Tema 2
CAFTA y el Sector Agroalimentario, sus desafíos y Oportunidades,

Licda. Amy Angel,
Economísta Agrícola. Gerente de la Sección de Recursos
Naturales de la FUSADES (El Salvador). Miembro del equipo
salvadoreño que negoció el CAFTA.


    
               

El 5 de agosto de 2004, Estados Unidos de América (EEUU) firmó un acuerdo de libre comercio con los cinco países de Centroamérica y República Dominicana, conocido como CAFTA, en sus siglas en inglés, actualmente en vigencia para todos los países participantes excepto Costa Rica y República Dominicana.

Además del fortalecimiento de las relaciones políticas entre los países participantes, el CAFTA ha generado muchas expectativas, en cuanto a mejorar el acceso al mercado para las exportaciones desde EEUU y Centroamérica. Sin embargo, ha creado temor por el aumento de las importaciones, deprimiendo los precios en los mercados domésticos, perjudicando la rentabilidad de los productores agropecuarios, todo como consecuencia de una reducida protección.

Para el caso de Nicaragua, las preocupaciones sobre los efectos del CAFTA en los sectores agropecuarios de la región, están más que fundamentadas. En el CAFTA, se establecen cuotas arancelarias para la mayoría de productos sensibles, permitiendo períodos de desgravación arancelaria entre 15 y 20 años, con largos períodos de gracia. Todas las cuotas entrarán sin arancel, las importaciones fuera de cuota, se les aplicará el arancel según el programa de desgravación.

Dada la sensibilidad del maíz blanco, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua negociaron que el producto quedara exento de la desgravación arancelaria; por ello, no existe ningún compromiso de reducir sus aranceles en el contexto del CAFTA. A cambio, los cuatro países otorgaron cuotas del grano, pero son
relativamente menores, en el caso de Nicaragua, representa el 1.0% de la producción nacional.

Debido a que el CAFTA no reducirá el arancel del maíz blanco, y dada la menor importancia de las cuotas en comparación con la producción nacional, el acuerdo no debería causar perjuicios en este ramo del sector. Esto no significa que lo acordado sea la salvación para la producción de maíz blanco en la región. Esta es una actividad productiva con dificultades de competitividad (tecnología manual, semillas criollas, bajo uso de abonos y agroquímicos), su bajo precio internacional es artificial, debido a las políticas de apoyo en EEUU y otros países, y presenta altos niveles de falta de sostenibilidad ambiental (más de 70% del maíz blanco se produce en laderas). El CAFTA no modifica estos factores.

El maíz amarillo, también tiene cuotas en el CAFTA en todos los países de Centroamérica, excepto Costa Rica, en donde el acceso es sin aranceles. En los países con contingentes, el período de desgravación arancelaria es de 15 años, con 6 años de gracia, para las importaciones fuera de cuota. Los volúmenes iniciales de cuota son casi iguales al promedio de las importaciones totales.

Un riesgo que se presenta es que después del sexto año de vigencia del tratado, en la medida en que el arancel para el maíz amarillo se reduzca, será más difícil competir para los productores centroamericanos de sorgo (producto que se sustituye por maíz amarillo), y es probable que muchos salgan de la actividad cuando el arancel sea mínimo o se haya eliminado, si su producción es principalmente para la comercialización y no para el autoconsumo.

Para el arroz, cada país centroamericano otorga una cuota para un volumen en estado de granza y una para el grano procesado. Además, el arroz tendrá un período de desgravación arancelaria de 18 años, con 10 años de gracia, para las importaciones fuera de cuota. Los volúmenes de cuota de arroz granza, representa desde el 391.2% de las importaciones totales de Nicaragua.

En el CAFTA, el arroz goza de un período largo de desgravación arancelaria pero tiene horizonte bien definido. Después de 10 años, una vez iniciada la desgravación arancelaria, el arroz centroamericano sentirá el efecto de la mayor competencia, además las posibilidades de lograr una reconversión competitiva en Nicaragua no son muy favorables, y debido a su estructura de producción; aunque la agricultura siga contribuyendo de forma importante a la economía, aportando el 26% del producto interno bruto , 80% de las exportaciones y 42% de los empleos.

En la carne de cerdo, todos los países otorgan una cuota, y en casi todos los casos es superior a las importaciones totales, siendo el 246.3% en Nicaragua. Su relación con las importaciones desde EEUU es aún mayor, porque anticipa un impacto importante en los mercados domésticos de este rubro.

Las cuotas de las partes de pollo en el quinto año de vigencia del Tratado, tienen una importancia relativamente menor comparadas con el total de la producción nacional, 1.5% en Nicaragua. La desgravación arancelaria para el pollo, se realizará dentro de 18 años, con 10 años de gracia, para las importaciones fuera de cuota. Aunque las cuotas no son muy grandes, en la medida en que la desgravación arancelaria avance, las importaciones de muslo/pierna; serán más competitivas. El desafío del sector avícola, caracterizado por ser relativamente industrializado, es lograr competitividad a mediano plazo.

