Sergio Gabriel Villegas, Profesor de Filosofía, Julian Balbín,
sergavil@hotmail.com ,
Teléfono: 011-4450-8243
Latinoamérica,
responde al mundo desde su lugar sin necesidad de recurrir a sistemas
foráneos sacados de la historia, la política, la economía, sino desde lo
propio su componente social, todo lo que la constituye en su primera y
última instancia, su cultura.
Sin dudas no es posible entender la situación del los países en una
análisis personalista, individualista, minimizando los complejos
procesos socio culturales que encierra la denominada globalización, pero
mi interés humilde es situarme, y desde aquí situar a mi país,
Argentina, y la región a la que pertenece; América Latina. Entiendo por
Latinoamérica una unidad regional en coincidencia con procesos de
formación cultural (unidad cultural ella misma). Sin dudas que la
historia para nosotros no comienza con el descubrimiento de América, hay
otra historia anterior que se descubre en la piel, en el lenguaje, en
características autenticas que nos diferencian de los demás, y nos dan
la seguridad de saber quienes somos y quienes no somos; la clave más
adecuada es la que nos dona el concepto de Mestizos, existe algún
prejuicio? Tratemos de entendernos para descubrirnos e identificarnos.
Nosotros latinoamericanos estamos atravesados por dos historias, la
primera es la de aquellos que vivieron desde sus orígenes en éste suelo,
la que lo cultivó, la historia de aquellos que vivieron de la naturaleza
y construyeron o tejieron sus historias de vida, la de sus culturas
nacientes donde no siempre necesitaron establecerse en un lugar
definido, donde no fue necesario en algunos casos una lengua escrita,
donde dioses y hombres convivían sin distancias y sin tiempos. Pero
entender la existencia de distintas culturas precolombinas no significa
que no exista historia en sus propias construcciones sociales, pues hay
un sustantivo que nos transversaliza, somos humanos en cualquiera de las
circunstancias.
La segunda historia es la que sitúa a Latinoamérica dentro de la
historia universal, generada por el descubrimiento de lo que luego se
denominó América. Entonces podemos entender que con posterioridad
entraron en el continente nuevas culturas, Occidentales, que fueron
integrándose en el entramado de lo que denominamos como primer historia.
Es el momento en que un nuevo continente nace como novedad para la
historia universal. Nadie puede negar que el concepto de mestizo tiene
en ese momento ciertas connotaciones de desprestigio, si la duda era
acerca del alma de los indios, una mezcla de animales humanizados, no
menos real es que el español tiene un nivel socio cultural para su época
que no tienen los hijos de él con una india, ni la misma madre de sus
hijos. Una de las cuestiones que deberíamos entender es el hecho de que
el mismo colonizador también fue colonizado; pues no existe la
devastación de las culturas originarias, sino síntesis de las culturas
encontradas, proceso que también existió entre las culturas originarias.
El punto más importante de éstas líneas de pensamiento resulta el poder
ser concientes de muchos de los prejuicios heredados de éste choque de
culturas, el primero es que aceptamos como real que todo extranjero es
sinónimo de civilizado, por ende su cultura “superior” hace que se
dividan en castas sociales, inferiores ciertamente; dando por supuesto
que el pensamiento solo viene de un lugar. La organización social parte
de los centros institucionalizados políticamente hacia el interior de
los virreinatos o lo que luego se denominó como provincia, confederación
etc.
¿Cómo podemos entender lo que somos si no incorporamos en nuestro
pensamiento ambas realidades?. Otro es el prejuicio del que se adueño la
política en períodos de organización y gobierno, “civilización o
barbarie”, es que no tenemos características de ambas en nuestro ser? O
acaso no existe una mirada extraña cuando se diferencian un barrio de
gente de clase social alta o aquellos que arman sus casas
originariamente con maderas y viven hacinados con su grupo familiar?
Somos todo lo que hay en nuestro vasto continente, por que el
crecimiento que hemos engendrado tiene que ver con todo lo que nos
aconteció históricamente, existen aún los prejuicios y debemos
replantearnos continuamente que es lo que somos, para saber lo que
necesitamos, y desde ese punto de partida nosotros mismos podamos
responder sin recetas externas. ¿Cómo entendernos desde un marco teórico
externo? ¿Cómo adecuarnos a parámetros externos y justificar el fracaso
con la excusa de no llevar las ideas de una forma idéntica a la
original? Cuando entendamos que somos humanos, que nuestras aguas corren
como torrentes, que no podemos bañarnos siempre en las mismas aguas, que
nadie puede dar respuesta a nuestras necesidades desde otro lugar sin
experimentar qué es ser Latinoamericano, cuando alguien entienda todas
las culturas que nos componen, y que en nuestra sangre corren españoles
y diaguitas, quechuas, patagones, araucanos, los que inmigraron de la
posguerra, sabrá ver a nuestro continente como a la pachamama, aquella
tierra que abriga y da de comer a distintas culturas; entonces el
concepto de mestizaje, solo será un concepto que nos hermana, nos iguala
en todas las condiciones. Cada región de Latinoamérica tiene su propia
característica, fue constituida de forma particular, tiene una forma de
“estar - siendo”1 que le es propia. El factor común entre todas las
regiones es que siempre por la misma condición humana existe alguna
clase de mestizaje cultural, por que la misma madre (que es más que un
horizonte de comprensión) dio de comer y abrigó a sus hijos; es parte de
la génesis de nuestra hermandad cultural.
Entonces ¿qué hay que tener en cuenta para elegir a quienes nos
gobiernan? Entender que nada puede escapar de esto, ni la política, ni
la economía, ni la educación, ni la salud, puede estar ajena a ésta
realidad y las leyes deben ser el contrato más adecuado a éstas
circunstancias, no debe haber fractura entre hombres y legislación (al
modo de una fractura ontológica 2), y cualquier copia extranjera que
intente ser impuesta como solución mágica, entienda que en nuestra
tierra, habitan hombres y dioses con sus propias realidades; entonces el
más honesto trabajo y más arduo, tendrá que ver con poder dar soluciones
aplicando políticas adecuadas, regionales, una economía que no desplace
sino que incluya, donde la distribución de las riquezas sea equitativa
con el trabajo, donde se valore la naturaleza como un medio inapreciable
de vida, donde la salud sea la respuesta a los padecimientos de nuestros
ancianos, necesitados de acilo por haber quedado excluidos, sin una
institución que los represente y actúe de sostén, niños que no sufran
desnutrición, condena de nuestro futuro; una educación que mire las
diferentes culturas y sus necesidades, donde aprender sea cultivar lo
propio para aprehender lo foráneo. Para ellos es necesario políticos que
nos representen de modo adecuado, solo con esta mirada podremos
encontrarnos en el mundo global, sosteniéndonos en lo que somos,
sabiendo qué nos identifica y diferencia..