Características del mercado financiero
El mercado financiero de los países de América Latina y el de Nicaragua en términos generales se caracterizan por ser mercados imperfectos, en el que el costo del crédito (tasa de interés más gastos), solamente está determinado por la competencia para un núcleo muy limitado de empresas de primera línea.
Estas son empresas privilegiadas no solo por el prestigio que implica tenerlas como clientes, sino también porque pueden tener acceso a financiamiento del mercado internacional de capitales.
Para el resto de las empresas, la oferta de crédito es escasa y tiene carácter oligopólico. Es decir, son muy pocas las entidades financieras, siendo ellas mismas las que fijan el precio del dinero y las condiciones de acceso en forma que suele ser arbitraria, sin el efecto regulador del mercado.
Fuera de la franja de las empresas que cumplen con todos los requisitos y logran el acceso al financiamiento, las condiciones e acceso se dificultan y los costos del crédito crecen a medida que las empresas solicitantes de crédito se alejan por tamaño, actividad y forma de organización de las consideradas de primera línea.
La dificultad de acceso al financiamiento por parte de las empresas pequeñas y medianas obedece a la exigencia de garantías reales exageradas y con la solicitud de documentación que supera la capacidad de elaboración de las empresas más pequeñas.
Esta forma de operar genera un espacio de demanda de crédito insatisfecha, que en Nicaragua comprende a cerca del 95% de las empresas del país.
En el caso de las mujeres microempresarias, la discriminación es mayor, dada la cultura patriarcal que existe en la sociedad. Esa cultura segrega a las mujeres hacia ciertos sectores económicos y las condiciones crediticias existentes en la banca formal no les permite su acceso.
Este fenómeno no es exclusivo de Nicaragua, en 1996 estudios de UNIFEM mostraban que las mujeres ganan sólo el 10% de los ingresos que se generan en el mundo y no llegan a poseer ni el 10% de los bienes, mientras que su contribución a la economía mundial varía según los países entre un 30% y 50% del PIB.
A través de las reformas económicas experimentadas en Nicaragua a partir de 1990, el espacio dejado por la banca gubernamental, fue llenado por la banca privada, sin embargo, por las restricciones crediticias, las pequeñas empresas encuentran respuesta mayoritariamente en las Entidades Financieras no convencionales que operan fuera del sistema formal (no controladas por la Superintendencia de Bancos).
Estas instituciones dan servicio a la franja de empresas excluidas por el sistema formal, son mucho más flexibles en cuanto a su política de acceso al crédito, pero su costos de operación son más altos y la mecánica de fijación de la tasa de interés es aun más compleja resultando, en general, superior a la tasa de interés del sistema formal.
El acceso a financiamiento facilita el empoderamiento de las mujeres
En Nicaragua, como en otras economías de menor desarrollo relativo, el género es uno de los elementos de discriminación en el sistema financiero formal y no formal (menor acceso y mayor costo), como consecuencia de una deficiencia cultural de los funcionarios, predominantemente masculinos, de las entidades financieras.
Esta deficiencia cultural, producto de no haber asimilado el rol de la mujer en la sociedad moderna, sigue presente a pesar de la creciente experiencia internacional sobre el desempeño de la mujer en posiciones de gran responsabilidad y del concepto generalizado de que suele ser más
confiable que el hombre como sujeto de crédito.
Deficiencia cultural que se traduce en la poca predisposición para aceptar que la gestión gerencial femenina puede ser tan o más eficaz que las de los hombres y por lo tanto asume que el riego crece cuando la empresa está administrada por una mujer.
El acceso a financiamiento, particularmente para pequeñas empresas, se convierte en un instrumento valioso que permite aumentar la disponibilidad de otros servicios básicos de carácter social. En la medida que las unidades empresariales logran incrementar su productividad y eficiencia, también se incrementa su rentabilidad y de allí que las y los microempresarios/as puedan acceder a una mejor atención de salud, agua potable, saneamiento, información y servicios de planificación familiar, entre otros.
Por otra parte, los programas de microcrédito realizan aportes importantes a la formación de instituciones de la sociedad civil. De allí que se produce una sinergía entre la mejora del bienestar económico y la promoción de instituciones que facilitan la participación social.
Esto es particularmente importante para las mujeres, ya que ellas tradicionalmente no han tenido la oportunidad de desempeñar funciones participativas y de decisión, elementos centrales para que se pueda hablar de una sociedad democrática efectiva.
En varias experiencias en el mundo, se observa que los programas de microcrédito contribuyen a la potenciación de la comunidad influyendo positivamente en el avance hacia la descentralización donde la solución se acerca a la problemática de la población que la vive.
