Margarita López                                                                                         Páginas Verdes

 

Poemas



Elevación del Amor

A la maestra Ofelia Morales Gutiérrez.

Después de la tormenta interior,
del dolor sucedáneo
a la pérdida física de tu figura,
como quien se asoma, congelado,
al filo de la loma
donde se inicia
su perpendicular caída.
Después de los no sé cuántos tambaleos
que no son sino expresiones
de la dura batalla
por no dejarse morir
y hacer que sobreviva conmigo
tu amada imagen ya suavizada por el tiempo.
Después del 27 de marzo
y de muchas manos familiares, amigas,
formando conmigo, entrelazadas,
un círculo de calidez y esperanza,
me veo caminando de nuevo
recogida ya esta nueva cosecha
de muchos y jugosos frutos
que arranqué de aquel árbol frondoso
donde tantos días y noches descansé,
sollocé, me aferré y finalmente
me dejé refrescar
por la brisa de los atardeceres
en esta fugaz primavera de mayo y junio
que reverdece los abrasados campos
de nuestra "Nicaragua natal".

Después de este año y dos meses,
mi amor,
veo dibujante en el presente
la imagen iridiscente de tu ser incorpóreo
aquí, en lo íntimo de mi cerebro,
haciéndose idea y elevando con ella
voluntad, sentimiento,
actitud frente al mundo,
y me asomo, en la tarde de junio
a la hermosura de mi cielo tropical:
algodonadas nubes blancas,
azul intenso,
variaciones naranjas, rosáceas.
Sólo falta el arco iris,
y las mariposas de la ilusión
para crear la pista imaginaria
que inventó la metáfora del poeta
y que tú nos mostraste
en algunos de los infaltables textos
donde aprendimos a valorar la belleza.
¿Qué me dices ahora
si trazo mi propio arco iris de canciones
y llego a ti algún día
por la bella pista multicolor
que es la vida, vivida desde mí,
contigo enriquecida
y empujada por todos aquellos
a quienes amo
y me ayudan a encontrar
el "éxtasis feliz"
del superior anhelo".

Margarita López



Vida en la muerte


A Pablo Antonio Cuadra Poeta y amigo siempre

No puedo reponer tu ausencia.
El mundo sigue girando.
Yo apenas moviendo el corazón.
Se aprieta el dolor en el pecho
mientras recorro con triste mirada
los lugares de la casa
donde habita tu serena figura.

No quiero recordar bellos momentos:
besos y manos entrelazadas,
cuerpos traslapados en la oscuridad.
La felicidad, si ya no se tiene,
es sólo un papel arrugado.
Pero es que yo sigo
tan llena de tu olor varonil.
El inconsciente recorre tu piel morena,
tu perfil atractivo.
Así te veía yo, siempre amante,
aun con la muerte ya rondando.

Sentires, imágenes,
retazos de historia personal
entrecruzándose.
Disminuida capacidad de sonreír.
La ventana, antes abierta de par en par,
Pone cerrojos a la vida presente.

Porque es pronto, cierto.
Te fuiste hace poco,
hace sólo cuatro meses.
Natural para todos la herida aún abierta.
Natural y terrible
como todo lo que nace, florece
y luego acaba.
Natural y cruel, ponzoñosa,
La vacuidad del aire sin tu olor.
El peso de saber
que ya no vuelves a casa por las tardes
con tu amada carga de papeles.
La conciencia de la ausente risa.
Porque esa es la verdad:
que ya no estás para verte sonreír
por alguna de mis tonterías.

Seca estoy,
más allá en el fondo de mi pozo
clarea la luna
y dos figuras se acercan,
unidas, al brocal.
Y es que tú tenías razón
cuando me alentabas
en coloquios de nocturnas caminatas.

Por eso,
a pesar de todos mis pesares,
con el fardo de tu vacío a cuestas,
me asomo a la luz de cada día.
Veo el insecto libando en una flor
¡Cuánto degustabas esa imagen!
Y siento como un presagio
de la vida que continúa.

Margarita López

 

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