Guaribas, en el Piauí, tiene poco menos de 5 mil habitantes y
es uno de los municipios más pobres del Brasil. Allí comenzó
el Programa Hambre Cero. En verdad era imprescindible el Sed
Cero. Para obtener agua, desde hace 50 años la población
recorría 4 km hasta una vertiente en que nace un manantial
en una pequeña gruta. Mujeres y niños cubrían diariamente
los 8 km cargando baldes en la cabeza.
Gracias al Hambre Cero, un conjunto de depósitos bombea el
agua arcillosa de una laguna situada en el perímetro urbano
y mediante una fuente entrega a la población agua potable.
En octubre se montaron 5 mil metros de red de distribución.
Doña Lidia Dias, de 36 años, contaba lo bueno que es tener
agua cerca de casa, cuando su marido, Salvador Alves, de 43,
añadió: "Esa agua es una maravilla. La gente pasaba el día
haciendo fila, pues mi mujer salía a la 1 de la tarde a
buscar agua y regresaba a las 6 de mañana". Marleide Alves
Duarte, de 20 años, dice que antes de que hubiera fuente
acostumbraba a llegar a la gruta a la 1 de madrugada y salir
de allí a la 7 de mañana: "Las mujeres hacían fogatas para
calentarse. Ninguna olía a su marido, por que él regresaba
del trabajo y no podía bañarse".
Además de favorecer la vida sexual de las parejas, el Hambre
Cero trata de saciar el hambre de pan y de belleza. Guaribas
recogió este año 160 toneladas de frijol. Por vez primera
nadie negoció directamente con los intermediarios, que
ofrecían 22 reales por saco; la comunidad organizada decidió
vender colectivamente mediante subasta: el saco fue vendido
a precios que oscilaron entre 50 y 70 reales.
El Hambre Cero es un conjunto de políticas públicas. Menos
importante en el programa es distribuir alimentos. Más
importante es fomentar la renta, el empleo, el rescate de la
autoestima y de la ciudadanía. En Acauã (PI), otro municipio
piloto, una señora de 73 años, alfabetizada en tres meses,
le pidió al agente de seguridad alimentaria: "Quiero ir al
sindicato rural a cambiar mi carnet de jubilada". Él no
entendió la razón, pero ella añadió: "Aquí tengo mi dedo;
ahora quiero poner mi firma".
En el Piauí el programa ya está en 84 municipios y dentro de
poco serán 108. De aquí a final de año habrá mil en todo el
semiárido nordeste, incluyendo el Valle de Jequitinhonha. La
meta en el Piauí era implantar, en 180 días, dos comités
gestores; en 120 días serán 24. Ya fue entregada la
documentación completa de certificados de afiliación a CPF a
337 personas. Funcionan ferias municipales en Guaribas y en
Acauã, donde están siendo construidos mercados públicos. La
electrificación llevó luz a 4 poblados rurales de Guaribas.
La previsión de asegurar en 180 días la posesión del carnet
alimentario a mil familias fue superada significativamente:
en 120 días, 13,307 familias de 24 municipios ya podían
retirar mensualmente 50 reales de la Caja Económica Federal.
Están siendo construidas 1,500 viviendas, todas con 7
ambientes. Estaban previstas 430 fosas sépticas en los
primeros 6 meses; fueron abiertas 1,500 en 4 meses. En los
dos municipios pilotos, el Analfabetismo Cero ya favoreció a
600 adultos. Los alfabetizadores -estudiantes y profesores
de la región- ganan al final del curso, que dura 3 meses,
100 reales por alumno alfabetizado, o sea unos 1,900 reales
por 3 meses de trabajo. Y cada alfabetizado recibe, junto
con el diploma, 200 reales, más 100 reales por la carta
enviada al Presidente Lula y otros 100 por la carta enviada
al gobernador del estado. De ese modo, el hambre de saber
reactiva la economía local, saciando también el hambre de
pan.
En febrero el programa "Fantástico", de la TV Globo, mostró
la favela Piratininga, en Osasco (SP), donde viven
emigrantes de Guaribas. Risonaldo Ferreira Alves, de 23 años,
vivía allí y trabajaba como ayudante picapedrero. Atraído
por las buenas noticias del Hambre Cero, regresó a su
municipio: "Regresé porque están sucediendo cambios.
Guaribas no tenía nada. No había pavimento, no había empleo,
no se podía sobrevivir". Ahora estará empleado en la Cohab (Cooperativa
Habitacional), en la construcción de casas. Aderismar de
Andrade Dias, de 20 años, también regresó a Guaribas,
dejando en São Paulo su trabajo con moldes de yeso, por el
que recibía 250 reales al mes; ahora ayuda a construir casas
y gana en promedio 30 reales al día, manejando el camión de
su padre, transportando materiales. "Y con la ventaja de
vivir con mis padres, no vivir en una favela y no tener
miedo a la violencia".
La población de Guaribas desea tener también una radio
comunitaria, pues además de información quiere decir su
palabra. Palabra es sinónimo de Dios, Verbo que se hizo
carne. Ese rescate de ciudadanía propiciado por el Hambre
Cero es, sin duda, su mayor mérito, lo que lo define como un
combate no sólo al hambre sino a la exclusión social. Como
ya decía santo Tomás de Aquino: "No se puede exigir la
práctica de las virtudes a quien pasa hambre". Ocho siglos
después de esa observación, al menos el gobierno brasileño
comprendió que sin pan no hay paz, porque la paz, como
denunció el profeta Isaías hace casi 3 mil años,
necesariamente debe ser hija de la justicia. En ese sentido,
el Hambre Cero lanza también las semillas de la Violencia
Cero.