A lo largo de varios años la Contraloría General de la
República, bajo la dirección del Ingeniero Agustín Jarquìn Anaya
injustamente encarcelado el día de ayer, ha venido denunciando la
nulidad de contrataciones estatales leoninas y onerosas para el pueblo
nicaragüense y ha señalado con rectititud las responsabilidades
administrativas y penales en que han incurrido los funcionarios públicos
involucrados. Con ellos se han evitado gravísimos daños al patrimonio
nacional, asestando golpes contundentes a los funcionarios corruptos,
todo en cumplimiento del rol que le corresponde jugar como organismo
rector del sistema de control de la administración pública y de
fiscalización de los bienes y recursos del Estado.
No obstante que la CGR de conformidad con la Constitución Política de
Nicaragua, debiera ser un organismo independiente sometido solamente al
cumplimento de la Constitución y las Leyes, la Procuraduría de Justicia,
el Poder Judicial y la Asamblea Nacional han invadido su órbita de
atribuciones obedeciendo la voluntad dictatorial del Presidente Arnoldo
Alemán con el fin de garantizar la impunidad y la corrupción.
En la escalada para destruir la CGR se destaca la queja que presentó el
Procurador General de Justicia ante la Asamblea Nacional, acusando que
el Ing. Jarquìn Anaya “violó las leyes”, “traicionó la patria”, “lesionó
la moral pública”, “delinquió”, “violó la Constitución Política” y
“abusó de autoridad” al aceptar las transferencias de fondos. Todo lo
cual se deshizo como una pompa de jabón ante la imposibilidad de probar
tales hechos. Se presentó entonces ante los Tribunales de Justicia una
acusación criminal contra el Contralor General y otros, atribuyéndoles
fraude, malversación, uso indebido de nombres, y asociación ilícita para
delinquir en perjuicio del Estado de Nicaragua. En la secuela de este
juicio originado en un contrato de la CGR con el expresentador Danilo
Lacayo, en el cual se utilizó el nombre de Ramón Parrales para cubrir la
actividad de Danilo Lacayo en apoyo de la fiscalización de la
Contraloría, el Juez Julio César Arias denunció presiones de magistrados
de la Corte Suprema de Justicia así como un intento de soborno
proveniente de la oficina de la Presidencia de la República. La
contraparte se quejó del Juez Arias ante el Tribunal de Apelaciones y
este lo absolvió de toda culpa. Finalmente la Licenciada Vanesa Chèvez
Titular del Juzgado Cuarto de Distrito del Crimen emitió sentencia,
interlocutoria el día cinco del corriente mes, fallando que ha lugar a
poner en segura y formal prisión al Ing. Agustín Jarquìn Anaya y otros
por ser autores del delito de fraude en perjuicio del Estado. El día de
ayer el propio Primer Comisionado de la Policía Nacional ejecutó la
orden de captura librada por la Juez. De inmediato los turiferarios del
gobierno han comenzado a cabildear la destitución del Contralor en la
Asamblea Nacional para dar cumplimiento a la voluntad omnímoda del
gobernante, desencadenando así una crisis institucional de impredecibles
consecuencias para nuestro desventurado país.
La sentencia de la señora Jueza carece de asidero legal. Interesa sobre
manera, en honor a la verdad histórica, decir claramente que el
Contralor General de la República Ing. Agustín Jarquìn Anaya no ha
cometido el delito de fraude por el cual se le condena. En efecto
nuestra legislación de la mantera regula este tipo penal en el Arto. 415
Pn. Según el cual comete fraude el funcionario o empleado público que en
las operaciones en que interviene por razón de su cargo, defraudare o
consistiere en que se defraude al Estado ... privándolo de un lucro
legítimo ... ahora bien, el delito de fraude y otros de la misma familia
de delitos contra la propiedad tiene los siguientes elementos básicos y
fundamentales de este tipo penal que son el lucro ilícito, el daño
patrimonial, y la calidad de sujeto activo, que los determinan en forma
especial como delitos peculiares de funcionarios públicos ya que estos
se aprovechan de su condición de funcionarios públicos para lucrarse.
Una cosa queda perfectamente clara, no se ha dañado el patrimonio del
Estado ni el Ing. Jarquìn Anaya se ha echado un centavo a la bolsa como
resultado del contrato con Danilo Lacayo. Si bien se produjo un contrato
simulado nuestro Código Civil en su Arto. 2222 establece que “la
simulación no es reprobada por la ley cuando a nadie perjudica, ni tiene
un fin ilícito”, y en el servicio para la Contraloría, lo cual a nadie
perjudica ni tiene un fin ilícito.
La prisión y posible destitución del Contralor persiguen, sin duda
alguna, la anulación del quehacer actual de la Contraloría y el
amordazamiento y la intimidación de los ciudadanos nicaragüenses que ven
alzarse sobre sus cabezas la pesada loza de una dictadura neosomocista,
apuntaladas por las reformas constitucionales contenidas en el pacto que
preveen el aniquilamiento total de la Contraloría a través de su
colegiación. La injusta prisión del Contralor significa un golpe
demoledor para el Estado de Derecho que trabajosamente venimos
construyendo los nicaragüenses, constituye una escalada para la
ingobernabilidad, la descomposición social y alimenta la rebelión de
sectores nicaragüenses hastiados del autoritarismo, la corrupción y la
impunidad; factores que incidirán seguramente en el cese de la ayuda
económica internacional ofrecida en la promesa de Estocolmo para la
reconstrucción de nuestra tierra arrasada por el Mitch.
La Asociación de Juristas Democráticos de Nicaragua cree llegada la hora
en que el pueblo nicaragüense debe exigir al Poder Ejecutivo cese en su
campaña destructora de la Contraloría General de la República y al Poder
Judicial que vuelva por sus fueros, anulando previos los tràmites
legales la sentencia aberrada de la Jueza Vanesa Chèvez, en defensa de
la independencia sin la cual es ilusoria la eficacia de los jueces.
Llamamos a todos los componentes de la sociedad civil nicaragüense a
cerrar filas en defensa del Estado de Derecho y en contra de la escalada
dictatorial.
Managua, 11 de Noviembre de 1999.
Dr. Alvaro Ramírez González
Presidente de A.J.D.N.
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