HISTORIA DE LA ASOCIACIONA pesar que a nivel nacional casi la mitad de las microempresas y un número significativo de empresas de mayor tamaño son propiedad y están dirigidas por mujeres, nosotras no nos encontramos ni nos sentimos adecuadamente representadas en las organizaciones y cámaras empresariales existentes en nuestro país. Por otra parte, las empresarias hemos detectado una serie de situaciones de inequidad ligadas al género, que afectan nuestros negocios, entre estas, acceso a créditos bancarios de bajo costo, información sobre mercados, ofertas de capacitación, acceso a puestos de dirección, etc. El 27 de agosto del año 2000, durante la II Gran Convención del Sector Privado, en una intervención ante el plenario, Ximena Ramírez González señaló la ausencia de mujeres empresarias en las Juntas Directivas de las distintas cámaras empresariales y el hecho que ninguna mujer presidiera ninguna mesa de trabajo o las sesiones plenarias de inauguración y clausura, concluyendo que existía la imperiosa necesidad de visibilizar nuestra importancia en las actividades empresariales. El 4 de diciembre del mismo año, la Lic. Ramírez González, acompañada del Presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), el Sr. Roberto Terán B., la Vice Ministro de Finanzas, Lic. Azucena Castillo, la Sra. Flora Vargas, Presidenta de CONAPI y del Grupo CONIMIPYME y del Ing. Leonardo Centeno Caffarena, Director Ejecutivo de INPYME, invitó a las empresarias nicaragüenses a acompañarla en la organización el 1er. Congreso de Mujeres Empresarias de Nicaragua. Como resultado de esta gestión y luego de múltiples reuniones se conformó un equipo de trabajo que inició sus labores en enero del año 2001. Elaboraron un proyecto detallado, en el cual se establecía como meta, reunir mil empresarias de todo el país y de todos los sectores de la economía. Este documento se le presentó a la Comunidad Donante, que mostró su interés en apoyar dicho evento, siempre y cuando tuviese alguna organización que se responsabilizara del buen uso de los recursos y que continuara con las tareas que se derivaran del Congreso. Los países y organizaciones estaban preocupados por la trascendencia del evento. En vista de la exigencia anteriormente señalada, se invitó a un grupo de mujeres destacadas en distintos ámbitos de la sociedad nicaragüense a formar la Junta Directiva de una asociación que se hiciese cargo de organizar el congreso y que se responsabilizara de la administración de los recursos correspondientes. Esta asociación se llamó “Congreso Permanente de Mujeres Empresarias de Nicaragua”. La personalidad jurídica de dicha asociación fue otorgada por la Asamblea Nacional el 5 de junio del 2001 y el 18 de julio del mismo año, apareció publicado el Decreto 2964 en La Gaceta Desde su formulación, se planteó la organización de las empresarias nicaragüenses como un movimiento capaz de incidir en todas las organizaciones y foros empresariales, señalando las inequidades y planteando las posibles soluciones. No se trató de crear una organización paralela a las existentes, sino de un espacio donde los problemas empresariales se discutan desde una perspectiva de género y las propuestas se lleven al seno de las organizaciones empresariales existentes. De acuerdo a sus estatutos los objetivos de esta asociación son: “ser un foro permanente de discusión de la problemática de las mujeres empresarias: grandes, medianas, pequeñas y micro empresarias; promover actividades tendientes a visibilizar el aporte de las mujeres empresarias a la economía nacional; promover el enfoque de género entre las mujeres dirigentes de sus propias empresas; promover la identificación de los problemas propios de las empresas lideradas por mujeres; facilitar el intercambio de negocios y experiencias entre empresas propiedad de mujeres; participar activamente en los foros abiertos de la sociedad civil para promover, el enfoque de género en la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentan las empresas conducidas por mujeres en los aspectos de: financiamiento, comercialización, tecnificación y capacitación en general”. 1.2 El Primer CongresoEl I Congreso fue todo un éxito, la convocatoria lograda superó la meta prevista y concurrieron más de 1,200 empresarias de diversas regiones del país, 567 comerciantes, 303 del sector servicios, 152 del sector manufactura, y 27 del sector primario, principalmente agropecuario. 224 participantes provenían de Managua, 169 de Estelí, 101 de Madriz, 90 de Matagalpa. Destacó la presencia de emprendedoras de 85 participantes de la RAAS y 23 de la RAAN, seguidas de León con 84, Nueva Segovia con 69 y Jinotega con 45. Como un reflejo de la realidad económica de Nicaragua, el 1.3% (14) de las participantes pertenecían al estrato de las empresarias grandes, 4.8% (51) eran medianas, mientras el 81.6 (857) correspondían al nivel de microempresarias, completándose el escenario con un 12% (128) de pequeñas empresarias. La alta y variada composición de estas representaciones mostró, de una parte, que las mujeres empresarias estamos en la búsqueda de construir espacios alternativos donde se puedan crear una identidad propia, y de otra, aspirando a ser partícipes directas en la conformación de soluciones que respondan a los problemas mas sentidos por nosotras. La convocatoria lograda evidenció el potencial e interés característico de las empresarias por movilizarse en torno a sus intereses inmediatos. El Primer Congreso nos permitió reconocer y visibilizar el valor de nuestro esfuerzo productivo y el valor que tiene el trabajo en equipo con hombres y mujeres; también aprendimos a valorar la importancia de nuestro aporte y a reconocernos a nosotras mismas como emprendedoras de procesos económicos