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Frei Betto
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ASÍ
FUE, ASÍ ES |
Frei Betto
No pudiendo silenciar su filosofía, acusaron a Sócrates de corromper
menores, induciéndolo a tomar el veneno. Platón lo rescató del olvido y
lo hizo más presente a nuestro conocimiento que millones de nuestros
contemporáneos.
Lo mismo hicieron con Jeremías, acusado de ‘terrorista’ por anunciar la
justicia de Yavé, condenado al oprobio en una cloaca, exiliado de su
tierra. No conocemos ni uno de los nombres de los jueces del profeta,
pero el nombre de él y su obra conservan para siempre el sello supremo
de la Palabra de Dios.
Acusaron a Jesús de subvertir el orden del Templo de Jerusalén, de no
respetar
el sábado, de modificar la ley mosaica y de usurpar el título sagrado de
Mesías. Lo apresaron, lo torturaron, lo condenaron en dos procesos
políticos, y lo remitieron al suplicio de muerte. Crucificado, resucitó
en la fe y en la historia, como paradigma de amor, presencia viva de
Dios entre nosotros.
Felipe dos Santos fue el primero en levantarse a favor de la
independencia del Brasil. Lo amarraron a cuatro caballos, cada uno de
ellos atado a uno de sus miembros más largos, y lo descuartizaron sobre
las piedras filosas de las calles de Vila Rica. Él y sus compañeros
rehusaron enviar a la metrópoli las riquezas de la colonia, en un osado
gesto de soberanía. Apresados, fueron torturados, degradados, exiliados
y asesinados. Tiradentes, colgado en la horca, fue salado el suelo en
que vivió, y su cabeza estuvo expuesta como ejemplo execrable; hoy es la
figura mayor en nuestro panteón nacional.
Lo persiguieron como comunista peligroso en las selvas de África y de
América del Sur, temiendo que se extendiesen por los corazones jóvenes
las semillas revolucionarias de la utopía. Hasta que, atrapado en
Bolivia, lo cosieron a balazos y lo sepultaron en un lugar ignorado. Hoy
el Che Guevara es una estrella que conmueve corazones, luciendo altivo
en ropas y accesorios, cual icono de esperanza libertaria.
Así sucedió con Giordano Bruno y Galileo Galilei, Juana de Arco y
Maximiliano Kolbe, Edith Stein y Bonhoeffer, Gandhi y Luther King, todos
ellos reos en juicios mancillados por la hermenéutica pervertidora de la
ley, aquella en que el juez se coloca por encima de la letra y la hace
rezumar espíritu vengativo, rencoroso e injusto.
Eso está sucediendo con José Rainha, Diolinda y Mineirinho, y con tantos
como, en Brasil, luchan por un pedazo de tierra y un poco de pan.
También fueron tratados como ‘terroristas’ tantos que lucharon por la
redemocratización de este país, así como, al arbitrio de la Justicia,
fueron apresados, engrilletados, encarcelados y condenados Graciliano
Ramos y Antonio Callado, Lula , José Genuino y otros muchos.
Mi padre era juez. Me dejó como herencia la lección de que un juicio
injusto, una sentencia precipitada por emociones sospechosas, una
condena indebida, serán, implacablemente, reos de la historia. El
derecho a la vida es superior a la letra de la ley, pues no todo lo que
es legal es justo.
Se condena a los líderes de los sin-tierra, cuando más bien el reo
debiera ser el latifundio; a hombres y mujeres que luchan por derechos
elementales, cuando la acusada debiera ser la estructura social que
produce tan abismal desigualdad; reivindicaciones históricas y justas,
como la reforma agraria, cuando los tribunales debieran citar a los que
se apropiaron de tierras baldías, malhabidas, dejándolas ociosas en un
país de hambrientos.
La historia, sin embargo, termina haciendo justicia. Si fue así, así es
y así será.
Frei Betto es escritor, autor de “Bautismote Sangre”,
entre otros libros.
Traducción de:
José Luis Burguet.
15 setiembre 03
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