“La voluntad de Dios para con nosotros consiste
precisamente en aquellas cosas que más valoramos. La voluntad de Dios
(...) se convierte en nuestra propia y verdadera voluntad. “
Texto Básico, p. 55
Es parte de la naturaleza human desear algo sin dar nada a cambio.
Quizás nos maravillemos si al comprar algo, el cajero dela tienda nos
devuelve más dinero del que le dimos. Tenemos tendencia a pensar que, si
nadie lo sabe, un pequeño engaño da igual. Pero hay alguien que sí lo
sabe: nosotros, y eso no da igual.
Lo que nos funcionaba cuando consumíamos, no suele funcionar mucho
tiempo cuando estamos en recuperación. A medida que progresamos
espiritualmente con la práctica de los Doce Pasos, empezamos a
desarrollar valores y criterios nuevos, a sentirnos incómodos cuando nos
aprovechamos de situaciones que, cuando consumíamos, nos habrían llenado
de satisfacción maligna.
En el pasado, es posible que hayamos convertido a los demás en nuestras
víctimas. Sin embargo, al acercarnos más a nuestro Poder Superior,
cambian nuestros valores. La voluntad de Dios se vuelve más importante
que salir airosos de una fechoría.
Cuando cambían nuestros valores, también cambia nuestra vida. Guiados
por el conocimiento interno que nos ha dado nuestro Poder Superior,
queremos vivir de acuerdo a estos nuevos valores. Hemos interiorizado la
voluntad de nuestro Poder Superior para con nosotros. Es más, la
voluntad de Dios se ha convertido en nuestra auténtica voluntad.
Sólo por hoy: Al mejorar mi contacto consciente con Dios, mis valores
han cambiado. Hoy, pondré en práctica la voluntad de dios, mi auténtica
voluntad.
“A medida que dejamos de ser egocéntricos y nos centramos en Dios,
nuestra desesperación se transforma en esperanza”.
Texto Básico, p. 110
¡Qué maravilla tener esperanza! Antes de llegar a Narcóticos Anónimos,
muchos vivíamos en la desesperación total. Creíamos que estábamos
destinados a morir a causa de nuestra enfermedad.
Muchos miembros mencionan que durante los primeros meses en el programa
estaban en una “nube rosa”. Hemos dejado de consumir, tenemos nuevos
amigos y la vida parece prometedora. Las cosas van de maravilla. En
aquel momento la realidad entra en escena. La vida sigue siendo la vida:
aún perdemos empleos, nuestras parejas todavía nos abandonan, nuestros
amigos mueren, seguimos enfermándonos. La abstinencia no garantiza que
la vida slaga siempre como queramos. Cuando la realidad de la vida tal
cual es se impone, nos volvemos hacia nuestro Poder Superior y
recordamos que la vida es así. Pero pase lo que pase en nuestra
recuperación, no tenemos que desesperarnos porque siempre hay esperanza.
La esperanza se basa en nuestra relación con un Poder Superior.
Esta relación, tal como lo expresa la idea de nuestro texto, se
desarrolla con el tiempo: gradualmente nos centramos más en Dios. En la
medida en que dependamos cada vez más de la fortaleza de nuestro Poder
Superior, los problemas de la vida no tienen por qué arrastrarnos a un
mar de desesperación. Cuanto más nos centramos en Dios, nos centramos en
nosotros mismos.
Sólo por hoy: Dependeré de mi Poder Superior. Aceptaré que, pase lo que
pase, mi Poder Superior me brindará los recursos para vivir con ello.
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