Róger Mendieta Alfaro                             Páginas Verdes

                 

                 LOS INTELECTUALES Y EL PODER

 

 

Lo primero que habremos de preguntarnos con relación al tema, es que ¿qué papel juegan los intelectuales con relación al poder?. Me atrevo a decir que esta actitud de la cuestión depende de la clase del intelectual, y por supuesto, de su escala de valores y de su pedigri emocional. Y, claro, jamás se deberá descartar el tipo de ambiente social en que el intelectual mueve su razón de ser, especialmente si el medio en el que le toca ejercer sus funciones y hacer su vida, es un medio hosco, brutalizado y comprometido con una situación dentro del entorno político, no convencional que aniquila la acción y la creatividad puramente intelectual para servir los intereses del estado o de un señor determinado.

 

Me pregunto: ¿Cuál verdaderamente es el papel de los intelectuales frente al poder?

 

Y oigan ustedes como lo digo: “Frente al poder”. Porque hasta donde se puede examinar racionalmente, el intelectual aunque es capaz de generar poder con sus conocimientos, por su vasta percepción de la sociedad, e igualmente ser un eficiente consejero, puntualmente en las difíciles funciones del gobierno de los estados, si es que estos son autócratas y dictatoriales es usual que toda acción positiva del intelectual - es decir todo consejo racional en beneficio de un buen gobierno -, venga quedándose a nivel de oído, o de pequeño comité de mensajero de Satanás.

 

Tengo la convicción - y esto es a titulo muy personal -, que aun cuando el intelectual es capaz de plantear soluciones al poder en la búsqueda del equilibrio en el funcionamiento de su aparato, el sujeto de nuestro análisis lamentablemente, no juega un papel de director en la conducción del estado. Para entender este asunto, debemos de estar claros, de que el verdadero poder esencial y dominante para llegar a serlo, para ser poder, típicamente es injusto, y puede incluso asentarse sobre bases muy lógicas, pero no racionales.

 

Este es el problema central de los intelectuales y el poder. Viene a ser una intelectiva y adorable ficción de comportamiento de orden moral, que se desdobla en engañoso desideratum con relación al yo actuante, al yo poder, dentro de un marco indeterminado y con una actitud muy sibilina.

 

El intelectual con relación al poder viene siendo algo así como un ordenador, a disposición del poder. En otras palabras, especie de ficha que es manejada con mínimo esfuerzo y hasta de manera displicente, con la seguridad de que siempre habrá un nuevo ordenador que pueda sustituir a quien produce incomodidades que no están de acuerdo con los principios y los fines que el poder agobiante pretende alcanzar.

 

El famoso florentino Nicolás Maquiavelo, expresión viva del intelecto renacentistas, y sempiterno merodeador de los mas sofisticados poderes de su tiempo, es le intelectual por antonomasia que sin eufemismos nos puede hablar claramente del juego de los intelectuales en el poder, a un lado del poder o contra el poder.

 

Con relación a lo ultimo - el intelectual contra el poder -, no tenemos que caminar largo para encontrar la respuesta: Manolo Cuadra, Pedro Joaquín Chamorro, Gonzalos Rivas Novoa, Salvador Mendieta, Emilio Quintana y muchos otros intelectuales que enfrentaron el poder, sufrieron encarcelamiento, o tuvieron que cruzar la frontera para estar fuera del alcance de la ira del dictador.

 

Y tornando a Maqui hábelo, oigamos lo que aconseja en El Príncipe: “es necesario que el príncipe sepa que dispone para defenderse de dos recursos: la ley y la fuerza. El primero es propio de los hombres, y el segundo corresponde esencialmente, a los animales. Pero como a menudo no basta el primero, es preciso recurrir al segundo”. Cuando hablo de la ley de la selva, ya ustedes saben a qué me refiero, aunque quizá valga la pena hacer mención del escritor Leonardo Arguello, quien al ser arrastrado por la algarabía y el libertinaje que en ocasiones produce el intelecto, siendo el supuesto jefe del poder-jefe de estado-, fue sacado fuera por el dictador Somoza, que era el verdadero dueño del poder que el poeta quería comenzar a administrar..

 

Aclaro, no pretendo quitar méritos a los intelectuales que es como quitarme méritos a mi mismo. No se trata de tal cosa. Más bien, se debe de estar bien claro que los intelectuales en el poder, aunque inciden de alguna manera renovándolo, ablandando a los menos dotados de entendimiento, no son capaces de incidir como poder decisorio y transformante a plazo inmediato. Si así fuese, los gobernantes se verían liberados de un sin fin de disparates, el país estaría beneficiado sin la comisión de éstos, y los ciudadanos comunes y corrientes podrían dormir tranquilos.

 

El problema sensible del intelectual - si es que realmente lo es -, es aquel típicamente atingente a su naturaleza, de que primero es el intelecto antes que sus comodidades, y como un gran número de esos artistas famosos, es necesario morder el polvo del ostracismo, sufrir el doloroso camino del triunfo, si es que lo acarician algún día, para poder disfrutar el sabor de la gloria que se complementa con un sentido profundo de libertad. Y esto, es necesario aclararlo, la mayoría de las veces, generalmente al margen del poder. El verdadero intelectual no es factor claro de decisión entre las funciones del poder rapaz, del poder dictatorial, del poder absoluto. Es posible que a determinados intelectuales - me refiero a los intelectuales genéricamente hablando -, les sea permisible un asomarse, un abanicarse con los arrullos del poder, pero de esta frágil experiencia de arrumacos, si el intelectual lo es verdaderamente, y tiene sentido patrimonial de su libertad, apenas lo rozará el aliento de una indescifrable fragilidad de musas en una fiesta dionisíaca.

 

Para concluir aclaro, no es fácil el trabajo del intelectual en el ámbito general en que lo toca desenvolverse. Y más difícil y complejo resulta cuando forma parte de la maquinaria sicológica mecánica en que pretende convertirlo el poder. Esto lo saben los intelectuales, especialmente quienes han tenido experiencias con dictadores de cualquier nivel, de cualquier calibre, quienes han funcionado bajo un mandato que les fue imposible eludir. Para ser concretos y sinceros, los intelectuales más bien han sido protegidos por el poder sea éste cual fuere: el del rey o el del villano de nuestro tiempo. Simplemente se los protege y cuida, porque eso si, es necesario como se cuida, vigila y protege una fuente de agua, porque esta es buena para la vida, para saciar la sed.

 

El agua de la inteligencia en la fuente del intelectual es fundamentalmente necesaria para que metan el entendimiento a quienes les falta y tomen de allí lo que requieran para el uso de sus urgencias.

 

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