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La Política Exterior una Agenda Común |
Roger Guevara Mena
Los Nicaragüenses hemos tenido la amarga experiencia desde
que nacimos a la vida política independiente, que los
interesados en nuestras riquezas, aprovechando los rabiosos
e interminables pleitos entre nosotros, originados en
conflictos de lideres locales por ambiciones personales y
que luego se transforman en problemas políticos de carácter
nacional, hemos perdido durante el curso de nuestra historia
dominio del patrimonio nacional a todo lo largo de nuestras
dos fronteras territoriales y posesión de islas adyacentes
en nuestras costas del mar caribe, verdad y realidad que no
podemos ocultar y que representa una evidencia del atropello
sufrido como Nación y de nuestra falta de capacidad, visión
o patriotismo en la defensa jurídica y diplomática de los
intereses nacionales en nuestras clases y grupos
históricamente dirigentes.
Cuando se habla de Política Exterior, nos referimos a la
expresión del Estado Nicaragüense con otros estados u
organismos internacionales en la obtención de sus objetivos
internos como Nación, con la única limitación contenida en
los legítimos intereses de los otros y en las normas
reconocidas en el Derecho Internacional, sin perder de vista
la continuidad histórica de nuestra existencia y la estricta
relación con nuestras necesidades de seguridad y defensa
como la realidad, económica, social, política y cultural,
como una identidad singular de la familia centroamericana,
comunidad regional hemisférica y consecuentemente como parte
de la Comunidad Internacional Universal.
Tomando en cuenta que una sana política exterior entendida
como política de estado, que incluya como factores decisivos
nuestra pequeñez, pobreza y vulnerabilidad, así como nuestra
estratégica y ventajosa posición geográfica, debe estar por
encima de los avatares políticos y los cambios periódicos de
gobierno, su construcción debe realizarse lo antes posible
en base a un acuerdo entre las principales fuerzas políticas
de la Nación sobre las líneas maestras que definen la acción
exterior del Estado, en el marco de la geografía económica y
política de Nicaragua, basada en un verdadero consenso
creíble y consistente a mediano y largo plazo como política
de Estado, sin considerar las apuestas personales de poder o
intereses de Partido.
Por tanto la elaboración y puesta en practica de nuestra
política exterior es responsabilidad única y exclusiva de
nuestros actores políticos y sociales, esta no puede
entenderse como un programa rígido del cual no sea posible
apartarse, por el contrario, partiendo de elementos básicos
compartidos, debe ser un proyecto flexible que se adapte a
las cambiantes situaciones de la vida internacional, que le
permita a cada grupo o partido que suceda en el Gobierno del
Estado, mantener tanto los criterios fundamentales que
definen el objetivo, como las estrategias y mecanismos a
utilizar, dejando amplio margen para que cada equipo de
Gobierno de acuerdo a sus principios políticos e ideológicos,
pueda imponer su sello característico en el momento
histórico que le toque vivir.
Los tiempo que vivimos hacen mas que necesario una agenda
común sobre nuestro presente y futuro nacional como
expresión interna de nuestra acción internacional, cuyo
objetivo debe reflejar primordialmente nuestra inserción
como pueblo en el inevitable mundo de la globalización que
como una avalancha se avecina, construir una relación
articulada de países amigos y socios, basada en la igualdad
soberana, lealtad y respeto mutuo, a través de un dialogo
político y económico directo, bilateral y regional,
manteniendo en alto la defensa activa y universal de los
Derechos Humanos y nuestra total colaboración en la lucha
contra el terrorismo.
No podemos desconocer que la globalización, organizada en
forma equilibrada puede aportar positivamente a la
consolidación de la democracia y al desarrollo de la cultura,
pero un mercado salvaje como ya se anuncia, ante nuestra
empobrecida situación bajo pretexto de ingenua apertura o
competitividad, agravará aun mas la brecha existente entre
ricos y pobres y afectará indudablemente al medio ambiente,
resultados que deben ser previsibles y con criterios de
solución, que nos permita alternativas posibles de cercano
futuro, donde los mas desvalidos e indefensos de nuestros
ciudadanos, encuentren un refugio seguro a los dramáticos
problemas económicos y sociales que amenazan aumentarse,
antes del fin de la primera década de este nuevo siglo XXI.
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