El acceso de las mujeres al financiamiento
Como hemos señalado anteriormente, el mercado financiero, como muchos otros, está sesgado por las desigualdades en el acceso y en la posibilidades de participación de las personas.
Las mujeres acceden de manera diferencial por razones patrimoniales, educativas, demográficas y todo ello repercute en niveles desiguales de participación.
Las mujeres enfrentan mayores obstáculos que los hombres para el acceso al financiamiento, no sólo por su mayor situación de pobreza, sino también por su mayor inmovilidad, las barreras sociales y las relaciones de género al interior de las familias, que las limita en el desarrollo de sus propias capacidades.
Por ejemplo, a menudo la producción agrícola de las mujeres es comercializada por los hombres, interponiendo en la práctica otro mercado, el de la intermediación.
La discriminación de género eleva los costos de transacción, pues la ausencia de garantías hipotecarias, altas tasas de interés, plazos de pago cortos, etc. son los elementos que hacen más difícil el acceso al crédito por parte de las mujeres en el sector formal financiero.
En Nicaragua, según estudio realizado a nivel nacional por FIDEG en 1995 y 1996, dentro del universo de prestatarios había un número importante de mujeres beneficiarias de crédito (41.4% en 1995 y 55.9% en 1995). Sin embargo, existe una segmentación de ese mercado bien marcado, ya que el 100% de mujeres atendidas, sólo el 14% había recibido financiamiento del sistema formal, mientras en el caso de los hombres era el 62%.
Esa diferenciación es más acentuada cuando se comparan los montos de crédito. En 1994 y 1995, del total financiado por la banca formal, las mujeres recibieron sólo el 11% y el 19%, mientras que para los hombres fue el 76% y 60% en esos años respectivamente.
El mismo estudio muestra que las diferencias más marcadas se registraban en el sector rural, ya que mientras en las zonas urbanas el 59% de las beneficiarias eran mujeres y captaban el 49% del monto de crédito, en el sector rural su participación era de sólo el 33% con el 11% del volumen de recursos otorgados.
Entre los principales obstáculos que enfrentan las mujeres en el acceso al crédito son: a) falta de garantías bancarias y los elevados intereses asociados a los crédito de alto riesgo otorgados por las fuentes no convencionales de crédito. B) temor de las mujeres a perder los bienes que se ponen en garantía y que casi siempre están asociados al bienestar del hogar. C) Criterios rígidos de financiamiento, que no siempre son compatibles con las necesidades específicas de las mujeres que solicitan el crédito.
Según la Encuesta de Medición de Nivel de Vida de 1998 (EMNV 98), el 88% de las familias rurales en ese año no habían tenido acceso a financiamiento y de los que sí lo recibieron, el 62% fue dirigido a los hombres jefes de hogar, un 24% a cónyuges mujeres, sólo el 8% a mujeres jefas de hogar y el resto a varones siendo hijos u otros familiares.
En Nicaragua, el monto promedio del crédito que acceden las mujeres es más bajo que el de los hombres. El 98% de las mujeres recibieron financiamiento por menos de US$ 1,000 y ninguna mujer recibió crédito por más de US$ 5,000. Esta situación es diferente para el caso de los hombres, donde reciben créditos por montos mayores y a plazos más largos.
Uno de los elementos más importantes de la discriminación de género, se observa en el costo del dinero al que acceden mujeres y hombres. Según la EMNV 98, el 39% de las mujeres recibieron crédito con tasas de interés entre el 48% y 100% anual, contrastando con el 43.7% para el financiamiento de los hombres con tasas de interés menor al 48% anual.
Para sintetizar lo anterior, veamos lo que reflejan algunos estudios:
El 71% de los hogares en situación de extrema pobreza con jefatura femenina no tenían en 1996 acceso a tierra para producir, contrastando con el 38.7% de los hogares con jefatura masculina.
Las mujeres que tienen acceso a tierra, disponen en promedio de menos área que los hombres, siendo de 4.47 mzs. y 7.55 mzs. respectivamente.
El acceso al crédito constituye un recurso que permite a las personas aprovechar las oportunidades del mercado y con ello contrarrestar su situación de pobreza. Por lo general, la población que se encuentra en situación de extrema pobreza no tiene acceso a recursos financieros porque por lo general no disponen de las garantías prendarias.