que nos favorecen a nosotras, a nuestras familias y al desarrollo económico y social del país. En el Congreso se puso en evidencia que las políticas de estímulo y promoción para las Pequeñas y Medianas empresas son insuficientes, así como las políticas y formas de financiamiento dirigidas a este sector. Esto afecta el crecimiento y desarrollo de las empresas, principalmente, las lideradas por mujeres. Respecto a la comercialización de sus productos, las congresistas expresaron que las dificultades que enfrentan no sólo están relacionadas con los niveles de calidad alcanzados, sino también con la apertura de mercado en los cuales están insertas en condiciones de suma desventaja. En este sentido, plantearon la necesidad de prepararse para enfrentar el mercado tanto nacional como regional, desarrollando formas asociativas, para poder en conjunto, acceder a mercados más amplios, capacitación y tecnificación de sus empresas. De forma generalizada las mujeres empresarias reconocemos que nos hemos tecnificado por la vía de la práctica y que ha sido la experiencia diaria la que nos ha forjado. No se ha tenido la oportunidad de formación técnica empresarial en la mayoría de los casos, ni de formación que permita reconocernos como generadoras de valores económicos y sociales, ni actoras dinámicas de procesos formales en los centros de estudios especializados, independientemente de que hay conciencia de ser dedicadas, transformadoras de situaciones y portadoras de riquezas y valores que históricamente han sido un eslabón clave entre muchas generaciones. Se reconoció la capacitación sistemática que tenemos las empresarias, como punto de partida, para impulsar cualquier transformación sostenida que mejore la posición de nuestras pequeñas empresas. Sólo así estaremos participando en mejores condiciones en el mercado y podremos enfrentar la desigualdad en que nos desempeñamos, en el marco de los procesos de globalización. Las congresistas reconocimos que hay condiciones en las cuales se realiza la producción y la distribución de bienes y servicios que resultan inequitativas para amplios segmentos de la población, y que el crecimiento económico hasta ahora ha favorecido a un reducido porcentaje de la población nicaragüense. En este sentido, se señaló que los acentuados niveles de pobreza que se viven en nuestro país afectan severamente la actividad económica general y debilitan las empresas. Finalmente, las mujeres empresarias reconocimos que desde las micro, pequeñas y medianas empresas, (MIPYMES) somos creadoras de fuentes de trabajo para miles de nicaragüenses, contribuyendo de esta manera a la democratización de la producción y a una mejor distribución del ingreso entre la población. Las congresistas planteamos las siguientes líneas de trabajo: 1. Fortalecer y consolidar nuestras estructuras departamentales y regionales como eje articulador de nuestros requerimientos como asociación. 2. Dotar de recursos a las estructuras locales en la elaboración de diagnósticos sobre la situación de las empresas lideradas por mujeres en cada departamento y región. Estos diagnósticos deberán servir para orientar el flujo de la asistencia técnica y financiera que permita el crecimiento de estas empresas. 3. Desarrollar nuestra capacidad local para la formulación y administración de proyectos.
1.3 Situación ActualA pesar del éxito obtenido en la convocatoria del Primer Congreso, la organización convocante era una estructura muy débil, que como era lógico, una vez terminado el Congreso, dedicó sus esfuerzos a crecer y organizarse en función de los resultados obtenidos. En la medida que se avanzaba en las tareas organizativas, las delegadas departamentales y regionales demandaron una mayor representación y participación en las estructuras de la asociación, por esta razón, algunas de las mujeres que fueron invitadas en un inicio a formar parte del Consejo Directivo, fueron sustituidas por líderes locales mas representativas. La constitución de un Consejo Directivo con representación departamental y regional originó una discusión sobre la naturaleza de la estructura organizativa de la asociación, dando paso a una revisión de los estatutos y su eventual sustitución por otros que, si bien mantienen el carácter nacional de la organización, crean estructuras locales con un alto grado de autonomía. Al finalizar esta etapa, la organización había utilizado todos lo recursos disponibles en el Congreso, en el entendido que se obtendrían mas recursos de algunos organismos donantes que nos habían prometido para la tareas del Post-Congreso. Dichos recursos nunca llegaron, por el contrario, distrajeron la atención de la organización por varios meses. La organización ha seguido funcionando con el aporte voluntario de las empresarias, sin embargo este no es suficiente para hacerle frente a las tareas que impone el ser la única organización de género del sector empresarial. Las tareas organizativas son la prioridad inmediata. Para darle sustento al rol que han asumido las delegaciones departamentales y regionales, presentaremos al Ministerio de Gobernación próximamente la propuesta de cambios estatutarios que acordamos en la Segunda Asamblea Extraordinaria. Requerimos organizar la oficina central y las oficinas departamentales y regionales de la asociación. Esto es esencial para poder cumplir con la tarea de expandir la asociación a todo el país y crear las condiciones para hacerle frente al incremento de las actividades previstas, principalmente la organización del II Congreso. En este marco, iniciaremos un agresivo programa de crecimiento de la asociación que tiene como meta inscribir más de mil miembros en la asociación antes que finalice este año.
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