Karlos Navarro                                                                                           Páginas Verdes

Los niños y la violencia en la Televisión

KARLOS NAVARRO

La mayoría de los niños en el mundo, según un estudio de la UNESCO pasan un promedio de 3-4 horas diarias viendo televisión. Es decir que pasan 1500 horas por año frente al televisor, y apenas 800 horas en la escuela.
De esta forma la televisión se ha convertido en una influencia muy poderosa en el desarrollo del sistema de valores, en la formación del carácter y en la conducta de los niños y adolescentes.
Sin embargo lo más lamentable de todo este panorama es que la mayoría de los programas de televisión, esencialmente proveniente de los Estados Unidos, contienen un alto grado de violencia. Es por esa razón que los psiquiatras que han estudiado los efectos de la violencia en la televisión han encontrado que los niños y adolescentes imitan la violencia que observan en la televisión; se identifican como víctimas o victimarios; gradualmente aceptar la violencia como manera de resolver sus problemas. En ocasiones, el ver tan solo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tienen mayor probabilidad de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo. De manera que la exposición extensa a programas de televisión que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños.
Las jóvenes pueden afectarse aún cuando en la atmósfera familiar no haya tendencia hacia la violencia. Esto no quiere decir que la violencia que se ve en la televisión es la única causa de conducta violenta o agresiva, pero no hay dudas de que es un factor significativo.
Nell Postman autor del libro La televisión y los adolescentes, aconseja que los padres pueden proteger a los niños del exceso de violencia en la televisión, de la siguiente manera: prestando mayor atención a los programas que ven los niños; estableciendo límites en el tiempo que pasan viendo televisión; evitando que vean aquellos programas conocidos como violentos; deben cambiar el canal, o apagar el televisor cuando aparecen escenas ofensivas, y explicarle al niño aquello que consideran malo del programa.; señalar al niño que aunque el actor no se lastimó, hirió, o murió durante el programa, la violencia puede producir dolor o muerte si sucede en la vida real; desaprobando los episodios violentos que suceden frente a los niños; enfatizando el hecho de que esa no es la mejor forma de resolver un problema; para contrarrestar la presión que ejercen los pares, compañeros y amigos, debe comunicarse con otros padres para poner en vigor reglas similares sobre el tiempo y tipo de programa que deben ver los niños.
Los padres deben de utilizar estas medidas para prevenir los efectos dañinos que la televisión puede tener en otras áreas como el estereotipo racial o sexual. Aparte del contenido del programa de televisión el tiempo que los niños dedican a esta actividad debe limitarse ya que los saca de actividades más provechosas como lo son el jugar con sus amigos, la interacción familiar, el estudio y la lectura.
Es cierto que la tarea de educar a nuestros niños con sentido crítico, activo y que tiene que estar alerta a conceptos antes desapercibidos con el propósito promover un pensamiento que sea auto-correctivo es sumamente difícil. No obstante, en esta labor debe de ayudar el Estado y el gobierno actual.
Es necesario que el gobierno por medio del Ministerio de Educación en coordinación con la sociedad civil diseñe una política educativa televisiva en concordancia con los programas pedagógicos de la educación media para construir una cultura de paz.
La escuela es un espacio privilegiado para favorecer esta nueva visión sin renunciar a los programas actuales, pero inculcando nuevos enfoques y conocimientos relativos a la paz y los derechos humanos y sobre todo, un cambio democrático en las relaciones alumno-maestro y en el cotidiano escolar.
En el congreso académico Violencia y Juventud: Crisis de fin de siglo (realizado hace algunos meses) y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en donde participaron los editores de los más importantes diarios del país, historiadores, analistas políticos, comunicadores sociales, ect., entre las recomendaciones que sugirieron los expositores y los jóvenes, una de la más importante fue la de formar un Consejo Nacional de Medios de Comunicación con el propósito de diseñar programas culturales y educativos en el canal seis, dirigidos a la formación de la niñez y juventud nicaragüense. Sin embargo, como es sabido en este país diariamente se dan congresos, simposium y conferencias recomendativas que al final lastimosamente no sirven para nada.
 

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