Discurso  Martinica en el  Marco del Segundo Seminario Jurídico Económico

 

En el marco del II Seminario Jurídico- Económico sobre la Integración Regional en el Caribe y América Central, realizado a fines del mes de octubre en Martinica, se abordaron temas de gran importancia para la Región, como: el Tratamiento Contemporáneo y las Consecuencias de la Trata de Esclavos y la Esclavitud, la Actualidad de la Cooperación Regional, los Derechos del Hombre en el Caribe Actual, el Desarrollo Turístico y los Derechos de la Población y el Derecho a la Soberanía en el Caribe. Por su trascendencia reproducimos el discurso inaugural que pronunció, en su carácter de Presidente de la Asociación Americana de Juristas, (AAJ) el Dr. Alvaro Ramírez González.   

 

Estimados compañeros que presiden esta actividad.

 

 Compañeros y Compañeras, amigos todos:

 

  “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor dudoso y lastimado de la América Inglesa, y acaso acelerarán y fijaran el equilibro del mundo”.

 

José Martí (Carta enviada al dominicano Federico Henríquez y Carvajal 23-3-1895).

 

A más de cien años, las palabras del apóstol de las Américas José Martí siguen vigentes.  Hoy más que nunca frente a la globalización del capitalismo y la inevitable transnacionalización de los procesos sociales, políticos y culturales que éste proceso encierra, el Gran Caribe tiene que jugar un rol fundamental, pero para ello es necesario como condición  “sine qua non” juntar fuerzas y voluntades.

 

El desarrollo de nuevas tecnologías ha producido nuevos procesos de producción y redefinido el trabajo en el mundo, asignándole a las naciones papeles o roles en una economía globalizada, con una conducción política unipolar, donde las leyes ciegas del mercado funcionan en interés de grandes transnacionales.

 

Este proceso, de cuyo sino es difícil escarparse, requiere innovadoras medidas, para desde una perspectiva grancaribeña disminuir los efectos negativos y potenciar las ventajas que pueda conllevar.

 

Cuando hablamos del Gran Caribe estamos hablando, mas que de la designación que se da al gran mar compartido, hablamos de México, de la “la garganta pastoril de América” como llama Pablo Neruda a Centro América, y de Colombia, Venezuela, las Antillas y demás islas.   Es decir nos estamos refiriendo a más de 17 naciones, con una población de más de trescientos millones de habitantes y con una participación muy significativa en la producción mundial.   Estamos hablando de una región excepcional que cuenta con todos los recursos materiales conocidos y con mucha biodiversidad aún sin conocer.    Es decir estamos hablando en términos figurados de una parte del planeta que puede ser autosuficiente.

        

Sin embargo, a pesar de esa realidad, las grandes naciones antes y los grupos transnacionales ahora, no han permitido con la complacencia de los segmentos sociales criollos, que nuestra América caribeña, haya podido darle respuesta a los problemas sociales y de desigualdad más oprobiosos.  Sentados sobre riquezas padecemos marginación, exclusión, miseria, destrucción, desempleo, analfabetismo, para mencionar tan solo algunas de nuestras limitaciones.

 

Creemos que este seminario será una ocasión propicia para que hombres y mujeres comprometidos con un Gran Caribe más justo, más próspero y mucho más feliz, nos plantiemos los retos de la globalización, teniendo como instrumento la integración regional.

 

Esta integración de una región que es competitiva entre sí y al mismo tiempo complementaria, tiene que ser creativa, gradual y múltiple.

 

El capitalismo globalizado ha producido fenómenos interesantes y nuevas perspectivas pero también realidades nefastas para los pueblos.   Estos procesos modulados y matizados por grandes grupos de capital, sin más identidad que la del lucro salvaje, no han producido los beneficios que las recetas fondomonetaristas y de instituciones análogas pregonan.   El número de personas que viven en la pobreza en América Latina, creció de 183 millones en 1990 a 230 millones en 1995, entre ellos según la FAO, 54 millones de nuestros hermanos padecen hambruna crónica.

