Científicos, tanto de
América del Norte como de América Latina, trabajan juntos en un intento por salvar al
jaguar, el felino más grande de América, que antiguamente se encontraba desde el
suroeste de los Estados Unidos hasta el sur de Argentina. Actualmente se desconoce la
población total de este impresionante animal, sin embargo los biólogos que colaboran en
el Programa de Conservación del Jaguar, de la Sociedad para la Conservación de la Vida
Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés), estiman que desde 1900 estos felinos han
desaparecido de un 50 por ciento de su territorio original. La mayor parte de su
desaparición se ha dado en los Estados Unidos, México, Brasil y Argentina.
Rosemary Marinello,
gerente de asuntos corporativos para Autos Jaguar-Norteamerica, dice que fue
"natural" para la compañía involucrarse en el programa de WCS y añade:
"El jaguar, cuya imagen de poder y elegancia nos ha representado con mucho éxito,
merece nuestro apoyo para asegurar su existencia".
Según Alan Rabinowitz,
director del Programa Mundial de Carnívoros, de la WCS, el programa busca organizar una
serie de talleres que reúnan a rancheros, científicos y funcionarios gubernamentales
para discutir la mejor forma de resolver los conflictos entre los jaguares y los
ganaderos. El primer taller se llevará a cabo a principios del 2001 en Brasil. Otras
metas del programa son establecer y difundir un reglamento para el rastreo y
manipulación de los jaguares, para que la información sea más exacta y comparable;
identificar y establecer, al menos, un sitio para la conservación e investigación a
largo plazo de este carnívoro; y llevar a cabo varios sondeos en regiones importantes
donde exista una escasa información sobre el estado del jaguar.
El jaguar (Panthera onca),
principal depredador terrestre del Hemisferio Occidental, se encuentra solamente en el
Nuevo Mundo. En su estado adulto, pueden pesar entre 36 y 158 kgs. y su tamaño oscila de
1.2 m y 2.1 m. Poseen cuerpos fuertes y compactos, con extremidades cortas y musculosas.
Hábilmente pueden correr, trepar árboles, nadar y andar agazapado en búsqueda de su
presa, que incluye a chanchos de monte, venados, monos, caimanes y peces. Su brillante
piel amarilla está cubierta de manchas café oscuro o negras; es su preciada belleza que
lo ha llevado a una constante disminución. En su apogeo, a finales de los sesentas, el
comercio de pieles de jaguar generaba $30 millones anuales. En 1973, este mamífero fue
incluido en el apéndice I del Tratado de Comercio Internacional de Vida Silvestre,
conocido como CITES, lo que significa que actualmente es ilegal comercializar pieles de
jaguar o cualquiera de sus partes.
Aunque la cacería de esta especie está prohibida en toda América, según la WCS, los
cazadores furtivos son abundantes. Además, este felino silvestre ocasionalmente mata al
ganado donde los pastizales han invadido su hábitat, por lo que los ganaderos les
disparan siempre que lo observan. Aparte de la deforestación, también les afecta la
disminución de su presa natural.
Los biólogos
costarricenses Eduardo Carrillo y Joel Sáenz, quienes son parte del Programa de
Conservación del Jaguar, están estudiando la relación entre los jaguares y la fauna de
la que se alimentan en el Parque Nacional Corcovado, al sur de Costa Rica. Ellos
descubrieron que durante ciertas épocas del año, una sola especie, el chancho de monte
(Tayassu spp.) comprende hasta el 65 por ciento de la dieta de los jaguares de Corcovado.
Los biólogos pusieron radio-collares tanto al depredador como a su presa usual, y durante
los últimos cinco años han rastreado los movimientos de ambas especies.
Carrillo calcula que hay
entre 75 y 120 jaguares en el parque. El está al frente de la Unidad de Biodiversidad y
Areas Protegidas, de una organización regional de investigación agrícola conocida como
CATIE. Luego de hacer los rastreos, él concluye que las 41.788 ha del Parque Corcovado
son muy pocas como para albergar un número suficiente de cerdos silvestres que puedan
alimentar a una saludable población de jaguares.
La radio telemetría
reveló, asimismo, que los jaguares de Corcovado también se alimentan de tortugas marinas
que salen a anidar durante la noche a lo largo de la costa del Pacífico de este parque.
Sin embargo, en las noches de luna, cuando las tortugas evitan salir a la costa, los
jaguares deben buscar su alimento de día, acechando a los chanchos de monte en la espesa
selva.
Ninguna de las especies
que le sirven de alimento es abundante: todas las especies de tortugas marinas están en
peligro, y las poblaciones de los chanchos de monte disminuyen continuamente debido a la
pérdida de su hábitat y a la cacería. La gente caza a los chanchos, aún en Corcovado
donde es ilegal, se lamenta Carrillo, comentando que el actual gobierno está haciendo muy
poco para proteger de los cazadores furtivos a la fauna silvestre del parque.
La deforestación fuera del parque está afectando tanto al depredador como a su presa,
afirma. "Es extremadamente importante establecer un corredor forestal que enlace a
Corcovado con otros dos parques cercanos", enfatiza. De otra forma, advierte, estas
áreas quedarán aisladas, y son demasiado pequeñas como para sostener poblaciones
saludables de jaguares y otro tipo de fauna.
El biólogo cree que el Programa de Conservación del Jaguar permite a los científicos
estudiar al jaguar en diferentes países, comparar los resultados y aprender de distintas
experiencias. "Descubrimos que en Belice los científicos están haciendo estudios de
población con cámaras infrarrojas, justamente lo que queremos empezar a hacer en el
noroeste de Costa Rica", explica. "Esperamos poder trabajar en el bosque seco,
porque hay muy poca información sobre el jaguar en este tipo de bosque". Carrillo y
Sáenz actualmente están buscando fondos para continuar con su investigación sobre el
felino.
Alan Rabinowitz, quien ha conducido estudios sobre el jaguar en Belice, afirma sentirse
optimista sobre las posibilidades de supervivencia de este mamífero siempre y cuando se
conozca más sobre su estado actual, su distribución, "y se solucionen los
difíciles temas del manejo de áreas protegidas, los conflictos entre el jaguar y los
ganaderos, y la sobrevivencia del animal fuera de las áreas protegidas, en las regiones
dominadas por el humano".
cortesía del Centro de Periodismo Ambiental