Discurso pronunciado por el Dr. Gerónimo Ramírez
Brown, creador del Premio Nacional Rubén Darío, en la apertura de la
exposición de arte de la Semana Rubén Darío.
Señoras y Señores:
Una vez más, bajo el signo espiritual de nuestro Rubén Darío, el alma
nicaragüense vibra y se conmueve, trayendo a este recinto consagrado a
la gloria del bardo, las Expresiones del Arte Nacional, como la mejor de
las ofrendas a su recuerdo constantemente renovado en las fechas señeras
de su nacimiento y de su paso a la inmortalidad.
Esta Exposición, que según la ley ha debido principiar con el nacimiento
y se cierra con la muerte del Poeta, tiene un hondo sentido espiritual;
es un perfecto simbolismo que nos permite entrar en la vida del genio y
recorrer en una etapa de tres semanas, con el estudio devoto, la curva
de una vida que comienza en Metapa y se pierde con rumbo hacia la
eternidad, en la catedral de León, señalando dos puntos luminosos de la
tierra tocados amorosamente por la mano de Dios. Dos puntos que
enaltecen, que levantan la tierra nicaragüense, para convertirla en
grandioso monumento de la altura humana.
Detener el ritmo ordinario de la vida nacional por un momento para
pensar en el más glorioso de los nicaragüenses; avivar con su recuerdo
la fuerza creadora del espíritu; olvidar por un momento todas las
esperanzas de la hora; acercar al pueblo a la personalidad de RUBEN
DARIO mostrándole su obra fecunda, sus calidades de luchador infatigable,
de genio, de hombre; bañar de luz las almas con la producción artística
y literaria; enriquecer, en suma, la cultura patria, es lo que nos
propusimos al crear esta Exposición y el Premio Nacional RUBEN DARIO.
La creación del Premio Nacional RUBEN DARIO es algo fundamental en la
historia de la cultura nicaragüense, realizado por la Secretaría de
Instrucción Pública, entonces a mi cargo, con plena conciencia de sus
proyecciones hacia el porvenir.
Cuando visité, hace pocos años, la República de Venezuela, sentí
halagada mi devoción hacia el Libertador al darme cuenta de cómo se le
venera y se le conoce: en las plazas publicas su estatua, en los salones
su retrato, por todas partes, la casa solariega de Bolívar, con todo lo
que él tocó y amó, se conservan intactos; el Panteón del Libertador y el
Monumento de Carabobo, son dignos de su grandeza. Venezuela, patria
chica para genio tan grande, ha cumplido con su deber de madre.
Más tarde tuve una impresión semejante en Ecuador, al darme cuenta de
cómo se venera allá la memoria de Juan Montalvo, especialmente cuando
visité su casa de Ambato convertida hoy en Monumento Nacional donde se
guardan todas sus reliquias. En Cuba, pueblo inquieto y optimista, que
conoce la alegría del vivir, se detiene a menudo para meditar en la
memoria de José Martì, alma refulgente de aquella patria.
Con la emoción que produjo a mi espíritu el espectáculo del
reconocimiento nacional a los grandes valores que caracterizan aquellas
nacionalidades, pensé en RUBEN DARIO preocupado porque Nicaragua no
cumplía con la obligación que tiene de corresponder en algo a la gloria
que le dio su genio. El Maestro de los Maestros, el Reformador de la
lírica castellana, el más alto Poeta de habla española, el Conquistador
de dos Continentes que nació en esta tierra para gloria de Nicaragua,
debe ser el epicentro de las vibraciones del alma nacional y bajo su luz
inmortal han de crear y desarrollarse las actividades del espíritu y han
de florecer el pensamiento, la paleta, el cincel, el pentagrama y todas
las manifestaciones del Arte y de la Belleza. Con ese pensamiento y con
ese propósito se dictó la ley “Considerando: que RUBEN DARIO es no sólo
un motivo de orgullo nacional sino una gloria indiscutible de América y
del pensamiento latino y el nuevo aliento del idioma castellano; que
tales hechos, particularmente la connacionalidad, establecen una
responsabilidad indeclinable de cultura que debe reflejarse en la
conducta general de la Nación, en lo que concierne a los homenajes que
le son debidos y suponen en los hombres de letras del país un constante
anhelo de superación, actuando bajo aquella solicitud triunfal, que al
Gobierno corresponde apreciar y estimular, DECRETA: En ocasión del 25
Aniversario de su muerte se crea el Premio Nacional de Ciencias y Artes
Rubén Darío, consistente en MIL CORDOBAS que se darán al autor del mejor
trabajo que se presente anualmente aun concurso con arreglo a las bases
que reglamente la presente ley; 2º. Se consagra al excelso Poeta el
salón principal del Palacio Nacional, que llevará el nombre de RUBEN
DARIO.
En aquella oportunidad, con el doble objeto de elevar el concepto mismo
de los homenajes y de estimular el estudio de todo lo que se relaciona
con la vida y la obra de RUBEN DARIO, se abrieron concursos literarios,
adoptando como temas: “El Nacimiento y la Primera Infancia de RUBEN
DARIO”, “Rubén Darío y la Cultura de Nicaragua”, y Rubén Darío Como Nexo
Espiritual del Continente Americano.