 

Este es un fenómeno generalizado, donde la globalización no es panacea en región alguna del mundo.   El PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en su informe de 1994 sobre el desarrollo humano manifestaba;  “Mil trescientos millones de personas viven en absoluta probreza, literalmente en el umbral entre la vida y la muerte.   Un tercio de la población del sur vive en un estado de abyecta pobreza, en un limite tal de existencia humana que no puede describirse con palabras”.

 

En 1960 las 20 naciones más ricas del mundo eran 30 veces más ricas que el 20% de las naciones más pobres, 30 años después son 60 veces más ricas.   Y esta brecha se duplicará en los próximos diez años.

 

No quisiera seguir abundando en cifras que ustedes expositores y asistentes conocen mejor que yo, si, quisiera plantear en grandes rasgos algunas reflexiones, las que no pasarán necesariamente por los postulados de los economistas oficiales.

 

En primer lugar, pensamos que cualquier proceso  integrativo grancaribeño tiene necesariamente que superar los residuos colonialistas  e intervencionistas que sobreviven ignominiosamente en nuestra América.  Puerto Rico, las colonias francesas, inglesas y holandesas tienen que dar paso al surgimiento de naciones libres soberanas e independientes.  Guantánamo debe restituirse a Cuba y debe cesar el embargo norteamericano sobre la Isla, Panamá debe recuperar su plena soberanía sobre el canal sin subterfugios.

 

Debemos integrarnos para conseguir antes del nuevo milenio, una América independiente, porque no puede concebirse procesos integrativos sino entre naciones iguales.  Es por ello, que con toda la vehemencia posible exhortamos a este seminario a pronunciarse sobre la necesaria descolonización que el Gran Caribe requiere.

 

Coetáneamente en la búsqueda de esta solución al lastre de una región intervenida, debemos ser capaces de incidir en el resto del mundo de una manera tal que los términos del intercambio nos sean favorables o al menos no tan injustos.

 

Frente a nuestras potencialidades comunes, debemos de articular políticas de precios y ventajas globalizadas.  Sólo quiero referirme brevemente a dos grandes rubros en que casi todos los países ofertamos:  Banano, turismo.

 

Frente a quienes como aves agoreras plantean que no puede haber integración por que somos países competitivos entre sí.  Podemos decir, que frente a la realidad de ofrecer servicios y productos iguales, podemos adoptar acuerdos marcos y políticas definidas que unifiquen criterios sobre los precios.  Frente al banano, y productos agrícolas comunes, debemos luchar por mejorar en calidad, resolviendo de forma conjunta los problemas de producción.  Se impone para la región la creación de un centro de investigaciones de desarrollo agrícola,  que dé respuesta a la necesidad de adoptar tecnologías de punta y nuevos procesos productivos, crear o utilizar las más recientes variedades de semilla que permitan optimizar la producción, y evitar por ejemplo el absurdo que se dá en la producción bananera  en donde se pierde un 40% de la fruta porque no se están sembrando las variedades más resistentes.   Este centro de investigaciones podría impulsar también procesos de transformación de la materia prima para lograr el beneficio del valor agregado, y otras posibilidades que permitan ampliar mercados y corregir precios.

De manera similar se puede pensar frente al turismo. Ofertar un pasaporte único para visitar la región en su conjunto y ofertar paquetes integrados de varios sitios, podría ser una forma de aumentar nuestro flujo turístico, promocionando de forma conjunta nuestros bellos entornos y  nuestra  hospitalidad proverbial.

Hay que trabajar en otras palabras con creatividad frente a lo que nos pueda desunir, de tal forma que el proceso integracionista logre la superación de las contradicciones que plantea la competitividad en una síntesis que acarree beneficios mutuos a todos los países integrados.

Frente a la fragilidad financiera del capital golondrina, volátil y de pocos riesgos, es necesario con audacia crear instrumentos económicos propios y políticas de receptividad de inversión compartida.

Hacer realidad la creación de una moneda única es hoy por hoy una quimera, pero si es posible crear otro tipo de instrumento financiero que permita a la región la captación de inversiones duraderas, sólidas y de beneficio mutuo.

