
Buenos días, doña Ximena Ramírez González Excelente
Presidenta del Congreso Permanente de Mujeres Empresarias de Nicaragua
Sra. María Rosa Renzi
Delegada del Representante de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD
Sra. Silvia Porras y Sr. Luis Bravo
Representantes de la Embajada de Holanda
Ing. Alfredo Cuadra
Presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, COSEP
Ing. Harold Rocha
Director Ejecutivo del Instituto Nicaragüense de Apoyo a la Pequeña y
Mediana Empresa, INPYME
Sr. Eduardo Bolaños
Delegado del Ministro de Fomento, Industria y Comercio, MIFIC
Doña Ivania Toruño
Directora Ejecutiva del Instituto Nicaragüense de la Mujer, INIM
Zacarías Mondragón
Presidente del Consejo Nicaragüense de la Micro, pequeña y Mediana
Empresa, CONIMIPYME
Señoras de la Junta Directiva del Congreso Permanente de Mujeres
Empresarias de Nicaragua
Reciban el saludo del Consejo Superior de las MIPYMES, la contraparte
dicen algunos del COSEP. Pronto nos vamos a unir todos en un gran COSEP,
grandísimo. ¡Quisiera pedirles para ustedes mismas un fuerte aplauso
porque están aquí: son todas unas triunfadoras y un aplauso enorme para
Doña Ximena Ramírez González, Presidenta de este Congreso, que bien se
lo merece por sus extraordinarios méritos de dirigente y asombroso poder
de convocatoria!
Yo quisiera compartir con ustedes una experiencia. No quiero contarle
todos los clavos que tenemos, porque todos los sabemos. Todos somos
empresarios, a diferencia de los empresarios varones, ustedes son
empresarias, madres y padres de familia, sostén de la familia, sostén de
la sociedad, mantienen la economía rural y urbana en este país.
Les quiero contar de una mujer que nació y vivió siendo microempresaria
toda su vida. La primera gran tarea fue la de conducir y llevar a feliz
término a toda su familia, porque igual que a su madre, el varón de la
casa la había dejado, como en la mayoría de los casos algunos malos
colegas, malos hombres que abandonamos a nuestras mujeres.
Y esta mujer, desde la cinco de la mañana comenzaba vendiendo lo que
podía. No tenía plata, simplemente las ganas y la responsabilidad que su
señora madre le había impuesto, cumplir responsabilidad con nosotros los
varones. Se dedicó toda la vida a trabajar, mantuvo y educó una familia
de ocho hermanos. Se murió el hermano mayor y quedaron siete hermanas
junto con ella. Continuó luchando y logró educar a todas sus hermanas,
trabajando junto con toda la familia, vendiendo todo el día y todos los
días, incluso sacrificándose y no estudiando, llegó a ser una
microempresaria analfabeta. Se le brindó la oportunidad de que
aprendiera a leer y escribir, no quiso, sacaba cuentas en el aire.
Nosotros tenemos que usar una calculadora y la mayoría lo hacemos. Luego
se viene para Managua, se casa. Teóricamente, le iba a ir mejor con un
hombre, algunas aquí se ríen, aquí, pero no le fue tan mal. Siguió
haciendo su trabajo de microempresaria, como había tenido ocho hermanos,
se decidió y tuvo ocho hijos, seis varones y dos mujeres, batalló sin
cuartel hasta lograr educarlos a todos; nunca dejó de apoyar a todas sus
hermanas y a sus hijos y siempre mantuvo a su madre.
A toda la familia le inculcó altos principios morales. Esta humilde
mujer que nació y vivió pobre, pero con un gran espíritu, que en paz
descanse, esta señora, era mi madre y dejó una panadería y yo estoy
orgulloso de ser hijo de mujer y si Diosito me lo permite, aunque van a
comentar feo, si me diera la oportunidad de nacer, ¡nacería mujer!
Muchas gracias.