Lo más granado de la intelectualidad nicaragüense concurrió a esos
certámenes, y se logró con ellos la producción de trabajos muy
interesante que la Secretaria recopiló en un libro que ha servido a los
estudiosos y los investigadores de otros climas para seguir ahondando en
los pormenores de la vida y de la obra de nuestro Rubén.
Más tarde se reformó la ley creadora para que el Premio Nacional RUBEN
DARIO no solamente estimulase a los escritores, sino también a los
artistas nicaragüenses. Se establecieron tres premios: para Literatura,
Escultura, Pintura y Música; y se acordó esta disposición: “La
Secretaría de Instrucción Pública, en el mismo acto en que se otorgue el
Premio Nacional RUBEN DARIO, anunciará el tema que deben desarrollar los
concursantes en el próximo año; y sin no lo hiciere, se entenderá que
dicho tema es libre y que la extensión o tamaño de la obra estará al
arbitrio de los escritores y artistas”.
Para 1942 se dejó libre el tema para el Premio de Literatura y se
indicio un retrato de Rubén Darío o el motivo de alguno de sus poemas,
para el de Pintura, y un motivo de sus poemas para el de Música. Este
concurso produjo valiosas obras musicales, magníficas obras de pintura y
música, con la participación de un número considerable de escritores y
artistas.
En el año de 1943 se señaló como tema para el Premio de Literatura:
“Rubén Darío, desde que salió de la escuela, en León, hasta que salió de
Nicaragua rumbo a Chile”, se dejaron libres los temas de Pinturas y
Música y se fijó para Escultura una efigie de Rubén Darío o un motivo de
sus poemas.
Después dejamos libres todos los temas y todavía quedó el propósito de
señalar en un futuro próximo como tema concreto: RUBEN DARIO EN COSTA
RICA, para conocer mejor lo que produjo el poeta en aquella tierra
hermana, porque apenas nos informa sobre el libro de don Teodoro Picado.
(Años después de la muerte del Dr. Ramírez Brown, el escritor pablo
Steiner escribió un buen documentado libro sobre “Rubén Darío en Costa
Rica”).
De esta manera hemos conseguido libros que van a volar más allá de
nuestras fronteras y entre ellos ese fruto de la investigación más
devota y más fiel que pudiera producir un escritor nicaragüense para
arraigar definitivamente el hombre y al poeta en esta su Nicaragua
natal: “Rubén Darío Criollo”, el premio nacional ganado en buena lid por
el Doctor Diego Manuel Sequeira.
Ojalà que ninguna circunstancia detenga el progreso de esta institución
cultural; la fuerza inicial es bastante motivo óptimo, para que pueda
detenerse la corriente cristalina que yo miro pasar orgulloso por que
conozco de donde viene.
Los nicaragüenses debemos pensar en RUBEN DARIO como en el Padre
Espiritual de la patria y no podemos quedar al margen de la vibración
continental que constantemente está enalteciendo su obra. Alberto
Ghiraldo ha escrito dos libros, el Archivo de RUBEN DARIO Y RUBEN DARIO
y su Creación Poética, en los cuales palpita una devoción espiritual
intensa; el Profesor Mapes, después de su libro sobre la influencia
francesa en las obras de Rubén Darío, publicó otro recogiendo lo que
Rubén dejó en los periódicos de Buenos Aires en los años de la Reforma
Literaria; muchos otros pensadores de América han escrito y siguen
escribiendo preciosidades sobre la obra de Rubén; nosotros ya podemos
presentar merced a esos concursos abiertos con plan y con técnica,
algunos libros también; pero no hemos llegado ni mucho menos a lo que
estamos obligados.
NOTA BIOGRAFICA: (Tomado de las palabras que pronunció el Sr. Horacio
Espinosa en el primer aniversario de la muerte del Dr. Gerónimo Ramírez
Brown).
“Como político figuró en las luchas que la juventud liberal, de buena fe,
sostuvo en cauce cívico, para evitar los malos efectos de las políticas
del “big stick” y del “dollar diplomacy” y de la intervención armada.
Como político llegó a las posiciones de Ministro de Gobernación, de
Educación Pública y de Relaciones Exteriores; y cuando le presentaron un
libro en que el núcleo central del oficialismo auspiciaba el continuismo
del Gral. Somoza García en el poder, él se negó a firmarlo, dejando por
este motivo la curul ministerial.
Poco tiempo después engrosó con su personalidad las del Liberalismo
Independiente, que repudiaba el continuismo.
No sacó riqueza del poder; pero quedaron como afirmación perenne de su
personalidad en la vida pública: su decisivo apoyo como Ministro de
Gobernación a la creación del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua:
y como Ministro de Educación Pública, el impulso cultural que le
imprimió a la Universidad Central, y el haber asumido el Estado la
glorificación anual a Rubén Darío”.
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