Frei Betto
Hace mil años que los papas son elegidos por los cardenales
nombrados por sus antecesores. En los primeros siglos de la
era cristiana los fieles de Roma escogían a los sucesores de
san Pedro, especialmente a través del voto de los diáconos,
que eran quienes cuidaban de las obras sociales. Se
consideraba que los obispos, casados con sus respectivas
iglesias, no debían interferir en la elección del obispo de
otra iglesia, la de Roma, que sirve de referencia a la
unidad católica. Vive en comunión con la Iglesia católica
quien se mantiene en sintonía con la sede romana.
Antiguamente, los diáconos y presbíteros que eran sacados de
sus parroquias para
ayudar en otras eran llamados cardenales- diáconos y
cardenales-presbíteros, ligados a la nueva función como una
puerta a su marco por medio de una bisagra o ‘cardo’.
Así, poco a poco se formó el Colegio Cardenalicio.
En el siglo 4º sólo los sacerdotes de Roma votaban para
escoger al pontífice. Los cambios se acentuaron a medida que
las elecciones pasaron a involucrar dinero y concentración
de poder. No olvidemos que después que el emperador
Constantino reconoció a la Iglesia, el año 313, ésta pasó a
disponer de un patrimonio considerable.
En principio cualquier católico de sexo masculino puede ser
elegido papa, con tal que esté dispuesto a dejar su familia
(si fuera casado), a abrazar el celibato y aceptar ser
ordenado obispo. Gregorio Magno era prefecto de Roma cuando
lo eligieron, el año 604. Poco después la institución se
clericalizó y en seguida se verticalizó. El último papa que,
al ser elegido, no era cardenal fue Gregorio XI, en 1370.
Desde que León III coronó a Carlomagno como emperador en la
basílica de San Pedro la noche de Navidad del año 800, el
papado pasó a defenderse de los poderes temporales. Pero en
los siglos 9 y 10 los nobles interferían en las elecciones,
en especial las familias Teofilato, Crescenti y Tusculani.
¿Cómo evitar el nepotismo y la corrupción? ¿Cómo Asegurar
que el elegido sea un hombre digno? Se buscó entonces entre
los monjes, sobre todo en el monasterio francés de Cluny y
en Alemania. Se fortaleció el Colegio de los Cardenales.
Desde 1059 sólo dicho colegio elige al papa. Cuando se reúne
para asesorar al papa, se convoca un ‘consistorio’; cuando
se reúne para elegir al papa es convocado un ‘cónclave’, que
significa ‘bajo llave’.
En el siglo 13 los cardenales tardaron año y medio para
elegir a Inocencio IV (1243-1254). Ante tanta demora, el
pueblo romano, con apoyo del senado, cerró el lugar donde
estaba reunido el Colegio Cardenalicio, obligándolo a
decidir la elección. Pero a la muerte de Clemente IV
(1265-1268) la demora en escoger al nuevo pontífice se
alargó durante dos años y medio, hasta elegir a Gregorio X
en 1271. La población de Viterbo, donde estaban reunidos los
cardenales, no sólo los mantuvo aislados sino que los
sometió a una dieta de pan y agua y arrancó el tejado del
lugar del cónclave en pleno invierno, forzándolos a salir
del impasse.
Hoy, cuando muere el papa, el prefecto de la Casa Pontificia
comunica al cardenal camarlengo (o mayordomo), que golpea
tres veces con un martillo la cabeza del difunto y a
continuación lo declara oficialmente muerto, rompiendo su
‘anillo del Pescador’. Después son citados todos los
cardenales a Roma para el novenario –durante nueve días se
reúnen para debatir sobre el estado de la Iglesia,
acompañados de teólogos y asesores.
El día décimo todos los que tienen menos de 80 años, y por
tanto derecho a voto, se encierran en cónclave, sin
acompañantes ni cualquier tipo de contacto con el mundo
exterior. Sólo cuatro cardenales pueden, si fuera necesario,
romper la clausura: el vicario de Roma, el penitenciario, el
camarlengo y el prefecto del Vaticano.
Hospedados en Santa Marta, un conjunto de apartamentos
dentro del Vaticano, ellos se dirigen en procesión a la
Capilla Sixtina, donde se realizan cuatro escrutinios al día.
En los primeros nueve días el elegido tiene que sumar las
dos terceras partes de los votos más uno. A partir del día
décimo basta con la mitad más uno de los votos.
Del actual Colegio Cardenalicio pueden participar todos en
la novena mortuoria, pero 60 de ellos están impedidos de
entrar en la Capilla Sixtina.
Juan Pablo II aumentó el número de cardenales. Durante 500
años no pasaron de 70. Juan XXIII lo amplió a 80. Pablo VI a
120. Y ahora son 195, de los cuales 134 están en edad de
votar, aunque hay uno in pectore, o sea, cuyo nombre sólo el
papa lo conoce. De los electores, más de 30 trabajan en la
Curia romana y 101 son europeos. Pero eso no significa que
el próximo papa será uno de ellos. Como dice el Evangelio,
el Espíritu de Dios sopla donde quiere, y no se sabe de
dónde viene ni a dónde va...
Traducción deJ osé Luis Burguet. 7 Dic. 03