre alacrana es devorada siempre por sus crías recién nacidas, las que sólo dejan el cascarón, pues hambrientas le comen sus entrañas” (69).

Estas eran sus oraciones de las largas horas de catedral:

Las Román son perjudiciales. Son unas coscolinas, nocivas, unas frescas, siempre llegando a prestar desde un peine hasta el mejor vestido... Padre nuestro que estás  en los cielos, que las Román no vengan por los vestidos de la Tita ni por el vestido celeste tan caro, ni por un poquito de sal ni por un tomate sazón. Santificado sea tu nombre... Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Hacé algo, Señor, por Pedro Pablo, puñetero que no quiso aprender ni a zapatero ni a sastre, oficio de cachón. Venga anos tu reino, hágase tu voluntad. Y volvía a intentar con la plegaria todo tipo de denuestos contra la gente que no quería o pedía la condenación eterna para los conservadores  que en la guerra dejaron manco a su abuelo y que lo peor por eso su papá se atacó del corazón cuando venía del mar y su mamita de un mal pato murió una madrugada febril entre tiros y gritos del cuartel en la primera invasión de los yankees. Y para aconsejar a sus hijas sobre el sexo solía decir: _Bendita sea  tu pureza y eternamente lo sea, puesto todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. Si, Madre mía !que estas niñas entiendan, iluminalas, Señora, que abominen del besuqueo y del toqueteo, pues vos sabés que la que da el pico da el mico. A ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María, te entrego en este día, alma, vida y corazón y a estas hijas mías que son mi gran ilusión (69).

Quiero terminar compartiendo con todas ustedes el concepto sobre las poetisas y poetas de Nicaragua que tenía Irma Prego:

Los internacionalistas, aficionados cineastas, filmaban a esos nicas increíbles que usaban el poema y la canción como arma efectiva para denunciar al enemigo y la guerra. ¡Es el combate de la canción y del poema!.

Obras citadas

Prego, Irma. Agonice con elegancia. San José-Costa Rica: Nuestra Tierra, 1994.

.., Mensajes al más allá. Managua, Nicaragua: Nueva Nicaragua, 1988.

  

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