Los programas de crédito y capacitación por lo general se orientan a fines productivos cuando se trata de prestatarios hombres, mientras que para las mujeres se destinan mayormente a actividades de sobrevivencia y para actividades económicas que no logran entrar al mercado, es decir, a los circuitos mercantiles competitivos.
El financiamiento en especie y no en efectivo, suele entorpecer los esfuerzos para diversificar actividades generadoras de ingresos que podrían iniciar las mujeres.
Qué hacer para superar estos obstáculos?
Para revertir la situación de inequidad de las mujeres en el acceso al crédito y que éste sea un instrumento que contribuya al empoderamiento económico de las mujeres, se requieren trabajar los determinantes de esa inequidad de género.
Partiendo de la perspectiva que las relaciones de poder tienen diferentes énfasis y enfoques, es importante aunar esfuerzos para trabajar los determinantes de todas esas formas de poder que discriminan a la mujer.
Poder económico, en cuanto está relacionado a la posibilidad de mujeres y hombres en el acceso a la propiedad y el usufructo sobre los bienes que tienen las mujeres y los hombres según su situación económica, su ubicación espacial, entre otras.
Poder político, entendido como la capacidad de convocatoria y movilización de las mujeres y hombres para la conquista de intereses estratégicos y el direccionamiento de la sociedad, sus políticas y sus prácticas.
Poder cultural, como la capacidad de las mujeres para incidir y moldear la formación de ideas y la subjetividad colectiva, de manera que ello contribuya a modificar las conductas de las personas en la sociedad en aras de una cultura democrática.
Poder científico y técnico, entendida como la capacidad de generar, acceder, manejar el saber, los conocimientos que se requieren para implementar acciones de transformación de la naturaleza y la sociedad como su expresión más evolucionada.
Mientras se producen las transformaciones en los valores de la sociedad y se logra avanzar en esos aspectos de las relaciones de poder, en el plano concreto hay algunas acciones que las mujeres podríamos desarrollar para contribuir a la corrección de la discriminación que somos objeto en relación a las políticas de financiamiento.
Incrementar el poder y capacidad de negociación por medio de la acción asociada. Si el conjunto de las empresas gerenciadas por mujeres se agruparan para lograr financiamiento, podrían alcanzar masa crítica suficiente como para exigir un tratamiento más equitativo.
Realizar acciones orientadas a la incidencia en las políticas de financiamiento que parta del reconocimiento del aporte que hacen las mujeres a la economía, y adecuen las condiciones crediticias a las reales posibilidades y necesidades de las mujeres empresarias.
Las políticas económicas y la administración de esas políticas deberían considerar la promoción de servicios que complementen los créditos y planificar actividades compatibles con las demás responsabilidades de las mujeres, como la administración del hogar y la crianza de los y las hijas.
Insistir en la sistematización de la información relacionada al acceso de financiamiento por parte de mujeres y hombres, que sirva para monitorear el nivel de acceso real de unos y otros.
En esa misma línea, es importante que las instituciones financieras conozcan las particularidades de las y los prestatarios, para que a partir de esa información las instituciones de financiamiento (bancos y financieras no convencionales), adecúen sus políticas de crédito de acuerdo a las particularidades de los sujetos del mismo.
Esto permitiría ir superando los estereotipos que marginan a las mujeres en relación a la oportunidad de acceder a financiamiento y capital para el desarrollo de sus negocios.
GUIA DE DISCUSION
El acceso al financiamiento facilita y potencia el empoderamiento de las mujeres.
1.¿Cuáles son los elementos o factores que limitan el acceso a financiamiento de las mujeres empresarias? Discútalo desde el punto de vista de los entes financiadores y desde las prestatarias. Diferencie según el tamaño de las empresas: grandes, medianas, pequeñas y micro.
2.¿Qué sugerencias o propuestas podrían plantearse para superar esos obstáculos y barreras de acceso al crédito por parte de mujeres empresarias? Diferencie acciones de corto, mediano y largo plazo y desde la perspectiva gubernamental, agencias o bancos que otorgan el financiamiento, empresarias.
El poder económico, político, cultural y científico técnico cuando es apropiado por un sector de la sociedad, condicionan y coartan la libertad de las mujeres para desempeñarse exitosamente en el mundo laboral y como empresarias.
3.¿Qué podemos hacer las mujeres para ir logrando una distribución de relaciones de poder que no impliquen subordinación? Analice las alternativas frente al Gobierno o Poderes del Estado, frente a las Cámaras y Asociaciones empresariales, frente a otras mujeres empresarias.
4.¿Cómo pensamos las mujeres empresarias enfrentar la temática del financiamiento y qué necesitamos para concretar esas acciones?