Otra iniciativa es unirnos como compradores.  Demandamos bienes y servicios no producidos en la región y frente a los volúmenes significativos de lo que compramos, es posible negociar como región estas adquisiciones, eliminando intermediarios, obteniendo mejores precios y calidades. 

 

Desde la sociedad civil debemos luchar por una integración que promueva la paz firme y duradera como  base granítica para construir sobre ella la democracia y el desarrollo sostenible de la región. 

 

La integración del Gran Caribe que soñamos no debe ser solamente asunto de empresarios y burócratas, debemos exigir que se fortalezca la participación ciudadana en los procesos integracionistas  a fin de que los gobiernos no solo piensen en proyectos macroeconómicos sino que también asuman, aquí y ahora, el compromiso de otorgar una serie de derechos a los ciudadanos de la región, como ser la nacionalidad Grancaribeña, el libre tránsito y residencia de las personas y su acceso a la educación, la salud y al trabajo en igualdad de condiciones a los naturales del país donde residan.

 

La posibilidad real de que ocurra en un futuro no lejano una nueva crisis mundial de igual o superior magnitud a la ocurrida en los años 28-30, debe ponernos sobre aviso y en alerta roja porque  nuestros pueblos desunidos y dispersos no podrán resistir este impacto.  Estos hechos asignan una prioridad impostergable a la integración del Gran Caribe para estar listos en mejores condiciones para resistir los embates de una nueva crisis económica mundial.

 

Las economías de los  países Grancaribeños están asediadas por la deuda externa que como bien se ha dicho es impagable tanto desde el punto de vista material como moral.  Durante quinientos años las grandes potencias colonialistas de Europa extrajeron inmensas riquezas de las entrañas de nuestra tierra y nuestro mar, mil veces más grandes que la deuda externa, luego en el apogeo del capitalismo gobiernos títeres impuestos a nuestros pueblos contrajeron deudas mediante contratos que adolecen de vicios jurídicos que les acarrean nulidad absoluta.  La integración debe crear un frente común para negociar la condonación total y absoluta de la deuda externa.

 

Para participar en un proceso integracionista que implica entrar a un mundo pluralista, necesitamos afirmar primero nuestra propia identidad, nuestra propia soberanía e independencia, ser nosotros mismos, para desde esta posición de fuerza negociar con el resto del mundo. Por eso la integración del Gran Caribe debe ser un proceso que rescate  los orígenes de nuestra cultura, o sea las expresiones científicas y artísticas maravillosas del desarrollo cultural de los pobladores autóctonos del Gran Caribe, la agricultura sostenible de los naturales de América, su arquitectura, sus conocimientos de  astronomía que les permitieron la creación del Calendario Maya; su cerámica, estatuaria, medicina, farmacopea ,  cosmogonía y teogonía, etc.,  así como el acervo  cultural  que recibimos de la España románica y arábiga, de Francia, de Inglaterra y de Holanda.   Al mismo tiempo debemos rescatar los nobles valores de la negritud, la belleza de sus labores artesanales, sus tradiciones artísticas, su lengua y  religiones ancestrales y sobre todo su música maravillosa que es el hilo conductor más fuerte que nos une a todos los hombres y las mujeres del Gran Caribe.  El regae, el mambo, la rumba, el calipso y tantos otros ritmos que se han apoderado en cuerpo y alma de la juventud y de la imaginación de varias generaciones en toda la tierra, constituye uno de los principales rasgos de la identidad propia del Gran Caribe.

Insisto, este proceso integrativo tiene que ser audaz y creativo, Foros como este deben contribuir a generar pensamiento crítico sobre la integración para que la sociedad  civil sea un actor destacado para romper con  procesos integrativos burocratizados, de  espaldas a las grandes necesidades de los pueblos.  Hay que ser capaces de soñar y actuar para que realmente el gran Caribe, sea una región libre, democrática, donde prevalezca la más plena armonía entre su naturaleza y las necesidades de sus habitantes.  Forjar la integración Grancaribeña para enfrentarnos a la globalización  o desaparecer como naciones, este es el reto.

 

 

  Dr. Alvaro Ramírez

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