Por: Róger Guevara Mena.
A lo largo de los últimos quince años, hemos tenido en
Nicaragua distintos gobiernos que a pesar de su marcada
tendencia ideológica en el caso de los Sandinistas en la
década de los ochenta y de los dos gobiernos democráticos
siguientes, no lograron desarrollar una completa y necesaria
armonía entre nuestras relaciones diplomáticas tradicionales,
que se han caracterizado por sobresaltos, cambios súbitos e
irracionales de funcionarios y la promoción comercial de
nuestros productos de exportación que representan la base de
nuestra economía y subsistencia, que exigen en el mundo de
hoy un mayor desarrollo y una rápida adaptación competitiva
que nos facilite insertarnos en las corrientes del mercado
mundial.
La configuración cambiante de la actual Comunidad
Internacional, representa un gran desafío para la función y
misión de la Diplomacia a ejercer en nombre de Nicaragua y
es en razón de esos cambios que se suceden en los gobiernos
y los negocios internacionales, que las relaciones
exteriores y el comercio usualmente se confunden, lo que a
veces parece inevitable, pero ocurre que ese riesgo de
confusión y de concentrarse únicamente sobre la economía y
de reducir las relaciones entre las naciones y los pueblos a
simples transacciones comerciales, nos puede hacer pensar
que lo mas importante es la búsqueda del dinero que va a los
bolsillos generalmente de unos pocos, descuidando los otros
aspectos de la relación entre los pueblos. La Diplomacia
Nicaragüense de la nueva era, debe mantener a pesar de su
permanente inexperiencia y continua pobreza, su ideal
elevado de servir al desarrollo integral de nuestro pueblo y
de toda la familia humana como gran marco de sus objetivos,
sin olvidar que tiene un rol importante que cumplir para
asegurar que las relaciones y las políticas internacionales
que se ventilan en los grandes foros correspondan a los
valores de los Nicaragüenses y estén basadas en una
comprensión sólida y clara de la persona y la sociedad
humana, tal y como lo describe la Carta de las Naciones
Unidas y en particular la Declaración Universal de los
Derechos del Hombre.
Diplomacia y Comercio Exterior de este periodo de Gobierno
del Presidente Bolaños, representan en los actuales momentos
de la globalizacion, el mejor rostro de nuestro País, pues
incluyen no solo el contacto directo de nuestros enviados
como personas idóneas, calificadas y representantes de muy
alto nivel de nuestro estado, sino que igualmente se
combinan ofreciendo en esos mercados la cantidad, calidad y
precio de nuestros productos de exportación e invitando a
los pueblos y gobiernos amigos a que nos visiten como
turistas, a fin de que nos conozcan no solamente como el
lugar de los terremotos, huracanes y guerras civiles, sino
también como pueblo organizado, trabajador y civilizado,
dispuesto a ofrecer el mejor recibimiento al extranjero
visitante, produciendo con ello una gran actividad económica
complementaria en beneficio de la economía familiar y
nacional. En esta nueva dimensión de nuestras relaciones
económicas y políticas exteriores, donde el comercio juega
un gran rol esencial en el desarrollo de nuestro bienestar
nacional, no debe perderse de vista dentro del marco
tradicional de nuestra relación comercial, la necesaria
ampliación del servicio consular oficial y honorario, que
permita a bajo costo y con agilidad empresarial ubicar a
nuestros representantes comerciales consulares en ciudades
del mundo importantes y como coordinadores naturales del
grupo selecto de Cónsules Honorarios distribuidos en puntos
importantes y estratégicos en el exterior, que recaerán en
personas nacionales distinguidas del país receptor, que
tendrán primordialmente como fin la promoción de nuestro
comercio e inversión, todo lo cual debe ser cuidadosamente
instaurado y monitoreado desde nuestra Cancillería de la
República. La Diplomacia y el Comercio Exterior como binomio
fundamental de nuestro desarrollo, no pueden ser mas
elementos separados ni aislados entre si, por el contrario
representan conjuntamente una cara de la misma moneda, a la
vez que su función va estrechamente enlazada con los
diferentes sectores de la empresa privada como motor de la
economía y las distintas ramas del estado como ente superior
y facilitador de las nuevas relaciones de nuestra nación con
el exterior y su fusión no solamente evitara las
repeticiones y duplicidades en las mismas actividades, sino
que también reducirá los gastos de nuestro usualmente
depredado, raquítico y mal distribuido Presupuesto General
de la Nación. Nuestro Gobierno al conocer la importancia
vital que tiene nuestro rostro exterior político y comercial
que tiene nuestra nación, deberá asumir en este aspecto la
máxima responsabilidad a través de eficientes y oportunas
decisiones, donde la competitividad publica y privada sea el
objetivo, a la vez que su invariable actuación, eficiente,
serena y equilibrada en la administración de los bienes
públicos, sea la garantía de la seguridad jurídica del
inversionista, el orden y la paz social, como medio
indispensable no solo del retorno de los capitales
nacionales exiliados, sino de la tranquila repatriación de
las remesas de nuestros conciudadanos en el exterior, la
sólida inversión de capital extranjero y transferencia de la
técnica a través de la educación, como mecanismos que
acompañen el resurgir de nuestra economía, produciendo el
desarrollo del empleo, que tendrá como natural consecuencia
el necesario bienestar de nuestro sufrido pueblo.