Greg Douros                                                                                                                Páginas Verdes

                              

  “Identidad, conflicto y violencia en Nicaragua ”

 

La historia de Nicaragua ha sido llena de conflictos, resultado de varios factores, como la desigualdad social y económica, las intervenciones extranjeras y las dictaduras.

Este nuevo libro de Karlos Navarro y Jon Gandarias presente un análisis conciso de las causes de la violencia, su justificación, como enfrentarlas y la formación histórica de la violencia y la identidad cultural en Nicaragua.
Durante mi tiempo de residencia en Nicaragua, he escuchado de varios personas la idea de que si solo los Nicaragüenses se reunieron en una fuerza basada en los intereses nacionales sin banderas políticas, todo estaría mejor y los conflictos desaparecerían. Esta idea niega la realidad de que la sociedad está hecha de conflictos entre los diferentes intereses económicos, políticos y culturales. Navarro y Gandarías correctamente apuntan que el conflicto es natural, común e inevitable. El conflicto no es necesariamente malo, porque puede llevar el beneficio de cambio social y progreso. Lo destructivo del conflicto es cuando hay violencia, la cual es “nefasta...injusta e ineficaz”. La democracia cuando funciona como forma de organización, es clave en este sentido, porque permite que los diferentes grupos de la sociedad estén escuchados y puedan participar en canales formalizados sin la necesidad de usar violencia.

Sin embargo, los autores señalan que la violencia no solo se encuentra en la representación policial o militar, la tortura, la prisión o luchas callejeras, pero también se la puede ver en el hambre, la destrucción, el desempleo, el analfabetismo, la mortalidad infantil y otros problemas sociales. Estos damnificados permanentes no son “naturales” y su origen se encuentra en las políticas conscientes del gobierno y los grupos que apoyan esas políticas. Aquí se debe mencionar la violencia contra los trabajadores en las zonas francas. Los autores además incluye apropiadamente la destrucción del ecosistema como parte de la definición de la violencia.
Para cambiar la cultura de violencia, Navarro y Gandarias sugieren un cambio de la cultura nicaragüense que acepte la ética de la no violencia. Esta significaría cambios estructurales pero también de los individuos. La no violencia no significa inactividad pasiva o pacifismo inerme, sino que una fuerza activa y confrontativa con acción, protesta, intervención pacifica y desobediencia civil.

Los dos ejemplares más famosos y exitosos de este camino son la lucha para la independencia de India con Gandhi y la lucha africano-americana para los derechos sociales y civiles con Martín Luther King en los Estados Unidos. Las dos luchas enfrentaban un sistema violento que reprimía y mataba a los que protestaban.
Según los autores, la meta de la lucha no violenta es quitar el consentimiento popular del gobierno y sistemas de poder, amenazado su legitimidad, gobernabilidad y por lo tanto, su sobreviviencia.


Es más difícil para autoridades justificar protestando no usan la violencia especialmente cuando la causa se ve justa. Esta forma de pensar incluye una actitud de que ninguna de las partes pueden imponer su propio poder o eliminar a la otra. Una resolución no es posible siempre o a veces deseable, lo cual significa que hay que buscar una “meta programática que no es necesariamente eliminar el conflicto sino desminuir sus...componentes destructivo”. Este significa que un compromiso es parte del proceso, excepto con respeto a principios fundamentales.

Con la globalización no tiene sentido de solo hablar del estado como énfasis de protesta y centro de cambio social porque el estado ha perdido su posición primaria como poder. Ahora, hay que enfocar en las organizaciones internacionales también, como el FMI, el Banco Mundial, el OMC, e incluso el Grupo de los cinco más Japón. Hay mucha presión para gastar poco en el sector social que viene de esas organizaciones y es responsable en parte para los choques sociales, como el de 6% y el caso de los médicos Pro-salario. Las protestas pacificas que el paso en Seattle y Washington contra el OMC y el FMI amenazando exitosamente su legitimidad son dos ejemplos de esta nueva lucha.

Este libro da un buen resumen de la teoría de la violencia y como se desarrollo en la identidad cultural nicaragüense, su planteamiento del cambio no violento es un tema importante que tantos los partidos políticos y el gobierno como los activistas deben tomar en cuenta. Lo que falta en el libro es una profunda discusión sobre el uso de la violencia como mecanismo de cambio social y su uso “justo” por los poderes estatales.

Por ejemplo, aunque ha tenido efectos negativos, se puede argumentar que los enfrentamientos violentos sobre el 6% ha ayudado a la lucha. La pregunta para los que quiere el cambio social es ¿el cambio no violento es una táctica o es un camino moral? Los estudiantes han mostrado de que cuando ellos piensan que su adversario puede escucharlos y cuando su seguridad personal no está amenazada, ellos pueden usar la táctica de hacer protesta completamente pacificas, como la huelga que paso en la Universidad Agraria hace poco tiempo. Pero para convencer a los actores sociales del beneficio de una lucha pacífica como su forma principal de protestar se necesita un discurso amplio para mostrar ese punto. Hay ejemplos históricos cuando la violencia era necesaria para terminar una violencia más horrenda, como en la segunda guerra mundial. Sin embargo este tema podría ser un segundo libro continuando las ideas del primero 

Estudiante de la Maestría en Sociología. Universidad de Kansas ( USA)

                                  

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