José María Laso Prieto

 

“La conmemoración asturiana del gran poeta Rubén Darío”

 

Mi buen amigo Heradio González Cano, nicaragüense de oficio y ovetense de adopción, es un infatigable difusor de las conexiones que el gran poeta del Modernismo tuvo con Asturias Heradio fue el impulsor de la presentación de un libro titulado “Rubén Darío Siempre”, en la elaboración del cual había actuado de coordinador. Recientemente se efectuó tal acto cultural en el Club Prensa LA NUEVA ESPAÑA con su participación del filosofo Gustavo Huena y la de otras personas relacionadas con el libro. Yo también figuraba como integrante de la mesa redonda presentadora, pero una imprevista reunión en Madrid, me impidió participar. En cambio, figuro en el libro “Rubén Darío, siempre” con un trabajo titulado “En el 80”, aniversario del fallecimiento del gran poeta Rubén Darío”. Así contribuí a resaltar tales conexiones entre Rubén Darío y Asturias, bien concretadas en sus tres visitas a nuestra región. La figura del poeta nicaragüense me hace recordar mi adolescencia. En mis últimos años escolares tuve la suerte de disponer de un libro de poemas hispanoamericanos. Recuerdo con nitidez la gran impresión que me produjo la lectura de los poemas seleccionados de los libros “Azul” y “Prosas profundas y otros poemas”, de Rubén Darío, que se habían incluido en tal antología. Su excepcional colorido y eufonía me atrajeron especialmente, ya que sintonizaban muy bien con mi vitalidad de adolescente. También me impresionó mucho su famosa “Marcha triunfal”, por su capacidad de hacer vibrar al lector con su rápido y fuerte ritmo musical. 
Todavía recuerdo algunas de sus estrofas. También recuerdo que, con motivo de la entrada triunfal en La Habana de los “halsados de la Revolución Cubana, se hizo una adaptación para el acontecimiento del célebre poema rubeniano. Grabado en disco nos lo hicieron llegar manos cubanas amigas junto con diversos discos de la re-volución cubana. 
Durante mi prolongada permanencia en el penal de Burgos –donde fui recluido por luchar por el restablecimiento de la democracia en España- topé de nuevo con los poemas de Rubén Darío. Ello fue una consecuencia de mi voluntad de profundizar en el conocimiento de la literatura hispanoamericana. En ese sentido, me fue de mucha utilidad una historia de la lite-ratura española y latinoamericana que se había editado en Cuba antes de la Revolución. Su autor era el profesor español exiliado Juan Chabás –activo miembro de la Gneración del 27- y, a mi juicio, el que proporcionaba un mejor conocimiento tanto de la obra poética de Rubén Darío como del movimiento lite-rario modernista. Asimismo, tuve oportunidad de leer en el penal de Burgos los “Cantos de vida y esperanza” de Rubén Darío. De esta parte de la obra poética del gran nicaragüense se ha dicho: “Sin perder la eufonía que la caracteriza, se vuelve actitud menos estelizantes”. En este libro deja ya traslucir su autor una clara tendencia hacia el compromiso político y social, a través de las visiones históricas y los temas políticos abordados. Igualmente, se observa en él una exaltación de la América precolombina y un creciente pesimismo sobre la situación presente de América Latina. 
El impulso poético de Rubén Darío no podía, por su propia fuerza, permanecer aislado. Pronto se insertó en el gran movimiento modernista que habrían encabezado Verlaine, Morcas, Baudelaire; Mallarmé, Poe y Walt Wlutman. Como bien precisó el profesor Juan Chabás, tuvo caracteres distintos en América y España. Respecto a tal distinción, nada mejor que compartir su sólida posición, en la que se conjugan dialécticamente los elementos de unidad y distinción: En América, la nueva escuela pretendió, ante todo, una renovación de las formas embelleciendo hasta la suntuosidad su espléndido exterior. Los motivos ornamentales de la poesía mo-dernista, contribuyeron a ese lujo formal: piedras preciosas –mármoles, rubíes, topacios, amatista, ópalos, ágatas, malaquitas, etcétera-, plantas y flores exóticas; pavos reales, cisnes, príncipes y elementos de un orientalismo suntuoso y convencional llenan los versos de los poetas mo-dernistas. Por el contrario, la ecuela mo-dernista tuvo en América precursores cuya poesía es anterior a los años de la última década del siglo. Entre los más ilustres se encuentran los mexicanos Díaz Mirón y Gutiérrez Nájera: los cubanos Julián del Casl y José Martí. Este último de extraordinario y fulgurante riqueza verbal, sobre todo en su prosa, y consciente de su fuerza renovadora; y el colombiano J. Asunción Silva. En todos estos poetas, el espíritu de independencia de las jóvenes repúblicas de América, o el ansia de ella y la lucha por lograrla, hacen aparecer entre los temas de su poesía el del patriotismo nacionalista y el del coraje contra el yanqui, que comenzaba a ser una amenaza para las libertades, recién conquistadas de esos jóvenes pue-blos hispanos. El primero, se manifista en los cánticos a las grandes montañas, ríos y selvas de América; el segundo, en las composiciones que avisan del peligro yanquí, como la “Ola a Roosevelt” de Rubén Darío, que a continuación transcribimos:

“Eres los Estados Unidos
eres el futuro invasor
de la América ingenua que aún tiene sangre indígena y sueña.
Y ama, y vibra y es la hija del sol...
tened cuidado; 
¡Viva la América española!
se necesitaría, Rooseverlt, ser, 
por Dios mismo,
el terrible y el gran casador 
para poder tenermos 
en vuestras férreas”

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