En el CAFTA, para los productos lácteos, los países centroamericanos otorgan cuotas de importación desde EEUU, mientras que este último país, se compromete a cuotas recíprocas, es decir, una cuota bilateral igual al volumen total de las cuotas de lácteos que otorga cada país de la región.
En Centroamérica, se otorgan cuotas para leche líquida, leche en polvo, yogur, mantequilla, quesos, helados y otros derivados; con algunas variaciones según el país. Para las importaciones fuera de cuota, el período de desgravación arancelaria es de 20 años, con 10 años de gracia.

Las cuotas acordadas por la región, generalmente representan una porción significativa de las importaciones desde EEUU, aunque represente una parte pequeña de las importaciones totales.

Actualmente, Costa Rica, Honduras y Nicaragua, exportan carne de res a EEUU; en cierta medida, los volúmenes de cuota otorgados, reflejan el comercio actual. El contingente para Nicaragua, 10,500 tn, le garantizará acceso libre para una proporción sustancial de sus exportaciones normales.
En el azúcar, Estados Unidos otorga una cuota de 22,000 tn para Nicaragua. La cuota del CAFTA agrega un volumen importante, mejorando el ingreso bruto del sector, comparado con la producción nacional, el total de la cuota actual y la nueva cuota adicional en CAFTA representan el 12.7% de la producción de Nicaragua.

Nicaragua obtuvo una cuota para el maní, y adicionalmente mantequilla o pasta de maní. Nicaragua es un exportador tradicional, y la cuota de 10,000 t es significativa comparada con las exportaciones, 335.5%. Las cuotas de mantequilla de maní, ofrece la oportunidad de desarrollar una industria con mayor valor agregado.

Con las cuotas recíprocas otorgadas por EEUU en los productos lácteos, Centroamérica obtiene acceso preferencial sustancial a este mercado protegido. La paradoja es tener cuotas son muy altas comparadas con las exportaciones actuales, o ausencia de exportaciones. Sin embargo, a pesar del bajo nivel de exportaciones, existe una demanda insatisfecha en el mercado étnico, especialmente para los quesos y crema de leche.

Los retos para aprovechar las oportunidades son el desarrollo de cadenas de frío que preservan la calidad y sanidad de los productos, y el cumplimiento con los requisitos de inocuidad del gobierno estadounidense.
Debido a problemas de inocuidad en el pasado, todas las importaciones de queso, desde El Salvador, Honduras y Nicaragua están sujetas a retenciones automáticas en puerto en EEUU, imponiendo el requisito de una inspección y análisis de laboratorio para comprobar la inocuidad del producto.

Con la excepción de la carne de res, maní, azúcar y productos lácteos, todos los otros productos del sector agropecuario y agroindustrial ingresan sin aranceles a EEUU desde los países del CAFTA. Esto incluye la miel, plantas y flores, fríjol, hortalizas, frutas, nueces, especias, pastelería y boquitas, bebidas alcohólicas y productos étnicos, como tamales. A pesar de no pagar aranceles, estos productos siempre deben cumplir con los requisitos sanitarios y de inocuidad de los alimentos.

La apertura comercial de la economía agropecuaria de Nicaragua en CAFTA con Estados Unidos, presenta muchas oportunidades atractivas para el sector agropecuario, pero también demanda la formulación y aplicación de una estrategia integral de reconversión productiva de largo plazo para el sector agropecuario que les permita a los productores insertarse al mercado internacional, y que haga posible afrontar los desafíos y oportunidades derivadas de este acuerdo comercial.

Esta estrategia deberá minimizar las potenciales amenazas o impactos menos favorables previsibles para los productores dedicados a la agricultura sustitutiva de importa ciones; así como redefinir el papel del gobierno a través del fortalecimiento del gasto público en áreas de innovación, investigación y transferencia de tecnología; modernización de la gestión, formación de recursos humanos, desarrollo de obras de irrigación, financiamiento y fomento de la asociatividad.

Un mayor nivel de inversión pública permite reducir los costos de transacción de los productores, tanto en la esfera de la producción como en la de comercialización de sus productos, en el mercado interno e internacional, redundando en una mayor competitividad.

En conclusión el CAFTA aumenta las oportunidades para las exportaciones, pero no garantiza que existe oferta exportable ni que el producto sea admisible en EEUU. El acuerdo contempla la exención parcial para el producto más sensible de cada país, pero no incide en su falta de competitividad.

Los plazos de desgravación arancelaria, por ejemplo, son relativamente largos para productos sensibles en Centroamérica, pero esto no garantiza la reconversión de estos rubros. El sector agroindustrial, es el que ha demostrado el mayor empuje en el aumento de exportaciones, y tiene muchas otras oportunidades sin explotar.
Para aprovechar los beneficios y enfrentar los desafíos del CAFTA, se deben fortalecer las siguientes áreas estratégicas:

* Diversificación,
* Tecnología
* Sanidad y calidad
* Asociatividad y cadenas productivas
* Gerencia y administración de producción, mercadeo
* Capacitación
* Promoción de exportaciones
                                                
 
 

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